Dirigente de La Izquierda apoya intereses de Alemania como gran potencia

por Johannes Stern
5 agosto 2017

El carácter de clase de los partidos políticos se revela más claramente en el ámbito de la política exterior. Desde este punto de vista no podría ser mayor el abismo político entre el Partido por la Igualdad Socialista (SGP; Sozialistische Gleichheitspartei) y el partido La Izquierda (Die Linke).

El SGP es el único partido que participa en las elecciones federales alemanas en base a un programa socialista que llama a la unidad de la clase trabajadora internacional contra el militarismo y la guerra, mientras La Izquierda incondicionalmente defiende los intereses del capitalismo alemán contra sus rivales internacionales.

Los conflictos feroces entre Berlín y Bruselas, por un lado, y entre Berlín y Washington, por el otro, a raíz de las recientes sanciones de Estados Unidos contra Rusia, han empujado a un lado la escasa hoja de parra pacifista de La Izquierda, que actualmente está acusando a todos los otros partidos de no defender los intereses europeos y alemanes de manera suficientemente agresiva.

En su página de Facebook, el antiguo director del SPD y padre fundador de La Izquierda, Oskar Lafontaine, lanzó la siguiente exigencia: “Es hora de que Europa se tome en serio sus propios intereses y abandone su lealtad más o menos incondicional a los Estados Unidos. El intento evidente por parte del Congreso estadounidense de prohibir que Europa consiga gas ruso y obligar a los europeos a comprar gas líquido de los Estados Unidos es otro testimonio más de la arbitrariedad de la política estadounidense”.

Para reforzar su exigencia de una política más agresiva de Alemania en tanto que gran potencia, Lafontaine pregunta: “Pero ¿quién va a asumir la dirección de la oposición a esa persecución despiadada de intereses en Europa? ¿El patrocinador de la evasión fiscal corporativa, Juncker? ¿El inversor bancario Macron? ¿O la bien educada ex secretaria de agitación y propaganda del FDJ (la antigua organización juvenil stalinista de Alemania Oriental) Merkel, que ha apoyado cada giro de la política estadounidense hasta ahora?”.

Según Lafontaine, la respuesta del principal candidato socialdemócrata en las elecciones, Martin Schulz, quien, junto con Juncker, Macron y Merkel, ha criticado agudamente las sanciones estadounidenses y amenazó a los Estados Unidos con una guerra comercial, no llega suficientemente lejos. Escribe Lafontaine: “Las elecciones para el Bundestag podrían ser entusiasmantes si el bien educado sirviente de los intereses estadounidenses se enfrentara a un candidato en la forma de Martin Schulz preparado para sacarle la tarjeta roja a la política despiadada de Estados Unidos”.

Lamentablemente, sin embargo, continúa, es solo el partido La Izquierda el que “a pesar de todos sus errores, es el único partido que no nada dócilmente tras la única potencia mundial que queda”. Solo “una izquierda fuerte en el Bundestag puede oponerse a cualquier coalición concebible de los partidos neoliberales ... y una y otra vez insisten en que los intereses de Alemania y de Europa sean mejor representados contra los objetivos injustos de las políticas estadounidenses”.

El impulso reaccionario de la crítica de Lafontaine está claro. Persigue transformar la oposición generalizada al militarismo estadounidense en apoyo al imperialismo alemán y europeo.

“El capitalismo oligárquico estadounidense” es “particularmente descarado”, escribe Lafontaine. Después de todo, “Estados Unidos tiene con mucho el presupuesto militar más alto del mundo (más de 600 mil millones de dólares) y ha infestado el mundo con más de 800 bases militares”. El presidente Eisenhower ya había advertido contra “el complejo militar-industrial estadounidense” y previó el peligro de “que la industria de las armas y los grandes negocios determinarían la política estadounidense”.

Ciertamente, no puede haber dudas respecto al carácter reaccionario del imperialismo estadounidense. Siguiendo la disolución de la Unión Soviética se quitó de encima cualquier inhibición que le iba quedando e intentó compensar su declive económico con una serie de guerras salvajes que han resultado en la muerte de millones de personas. En la figura de Donald Trump, un millonario fascista se mudó a la Casa Blanca —una persona que personifica toda la brutalidad y criminalidad de la clase gobernante estadounidense”.

