El mitin Pro Guerra de Philippe Poutou, candidato del NPA

por Alex Lantier
25 abril 2017

El miércoles 19 de abril, tuvo lugar la última reunión pública de la campaña del Nuevo Partido anticapitalista (Nouveau Parti anticapitaliste; NPA) y de su candidato Phillippe Poutou, al norte de París. Las mil personas que allí presentes se enteraron de la posición pro guerra del NPA. Miembros de la NPA hablaron a favor de la guerra de Estados Unidos contra Siria y Rusia, limitándose a críticas tácticas del Partido Socialista (Parti socialiste, PS) en momentos en que el PS ha perdido total legitimidad en el transcurso del gobierno del presidente François Hollande.

El NPA representa a ese sector de la clase media alta que durante décadas dominó la supuesta ala de “extrema izquierda” de la política francesa; similar a la falsa representación por los medios de difusión de que es “socialista” la política belicista y de austeridad del PS.

El NPA, dirigido por individuos con raíces en el movimiento estudiantil de 1968, atrae a diversos sectores de jóvenes. Algunos de ellos, alistándose a una carrera en la política oficial, obligatoriamente se presentan a entrevistas televisadas en camisa y corbata; otros se visten con carísimas vestimentas alternativas; una de los oradores en esta junta, italiana, presentó un proyecto sobre la violencia sexual que le llevará al gobierno italiano.

Al mismo tiempo el NPA repudia a la clase obrera. En muchas ocasiones le ha dado su apoyo a gobiernos en favor de la austeridad en Francia y a la Coalición de la Izquierda Radical (Συνασπισμός Ριζοσπαστικής Αριστερά, Syriza) de Grecia. Por encima de todo apoya rabiosamente al belicismo imperialista que sostiene el dominio financiero de todas las potencias imperialistas, junto con la riqueza del sector de clase media alta que es el fundamento del NPA.

De ese asunto fue el discurso inicial, y principal, en el mitin de Poutou, a cargo de la portavoz Christine Poupin, supuestamente sobre el internacionalismo; aunque en verdad, fue una defensa a gritos de las aventuras imperialistas, particularmente contra Siria. Lanzó una histérica filípica contra las potencias imperialistas europeas y estadounidense por no haber hecho más para derrocar al gobierno de Siria.

Con la intención de fundamentar apoyo a las milicias de oposición que sostiene la OTAN, tan odiadas en Siria, le tocó a Poupin poner la verdad patas para arriba. Declaró que por culpa de las potencias de la OTAN, las milicias enemigas de Assad “habían quedado sin defensas, especialmente defensas antiaéreas”. Añadió que “todas las tendencias intervencionistas en verdad han ayudado a Bashar al Assad [presidente sirio] permanecer en el poder”.

Todo eso es una sarta de embustes. Los reclamos de Poupin sirven para encubrir que los intervencionistas son Europa y Norteamérica, con la ayuda de los reinos del Golfo Pérsico. Los miles de millones de dólares que éstos encarrilaron para armar a las milicias de oposición nacionalistas kurdas e islámicas para nada “ayudan” a Assad. Todo lo contrario, han convertido a Siria en escombros; ha hecho añicos de su gobierno; ha obligado a decenas de millones de personas a abandonar sus moradas.

También son embustes políticos de Poupin las fintas de que el belicismo del NPA es una simple “crítica” de las estrategias de las principales potencias imperialistas. Haciendo eco a la línea del Partido Demócrata estadounidense, Poupin reprueba la estrategia anti Siria de Estados Unidos por no ser suficientemente agresiva contra Assad; cosa que pone la raya en que el NPA se las ha arreglado para criticar desde la derecha a Trump, el gobierno más reaccionario de la historia estadounidense.

Poupin sí reprueba el ataque sin provocación del 7 de abril contra Siria, en revancha a supuesto ataque de gas venenoso del 4 de abril sobre el pueblo de Khan Sheikhoun. Este ataque —pisándole los talones a similares ataques químicos por las tropas de oposición que apoya la OTAN, que ésta ha atribuido al gobierno de Siria (por ejemplo el ataque contra Ghouta en 2013)— tiene el tufo de ser una provocación de la CIA.

La reprobación, desde la derecha, de Poutin a la agresión de Trump sobre Siria, no es por ser ésta ilegal, pero por no ser ésta suficientemente brutal para destrozar a Assad, a quien culpa por el ataque contra Khan Sheikhoun sin ninguna evidencia.

“La ostentación de Trump no cambiará nuestro parecer ya que sólo una semana antes del atroz ataque contra Khan Sheikhoun, Trump había dicho que podría haber buscado una alianza con Basharl al Assad en el entorno de la supuesta guerra al terror”, según Poupin. “Es obvio que esa señal le hacía posible al régimen seguir cometiendo crímenes. Por lo tanto, ante Assad, ante el Estado Islámico, le toca al pueblo de Siria, y sólo al pueblo de Siria, determinar su futuro”.

