Trump profundiza sus llamamientos a la derecha fascista

por Patrick Martin
21 agosto 2017

A través de una serie de tuits el jueves por la mañana, el presidente estadounidense Donald Trump intensificó sus llamamientos a fuerzas racistas y fascistas, lamentando la pérdida de "hermosas estatuas y monumentos" de generales confederados como Robert E. Lee y Stonewall Jackson.

Los comentarios de Trump fueron una obertura calculada dirigida a los neonazis y supremacistas blancos que se amotinaron en Charlottesville, Virginia, el 12 de agosto contra la remoción de una estatua de Robert E. Lee. En el transcurso de la violencia, un neonazi atropelló a un grupo de manifestantes pacíficos antirracistas, matando a una mujer de 32 años, Heather Heyer.

El presidente provocó una indignación popular generalizada con sus comentarios en una conferencia de prensa el martes por la tarde en Trump Tower en la ciudad de Nueva York, donde defendió abiertamente a los manifestantes neonazis en Charlottesville, diciendo que había "muchas personas excelentes" entre ellos, mientras declaró que los manifestantes antirracistas compartieron la culpa por la violencia que se produjo.

Trump emitió un tuit el jueves, "Es triste ver la historia y la cultura de nuestro gran país siendo destrozadas con la eliminación de nuestras hermosas estatuas y monumentos. No se puede cambiar la historia, pero de ella se puede aprender. Robert E Lee, Stonewall Jackson, ¿quién es el siguiente, Washington, Jefferson? ¡Tan tonto! ¡También la belleza que está siendo sacada de nuestras ciudades, ciudades y parques será grandemente extrañada y nunca capaz de reemplazarse comparablemente!".

La postura de ser un amante de la historia, la cultura y la belleza es absurda y grotesca para alguien que debe su fama —antes de la campaña electoral de 2016— a ser un presentador de la “reality TV” y construir monumentos vulgares a su propia riqueza y fama.

Además, al igualar a Washington y Jefferson, líderes de una de las grandes luchas liberadoras de la humanidad, la Revolución Estadounidense, con los jefes militares de la Confederación, una rebelión de esclavistas, Trump demuestra que no sabe nada de la historia del país.

Sin embargo, hay una lógica detrás de esta conducta aparentemente extraña. Siguiendo el consejo de sus asesores fascistas, especialmente su principal estratega político Stephen Bannon, Trump está cultivando una capa social definida de ultraderechistas, supremacistas blancos y neonazis.

Trump está aferrándose a su postura ante las críticas casi universales de los medios de comunicación, el Partido Demócrata y la mayor parte del Partido Republicano, buscando sentar las bases para el desarrollo de un movimiento fascista en Estados Unidos, que combinaría el racismo, el fundamentalismo religioso, el nacionalismo económico y el militarismo.

Trump combinó sus tuits que defienden los monumentos confederados con arrebatos contra críticos dentro del Partido Republicano, incluyendo a los senadores Lindsey Graham de Carolina del Sur y Jeff Flake de Arizona. Incluso apoyó al recientemente anunciado oponente de Flake para la nominación republicana al senado del 2018, denunciando a Flake como "tóxico".

La violencia neonazi en Charlottesville ha desencadenado una oleada de protestas en todo el país contra el acogimiento público de Trump a los supremacistas blancos, así como acciones de gobiernos locales y estatales para cerrar monumentos confederados o simplemente eliminarlos.

La ciudad de Baltimore quitó sus cuatro estatuas confederadas restantes el miércoles por la noche, mientras que el estado de Virginia y la ciudad de Richmond, entre ellos el hogar de un gran número de monumentos confederados, comenzaron a tomar medidas similares.

En Durham, Carolina del Norte, un grupo de manifestantes derribó una estatua confederada fuera del Palacio de Justicia del condado. Ocho personas fueron detenidas, muchas más que los supremacistas blancos arrestados en Charlottesville, aunque nadie resultó herido en Durham.

La gran mayoría de los monumentos conmemorativos confederados fueron erigidos, no en la secuela de la Guerra Civil misma, sino durante la época de la imposición de la segregación de Jim Crow, de 1895 a 1930, y más tarde durante las luchas por los derechos civiles de los años cincuenta y sesenta. En ambos períodos, fueron dirigidos contra las demandas de igualdad de derechos políticos y civiles para los afroamericanos, descendientes de los esclavos liberados por la Guerra Civil.

La respuesta a las declaraciones de Trump entre los medios corporativos y el orden político capitalista ha estado dominada por temores de que el presidente haya revelado demasiado descaradamente la orientación de su administración hacia las fuerzas neonazis y supremacistas blancas, desacreditando así al gobierno de Estados Unidos tanto dentro del país como en el extranjero.