¿Y qué hay del imperialismo alemán, cuyos intereses Lafontaine está tan ansioso de defender contra Estados Unidos? No es de ninguna manera mejor. Siete décadas después de la derrota del régimen nazi, otra vez está mostrando su verdadera cara. Ha reaccionado a las tensiones internacionales crecientes como lo hizo antes de la Primera y de la Segunda Guerra Mundial: rearmándose, reclamando su papel hegemónico en Europa y expandiendo sus intereses geoestratégicos y económicos por medios militares en todas partes del mundo.

Tal como es el caso en Estados Unidos, los bancos alemanes, las grandes corporaciones, los servicios de inteligencia, las fuerzas militares y un pequeño grupo de súper ricos determinan las políticas de todos los partidos. Por eso sus programas apenas difieren los unos de los otros. Al mismo tiempo, la mayoría de la población las pasa canutas para llegar a fin de mes. El cuarenta por ciento de todos los trabajadores tiene empleos precarios y el 16 por ciento de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.

Lafontaine y su partido son parte de esta política. Allí donde el partido La Izquierda asume el poder, implementa la austeridad tan despiadadamente como todos los otros partidos y organiza la devastación social asociado al SPD y los Verdes. En política exterior, rechazan la consigna del revolucionario Karl Liebknecht, “El principal enemigo está en casa”, a favor de “el principal enemigo son los Estados Unidos”.

Mientras crecen las tensiones entre Alemania y los Estados Unidos, Lafontaine se ha puesto cada vez más agresivo. Ya en junio de 2015 escribía en su página de Facebook: “El ministro de guerra estadounidense exige que los europeos se confronten con la ‘agresión’ rusa. Los europeos tienen toda la razón al oponerse a la agresión estadounidense. Necesitamos una política exterior europea que contenga al imperialismo estadounidense. ¡Que se follen al imperialismo estadounidense!”.

La “política exterior europea” de Lafontaine incluye explícitamente la fuerza militar. En su sitio de Facebook a finales de mayo describía al antiguo jefe de Estado francés, el general de Gaulle —un militarista autoritario y nacionalista de derechas— como un modelo de rol: “Durante años, el partido La Izquierda ha venido haciendo llamamientos por una política exterior europea independiente. Ha pasado mucho tiempo desde que Charles de Gaulle se diera cuenta de que la propia Francia debía decidir si participar o no en una guerra. Por eso él no integró al ejército francés en la estructura militar de la OTAN, es decir, los Estados Unidos”.

En anteriores elecciones al Bundestag, La Izquierda pudo engañar a algunos trabajadores y jóvenes con frases pacifistas. Ahora es necesario, sin embargo, un ajuste de cuentas político. Las afirmaciones de Lafontaine muestran claramente que el partido —ya sea como partido de gobierno o en la oposición— jaleará de manera entusiasta cuando soldados del Bundeswehr vayan a la lid a defender los “intereses alemanes”.

El “pacifismo” de Lafontaine, que empezó con su apoyo a las manifestaciones contra el despliegue de los misiles estadounidenses Pershing II a principios de los '80, siempre estuvo dirigido contra la subordinación de los intereses imperialistas alemanes a Estados Unidos. Ahora que el imperialismo alemán ha mostrado su bandera una vez más, él se ha vuelto un político entusiasta de la gran potencia y un militarista. Los Verdes sufrieron un desarrollo similar hace veinte años.

Los que quieran votar contra la guerra y el militarismo el 24 de septiembre tienen que votar al SGP. Es el único partido que promueve una estrategia socialista contra la desigualdad social, el militarismo y la guerra. Nos oponemos a los halcones de la guerra capitalista luchando para unir a la clase trabajadora de ambos lados del Atlántico.

Según la plataforma electoral del SGP, “Rechazamos todas las alianzas imperialistas y los bloques militares. Estamos por la disolución de la OTAN y de la Unión Europea y luchamos en su lugar por los Estados Unidos Socialistas de Europa. Nuestro aliado contra el militarismo alemán está en la clase trabajadora europea, estadounidense y mundial”.