La Casa Blanca y los disturbios fascistas en Charlottesville

16 agosto 2017

Después de meses de planeación y coordinación deliberadas con la policía, la demonstración nazi “Unite the Right” (“Unamos a la Derecha”) en Charlottesville, Virginia, alcanzó su apogeo mortal el sábado por la tarde cuando un admirador de Hitler de 20 años, oriundo de Ohio, condujo su automóvil contra una multitud de manifestantes opositores, asesinando a la joven de 32 años, Heather Heyer, una partidaria de Bernie Sanders, e hiriendo a 14 personas más.

La prensa corporativa se ha centrado en el fracaso de Trump de condenar verbalmente la violencia de la extrema derecha. Este manejo de las declaraciones de Trump por parte de los medios no es sólo ingenuo, sino que encubre deliberadamente el grado de participación de la propia Casa Blanca en alentar, incitar e incluso planificar la movilización nazi en Charlottesville. La Casa Blanca está repleta de operativos profascistas. ¿Por qué condenaría Trump las acciones de los grupos que él y su compinche, Steve Bannon, ven como una base de apoyo clave?

El motín nazi no es ninguna anomalía en la política estadounidense. Es el producto de la estrategia de Donald Trump de construir un movimiento fascista, extraconstitucional y fuera del marco de los dos partidos principales, siendo a su vez una expresión de la putrefacción y el colapso de la democracia estadounidense bajo el peso de los niveles asombrosos de desigualdad social.

En las últimas tres semanas, Trump y sus asesores, Stephen Bannon, Stephen Miller y Sebastian Gorka, han escalado los esfuerzos de la administración para agitar los elementos fascistas que forman el núcleo de su base política.

Trump ha atacado al líder republicano de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, desafiando así a una de las figuras legislativas más poderosas de su propio partido. Ha amenazado que EE. UU. está “en posición y cargado” para irse a la guerra contra Corea del Norte. Y ha llamado a sus partidarios multimillonarios, así como a la policía, a los agentes migratorios y fronterizos y a las fuerzas armadas a que apoyen sus políticas antiinmigrantes y de “severidad contra el delito”.

En este proceso, envalentonó a las fuerzas que el viernes tomaron control del campus de la Universidad de Virginia, cuya población estudiantil es de 22 000 personas. Los nazis llevaron a cabo un desfile de antorchas a través del campus —fundado y diseñado por el autor de la Declaración de Independencia, Thomas Jefferson— mientras cantaban “sangre y tierra”, “ Sieg Heil ” y “un pueblo, una nación”.

Al amanecer el sábado, decenas de uniformados fascistas armados con rifles de asalto y escopetas se desplegaron en el centro de la ciudad, estableciendo un control militar sobre el corazón de la ciudad de 50 000 habitantes. Después de que la milicia asegurara el área, sin interferencias de la policía, fueron vaciadas furgonetas llenas de gente de todo el país en el centro de la ciudad, descargando a cientos de nazis armados con cañones, cuchillos, cadenas, palos de metal, bates de béisbol y spray de pimienta.

Lo que ocurrió a continuación sólo puede describirse como un motín fascista. La policía se retiró de la escena y los nazis comenzaron a atacar a los manifestantes opositores en las calles, gritando insultos raciales y homofóbicos mientras clamaban “ Heil Trump”. Los que se manifestaron en contra quedaron atrapados en el tumulto de nazis, siendo golpeados sin piedad mientras que la policía sólo miraba.

Brian McLaren, un pastor que había viajado a Charlottesville para la contramanifestación, le dijo a la prensa que “la policía se quedó muy lejos” cuando los nazis lanzaron su ataque. Luego, a primera hora de la tarde, James Fields Jr., de Maumee, Ohio, cargó contra la multitud en su automóvil, lanzando cuerpos sobre el capó como bolos.

El gobernador demócrata de Virginia, Terry McAuliffe, respondió a las críticas diciendo el domingo que la policía hizo “un gran trabajo” durante el fin de semana. McAuliffe, exjefe del Comité Nacional Demócrata y destacado recaudador de fondos para Bill y Hillary Clinton, dijo que el asesinato de Heather Heyer no podría haber sido prevenido. “No puedes detener a un loco que vino de Ohio y usó su automóvil como un arma”, declaró.

El propósito de la violencia de este fin de semana era enviarles un mensaje a los detractores de Trump dentro del Partido Republicano y el Demócrata de que él tiene una base de apoyo alternativa a la que puede apelar. De este modo, los nazis celebraron su manifestación a sólo dos horas de la capital en Washington D.C.

Una cronología de las tres semanas que precedieron los disturbios de este fin de semana deja en claro la campaña sistemática y calculada de la Casa Blanca de Trump para movilizar a las fuerzas sociales más atrasadas y reaccionarias del país.

En los días que siguieron, Trump lanzó sus amenazas de guerra contra Corea del Norte y Venezuela y atacó nuevamente al líder republicano del Senado, Mitch McConnell.

La violencia nazi de este fin de semana carga la marca política de Bannon, Miller y Gorka. El líder de la demostración nazi, Jason Kessler, reconoció después del evento que los organizadores habían “hecho contacto con la policía” meses antes del acto de provocación “Unite the Right”.

Kessler también se reunió con varios funcionarios republicanos en preparación para la movilización nazi. Poco después de la inauguración de Trump, Kessler realizó una rueda de prensa con el candidato republicano de Virginia, Corey Stewart, para denunciar los planes de Charlottesville de quitar la estatua del general confederado Robert E. Lee.

En marzo, Kessler viajó a Washington D.C. para reunirse con el congresista de Virginia, Tom Garrett, quien representa el área de Charlottesville. Kessler publicó en Facebook que tuvo “una reunión muy productiva hoy con el congresista Tom Garrett”, y reconoció que mantuvo discusiones con Garrett sobre cómo es que los grupos nazis de Kessler podrían apoyar con las medidas antiinmigrantes de Trump: “Hablamos de RAISE y Stop Arming Terrorists [Paren de Armar a los Terroristas]: dos proyectos de ley geniales que apoyamos”, publicó Kessler.

Los acontecimientos en Charlottesville y los esfuerzos de Trump para desarrollar un movimiento fascista extraconstitucional constituyen advertencias para la clase trabajadora en EE. UU. y a nivel internacional. El programa de los fascistas en la Casa Blanca y en las calles de Charlottesville es de guerras genocidas en el extranjero y la internación y asesinato masivos de negros, inmigrantes, personas LGBT, judíos y socialistas en el país.

El fascismo es la excrecencia del decadente orden social del capitalismo estadounidense y mundial, el cual ha vomitado a la figura de Donald Trump como su expresión representativa. No se detendrá a través de llamamientos moralistas hacia el establecimiento político, sino sólo mediante la movilización de la clase obrera unida allende las líneas raciales, nacionales y étnicas y armada políticamente con un programa revolucionario para la reorganización socialista de la economía estadounidense y mundial.

Eric London