Particularmente significativa es la respuesta de los jefes militares. Cada uno de los miembros del Estado Mayor Conjunto, los principales comandantes de la Fuerza Aérea, el Ejército, el Cuerpo de Marines, la Armada y la Guardia Nacional, emitió declaraciones condenando el odio racial y los supremacistas blancos, aunque no mencionaron la conciliación de estas fuerzas por parte de Trump.

El presidente del Estado Mayor Conjunto, general Joseph Dunford, en China discutiendo la crisis de Corea del Norte, dijo a periodistas que estaba de acuerdo con los comentarios de los otros comandantes. "Puedo decirle de manera absoluta y sin ambigüedad que no hay lugar –ningún lugar— para el racismo ni la intolerancia en el ejército estadounidense ni en EE. UU. en su conjunto", dijo, sin mencionar a Trump.

Los diarios les dieron una importancia enorme a estos comentarios, incluyendo el New York Times y el Washington Post, junto con las condenas de los comentarios de Trump por una serie de funcionarios, senadores, representantes y gobernadores republicanos, y el abandono de los paneles asesores de la Casa Blanca por parte de decenas de CEOs corporativos y banqueros.

Ninguno de estos representantes de la élite gobernante se ha opuesto a las prohibiciones de viaje a musulmanes de Trump, a su persecución de inmigrantes, a sus demandas de recortes radicales en el gasto social o a su hostigamiento militar a países por todo el mundo. Su principal preocupación es que sus últimos comentarios han revelado, con demasiada franqueza y brutalidad, la esencia antidemocrática del Estado capitalista estadounidense, rompiendo la pretensión de que Estados Unidos fuera el líder del "mundo libre" y el defensor de la democracia contra la tiranía y la opresión.

De modo similar, los políticos del Partido Demócrata han atacado a Trump principalmente desde la derecha, presentándolo como demasiado complaciente en su postura respeto a Vladimir Putin y endeudado a Rusia por su supuesta interferencia en las elecciones de 2016 en Estados Unidos.

Los críticos burgueses no se oponen ni a la defensa de Trump de Wall Street ni al imperialismo norteamericano, sino a los métodos que emplea, que consideran demasiado imprudentes, potencialmente provocando un movimiento desde abajo que amenazaría los intereses generalizados del capitalismo estadounidense.

Mientras tanto, la administración de Trump se ve plagada por conflictos que reflejan las profundas divisiones dentro de la élite gobernante. Los informes de prensa citan filtraciones extensas (pero anónimas) del personal de la Casa Blanca y de los funcionarios del gabinete provocados por la tormenta política que ha seguido la defensa pública de Trump a los neonazis.

El New York Times dijo que el funcionario judío más alto de la Casa Blanca y presidente del Consejo Económico Nacional, Gary Cohn, quien también es expresidente de Goldman Sachs, estaba "disgustado" y contemplaba la renuncia —un informe que desencadenó una liquidación esporádica en Wall Street, con el promedio del índice Dow Jones bajando 247 puntos el jueves—. Otros informes sugieren que Cohn estaba quedándose por de la expectativa de ser nombrado el próximo mes sucesor de Janet Yellen como presidente de la Reserva Federal.

Una columna en el Wall Street Journal señaló que la oleada de renuncias de los CEOs en los consejos asesores de Trump fue al menos en parte provocada por preocupaciones de que sus relaciones cada vez más enconadas con los republicanos del Congreso paralizarían su capacidad para imponer el recorte de impuestos esperado para las corporaciones y los ricos, la preocupación principal de las empresas estadounidenses.

Se reportó que el multimillonario Rupert Murdoch, dueño del Wall Street Journal y Fox News, instó a Trump a despedir a su máximo estratega, Stephen Bannon, en una cena en la Casa Blanca, como parte de un esfuerzo para reorganizar su administración y reorientarla hacia las tareas políticas principales exigidas por la aristocracia financiera, en particular las reducciones de impuestos.

Bannon respondió con una inusual entrevista con la publicación liberal American Prospect, en la que atacó públicamente a Cohn y al Departamento del Tesoro, encabezado por otro millonario de Wall Street, Steven Mnuchin, por oponerse a una política nacionalista económica de mano dura contra China.

Se regodeaba por el impacto político de los eventos de Charlottesville. “Los demócratas” dijo, “cuánto más hablen sobre la política de identidades, [más] los tendré. Quiero que hablen sobre el racismo todos los días. Si la izquierda se enfoca en las razas y las identidades, y nosotros nos apegamos el nacionalismo económico, podremos aplastar a los demócratas".

El asesor de Trump no está hablando de una competencia electoral, sino de la movilización de las fuerzas ultraderechistas y fascistas, junto con la policía y el ejército, para sentar las bases de un régimen autoritario basado en la guerra y la austeridad social.