El recorte de impuestos de Trump: Una bonanza para las corporaciones y los ricos

por Patrick Martin
29 abril 2017

El gobierno de Trump está proponiendo el mayor recorte de impuestos para los ricos en la historia estadounidense. El plan esbozado el miércoles transferiría billones de dólares de impuestos futuros a los bolsillos de los más ricos. El propósito es doble: enriquecer a la aristocracia financiera y destruir programas sociales a la fuerza, como el seguro social y Medicare, privando al gobierno federal de los ingresos necesarios para financiarlos.

En la tarde del miércoles, el secretario del Tesoro y el director del Consejo Económico Nacional de Trump, Steven Mnuchin y Gary Cohn, presentaron una declaración de principios de una página en una rueda de prensa en la Casa Blanca, donde resaltaron ciertas partes y tomaron sólo un puñado de preguntas, que evitaron responder en su mayoría.

Todo se vio apresurado. Los informes de la prensa sugieren que el plan fiscal fue preparado deprisa en respuesta al aumento de críticas de parte de Wall Street, particularmente a raíz del fallido intento para derogar la llamada Ley de Cuidado de Salud Asequible o Obamacare, reclamando que la nueva administración no ha cumplido su compromiso de transferir un caudal de riqueza de los trabajadores a los multimillonarios.

Ahora bien, la conferencia de prensa del miércoles sí permitió vislumbrar la codicia personal que impulsa en gran parte la política capitalista estadounidense. Mnuchin y Cohn apenas podían contener su entusiasmo anunciado lo que el mismo Cohn llamó “una oportunidad que se presenta una sola vez por generación” para transformar el código tributario. Los dos exbanqueros de Goldman Sachs, cada uno con un patrimonio de más de 500 millones de dólares, definieron las principales características del plan que aumentará sus ya inmensas riquezas.

Entre las principales medidas que beneficiarán a los estratos más ricos se encuentran:

* Abolir el impuesto sobre el patrimonio, para que los ricos puedan legar sus fortunas intactas.

* Eliminar el impuesto mínimo alternativo (AMT; Alternative Minimum Tax ), que fue establecido en respuesta a la extensa evasión fiscal de los ricos.

* Bajar la tasa de impuesto a las ganancias empresariales registradas como ingresos personales (llamadas “ pass-through ”) del 39,6 al 15 por ciento

* Reducir el gravamen máximo sobre la renta del 39,6 al 35 por ciento

* Descartar el recargo impositivo sobre ganancias de capital de 3,8 por ciento para Obamacare

Muchas de estas medidas beneficiarán directamente al presidente Trump, particularmente la abolición del AMT. De acuerdo a su declaración fiscal del 2005 que fue parcialmente filtrada, pagó $38 millones en impuestos sobre la rente ese año, pero habría pagado $5 millones si no hubiese sido por el AMT. Asimismo, recibe gran parte de sus ingresos de bienes raíces en forma de “pass through”, cuya tasa impositiva se reduciría a menos de la mitad.

Abolir el impuesto sobre el patrimonio, el cual sólo aplica actualmente a fortunas mayores de $5 millones, le permitiría a Trump dejar su herencia de miles de millones a sus cinco hijos sin que ellos tengan que pagar un centavo. Esto también beneficia a Cohn (patrimonio de $ 610 millones) y Mnuchin ($500 millones).

La bonanza fiscal para las corporaciones es incluso mayor. El recorte más grande que fue propuesto fue del impuesto sobre la renta de las sociedades del 35 al 15 por ciento, que constituye un costo estimado en $2,4 billones para los próximos diez años. Sólo para el 2018, esta acción reduciría los impuestos para las corporaciones de $340.000 millones a $125.000 millones, una inyección directa de $215.000 millones a sus ganancias base. La mayor parte de estos ingresos iría a sus accionistas ricos vía dividendos y la readquisición de acciones.

