Trump despide a Bannon: el ejército reafirma su control

21 agosto 2017

El despido del estratega político en jefe de la Casa Blanca, Stephen Bannon, marca el comienzo de una nueva etapa del encarnizado conflicto entre facciones de la élite gobernante estadounidense.

La expulsión de Bannon, una figura de orientación fascista, tuvo lugar tres días después de la conferencia de prensa de Donald Trump el martes, en la que el presidente estadounidense defendió a manifestantes nazis y supremacistas blancos que realizaron disturbios en la ciudad de Charlottesville el fin de semana anterior. Sus comentarios detonaron una crisis política sin precedentes en Washington, con secciones de la burguesía temerosas de que la autoexposición del mandatario como simpatizante de fascistas dañe severamente la credibilidad de EE. UU. internacionalmente y cree condiciones para explosiones sociales dentro del país

El jueves, un correo electrónico público dirigido al presidente de parte de James Murdoch, el director ejecutivo de 21st Century Fox e hijo del aliado de Trump, Rupert Murdoch, llevó la presión de la élite corporativa y política sobre la Casa Blanca a nuevas alturas. El mismo día, el congresista republicano de Nueva York, Peter King, exigió el despido de Bannon, mientras que el republicano Bob Corker, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Senado, puso en duda la estabilidad y las facultades de Trump.

Wall Street se mostró nervioso por los reportes de que el asesor económico de trump, el expresidente de Goldman Sachs, Gary Cohn, estaba considerando renunciar. Disparando a la proa del gobierno, los mercados bursátiles realizaron una liquidación generalizada. El índice Dow Jones cayó 274 puntos el jueves, su mayor pérdida en tres meses, pero los corredores de bolsa se vieron celebrando el jueves con el anuncio de la expulsión de Bannon.

La decisión del despido la tomó el recién nombrado jefe de personal de la Casa Blanca, el exgeneral marine John Kelly. La fuerza dentro del gobierno que está dirigiendo estos cambios está compuesta por Kelly; H. R. McMaster, un general activo y asesor de seguridad nacional; James Mattis, un exgeneral y actual secretario de Defensa; Rex Tillerson, ex-CEO de Exxon Mobil y actual secretario de Estado, y el exejecutivo de Goldman Sachs, Gary Cohn.

El control directo del Estado que ejercen el ejército y Wall Street, si ha cambiado del todo, ha aumentado.

Las disputas internas de la clase gobernante no han dejado de recrudecerse desde la investidura de Trump, girando en torno a diferencias sobre la política exterior del imperialismo norteamericano. Los demócratas y una sección de los republicanos se han alineado con las facciones dominantes del aparato militar y de inteligencia para demandarle a Trump una política más agresiva contra Rusia y una escalada militar más rápida en Afganistán y Siria.

El anuncio de la destitución de Bannon sucedió cuando Trump estaba en una reunión con sus generales y oficiales de inteligencia de mayor rango en Camp David para discutir varias propuestas sobre un aumento en el número de tropas estadounidenses en Afganistán. Trump, con el respaldo de Bannon, se había opuesto al plan del Pentágono.

El miércoles, la revista liberal American Prospect publicó una entrevista con Bannon, donde éste presume acerca de sus planes para depurar de oponentes los departamentos de Estado y de Defensa, atacando a Cohn directamente por no iniciar una guerra comercial contra China. Además, desestimó las amenazas militares de EE. UU. contra Corea del Norte, asegurando: “No hay ninguna solución militar, olvídenlo”.

El día siguiente, Tillerson y Mattis insistieron sobre la preparación de Washington para llevar a cabo un ataque nuclear contra Corea del Norte.

Una porción importante de banqueros de Wall Street y ejecutivos corporativos, muchos de los cuales buscaron distanciarse de las declaraciones profascistas de Trump, consideran que el despido de Bannon es un paso adelante hacia poner bajo control la guerra entre facciones dentro del gobierno y entre Trump y los congresistas republicanos. Ven esto como esencial para implementar las promesas de Trump de recortes regulatorios e impositivos para las corporaciones y del caudal de ingresos que esperan recibir en forma de una llamada reforma de infraestructura.

No hay ni una pizca de contenido progresista ni democrático en los motivos de los generales, banqueros y políticos demócratas y republicanos que exigieron la expulsión de Bannon. Todas las facciones rivales de la burguesía concuerdan en que necesitan intensificar los ataques contra los niveles de vida y condiciones sociales de la clase obrera. Los esfuerzos del propio Trump y Bannon para construir una base de apoyo de tendencia fascistas tienen como objetivo fundamental la supresión violenta de toda oposición de los trabajadores.

Bannon, quien volvió inmediatamente a la cabeza del sitio de orientación fascista Breitbart News, mantendrá un alto grado de influencia política en el gobierno de Trump. “Me voy a la guerra por Trump contra sus opositores”, declaró, añadiendo, “Ahora soy libre. Tengo mis manos de vuelta sobre mis armas”.

En cuanto a Trump, él está doblegando sus esfuerzos para agitar a los elementos de la extrema derecha. No cambió sus planes y participará en un mitin el martes en Phoenix, Arizona, donde se espera que anuncie un indulto para el exsheriff de Arizona, Joe Arpaio, quien encabezó una caza de brujas contra trabajadores inmigrantes y fue declarado culpable de desacato a una orden judicial que le exigía dejar de arrestar a hispanos ilegalmente.

Ni el peligro de otra guerra mundial, ni la expansión de la pobreza, la desigualdad social y la destrucción de los derechos democráticos se detendrá con alguna conspiración palaciega o un cambio de cartera. La reacción política y el crecimiento de las fuerzas ultraderechistas no tienen como causa ni a Trump ni a Bannon. Ellos son manifestaciones nocivas de la crisis y decadencia del capitalismo estadounidense y global.

Ninguna facción de la clase capitalista es capaz de ofrecer políticas para atender las necesidades urgentes de la clase obrera, sean empleos, educación, pensiones, acceso a los servicios de salud, paz y otros derechos básicos. El Partido Demócrata y el Partido Republicano, ambos, han presidido el último medio siglo de reacción social. Su prioridad es desviar el enojo social lejos de cualquier lucha contra el capitalismo y en vez encarrillarlo detrás del nacionalismo, las guerras comerciales y la expansión de campañas de agresión militar alrededor del mundo.

La única oposición progresista a Trump es la movilización independiente de la clase obrera contra toda la élite política y el sistema capitalista que defiende.

Barry Grey