No cabe duda de que el NPA apoya a la guerra imperialista, particularmente desde que aprobó la guerra de 2011 de la OTAN contra Libia, cosa que lo desenmascara como agencia del imperialismo, que repudia a la clase obrera. En verdad, todo esto es la consecuencia de la larga metamorfosis del NPA y de su conexión con el PS, el reaccionario partido empresarial que domina la resaca de la izquierda francesa desde la huelga general de 1968. En ese entonces, se alió con el Partido Comunista francés (Parti communiste français, PCF) que aún gozaba de cierta popularidad entre los trabajadores, y que fingía ser socialista.

Casi cincuenta años han pasado. En la actualidad rápidamente se desintegra el PS. Décadas de ajustes económicos y de guerra impuestos sobre la clase obrera le han robado toda legitimidad, particularmente durante el último quinquenio de Hollande. El PS está dividido en fracciones que apoyan a dos candidatos diferentes, Emmanuel Macro, antiguo ministro de economía del PS, y Benoit Hamon, candidato a presidente del PS.

El PS es odiado y está borde del colapso. Se especula que se desintegrará, al igual que el partido socialdemócrata griego, Pasok.

El desmoronamiento del PS plantea la urgencia de construir una alternativa, un genuino partido socialista revolucionario. El sector pequeño burgués que fundamenta al NPA no tiene el menor interés en esa cuestión. Éste, establecido en 2009 en base al rechazo del trotskismo, abierto y público, de la organización que lo antecede, la pequeña burguesa Liga Comunista Revolucionaria (Ligue communiste révolutionnaire, LCR), no es capaz de ofrecer ninguna perspectiva en el medio del colapso de las organizaciones socialdemócratas y estalinistas de Europa.

Nada tiene que decirnos el NPA sobre su relación de casi diez lustros con el PS, que sigue en pie a pesar del histórico colapso del PS. Sin que el NPA reconociera sus estrechos vínculos con el PS, éste siempre pudo contar con la ayuda del NPA. En 2012, Poutou llamó por un voto a favor del Hollande. En el balotaje de 2007, Olivier Besancenot, el candidato de entonces del NPA, le dio su apoyo a la candidata perdedora Ségolène Royal, del PS.

La política reaccionaria del NPA es causa de una situación en que los votantes de izquierda depositan sus esperanzas no en el candidato del NPA sino en Jean-Luc Mélenchon, antiguo estudiante radical del 1968 y desde hace mucho miembro del PS. Mélenchon subió rápidamente en las encuestas luego del ataque contra Siria del 7 de abril. En ese momento criticó el ataque de Trump. No obstante, ni Mélenchon ni el NPA tienen diferencias de importancia con el PS; ámbos han girado en su órbita durante décadas.

Cuando Poutou se habló a sus diferencias con Mélenchon en una reunión en París, lo hizo en base al populismo, como político, haciendo un contraste entre la larga carrera de Mélenchon de senador del PS y por la carrera del mismo Poutou de burócrata sindical en la planta Ford de Blanquefort, cerca de Bordeaux.

Poutou nos dice que los políticos “tienen morales que son más que cuestionables”, habla en contra de “dejarse atrapar, de rescatar la izquierda institucional, la izquierda gubernamental”.

Observa que Mélenchon, “aunque atrae con su postura de militante y antiajuste, ha sido un político toda su vida”.

La fraseología moralista de Poutou es demagogia. A fin de cuentas, el NPA comparte con el ex senador Mélenchon, o Jospin, la misma política nacionalista y Pro imperialista. Su intento de tomar distancia de Mélenchon es un fraude. Son marginales las diferencias entre las políticas de Poutou, conectada al PS, y la de Mélenchon. Le encanta al NPA aliarse con Mélenchon.

En verdad, en una entrevista por el canal de televisión Public-Sénat TV, sobre las diferencias del NPA con Mélenchon, Poupin insistió que el NPA y Mélenchon eran estrechos aliados. “Son importantes todos los que se aprestan a votar por Jean-Luc Mélenchon, que votan por Jean-Luc Mélenchon”, dijo. “Que Jean-Luc Mélenchon llege a la segunda ronda del balotaje es algo muy positivo… Jean-Luc Mélenchon no es nuestro enemigo”.

Declaraciones como esa develan que cuando Poutou rechaza a los políticos profesionales y trata de pintarse de crítico revolucionario, anticapitalista de Mélenchon y del PS, comete un fraude más. Los obreros y jóvenes que busquen una alternativa al PS también necesitan rechazar a política pequeña burguesa y de guerra imperialista del NPA.