Más allá, fue propuesta una enmienda para las empresas internacionales basadas en EE.UU. mediante el establecimiento de un sistema fiscal que sólo grave el impuesto sobre lo que ganen las sociedades dentro del territorio estadounidense. Tomando en cuenta la capacidad de las empresas para manipular su flujo de ingresos, tendrán otro incentivo más para mantener sus ingresos en paraísos fiscales fuera de EE.UU. y así no pagar impuestos del todo.

Esto sería acompañado por un incentivo único para que las corporaciones repatrien las ganancias que mantienen en cuentas en el extranjero. La tasa impositiva para este dinero podría ser tan baja como cinco por ciento, una enorme ganancia para un puñado de empresas, incluyendo Apple y General Electric, que tienen billones de dólares en paraísos fiscales.

Se espera que un gran número de congresistas demócratas apoyen estas reducciones de los impuestos sobre sociedades, oponiéndose manifiestamente a bajarlo hasta el 15 por ciento, pero aceptando un 18 o 20 por ciento como un “compromiso aceptable” que supuestamente lograrán extraer de Trump a través de su supuesta resistencia determinada

El gobierno de Obama ya había propuesto reducir la tasa de impuesto corporativo del 35 al 28 por ciento y 25 por ciento para el sector industrial —”sólo” $100.000 millones de beneficios imprevistos al año— mientras que el líder de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer, es coautor de un plan bipartidista para “incentivar” la repatriación de ganancias por medio de exenciones para ciertas corporaciones.

Antes del anuncio del miércoles, Schumer manifestó estar en contra, declarando en el Senado, “Esta no es ninguna reforma fiscal... Sólo es un regalo en el cobro de impuestos para los muy, muy ricos que hará explotar el déficit”.

La última frase es clave. La oposición de los demócratas y algunos republicanos se centrará en el impacto fiscal que tengan los recortes. En la medida en que sean decretadas —y lo harán de alguna forma u otra—, ambos partidos exigirán que el costo de la bajada de impuestos para los ricos sea “pagada” a través de reducciones en el gasto. En definitiva, el gigantesco presupuesto del Pentágono no se verá afectado y seguirá aumentando; en cambio serán desmanteladas las llamadas garantías sociales como el seguro social, Medicare y Medicaid, los más caros a nivel nacional.

Dicha perspectiva fue formulada por el Washington Post en un editorial publicado en vísperas del anuncio del plan fiscal, lamentando el efecto que tendrían los recortes en el déficit federal, sin decir ni una palabra sobre la desigualdad económica y el saqueo del país en beneficio de los más ricos. El editorial concluye que, “por ocho años, los republicanos atacaron sin tregua al presidente Barack Obama por hacer muy poco para reducir el déficit federal. ¿Harán lo contrario ahora aprobando un recorte de impuestos que hará detonar el presupuesto?”.

El plan fiscal presentado el miércoles incluye una serie de disposiciones que afectan a los contribuyentes de ingresos medios, tanto positiva como negativamente. El resultado neto no puede ser calculado seriamente debido a la falta de detalles.

Cohn dijo que la Casa Blanca tiene planeado duplicar las deducciones del impuesto a la renta estándar a $24.000 para un matrimonio. Esto sería compensado por la eliminación de la deducción de impuestos por los seguros médicos pagados por el empleador y por el pago de impuestos estatales y locales.

Los trabajadores de ingresos más bajos no se verán beneficiados por el aumento en la deducción estándar ya que generalmente pagan poco o nada en impuestos sobre la renta y les afectan mucho más los impuestos sobre la nómina para Medicare y el seguro social, que no serán cambiados con el plan de Trump.

Cohn y Mnuchin describen su plan fiscal como una “oferta inicial” para comenzar las negociaciones entre la Casa Blanca y el Congreso. Existen dos caminos legislativos posibles para el plan —un acuerdo bipartidista, el cual requeriría el apoyo de al menos ocho senadores demócratas para superar la táctica obstructiva del filibuster, o un procedimiento conocido como una “reconciliación”, que necesitaría una mayoría simple que limitaría la duración de las nuevas tasas impositivas a un periodo de diez años.