Pablo Iglesias reelegido como secretario general de Podemos en el congreso Vistalegre II

por Alejandro López
3 marzo 2017

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ganó las elecciones de liderazgo interno ayer en la conferencia de Vistalegre en Madrid, en medio de una amarga lucha de facciones enfrentando a sus partidarios contra los del ex Secretario Político Íñigo Errejón.

Se ha declarado una tregua temporal, ya que todas las facciones insisten en la necesidad de unirse para evitar que estos conflictos rompan al partido.

En un partido que tiene 456.814 miembros inscritos, sólo 155.275, o 35 por ciento, votaron en las elecciones internas. Incluso entre los miembros clasificados como "activos", la participación sólo alcanzó el 53 por ciento, según el pro-Podemos (Cuarto Poder).

Iglesias obtuvo el 60,03 por ciento de los votos, con 36,5 por ciento para Errejón y 3,1 para la facción Anticapitalistas liderada por Miguel Urbán. Esto significa que el Consejo de Ciudadanos, el órgano de decisión más alto de Podemos, tendrá 37 de las 62 plazas para seguidores de Iglesias, 23 para Errejón y 2 para los Anticapitalistas, encabezados por Miguel Urbán.

Iglesias obtuvo 128.700 votos, 89 por ciento del total, contra los 15.700 de Yagüe, en en la votación para el líder que enfrentó a Iglesias contra Juan Moreno Yagüe para el puesto de secretario general. Esto significa que, independientemente de las diferencias entre las dos facciones, los errejonistas votaron por Iglesias, tal como avisaron antes de la conferencia.

Los Errejonistas esperaban que el deseo de Iglesias para una reelección a la candidatura no tuviera éxito si sus documentos fueran aprobados en lugar de los de Iglesias.

Iglesias ahora tendrá mano libre para formar el nuevo liderazgo, y el futuro de Errejón es incierto. Iglesias ha dicho que mantendrá a Errejón en el órgano ejecutivo, pero éste perderá sus cargos de secretario político y portavoz parlamentario.

Errejón dijo que no dimitiría, agregando que "ha habido una fuerza que emerge con una clara mayoría, pero hay un claro mandato para la pluralidad", es decir, para él seguir siendo el líder de una facción que representa un tercio del partido.

El congreso abrió el sábado por la mañana con las tres facciones atenuando sus amargos ataques entre sí. El País escribió: "La escalada de la tensión, el fuego cruzado y la guerra sucia de los días anteriores al congreso de Vistalegre II auguraron un cónclave de batalla y guerra total”.

Lo que ocurrió en el primer día, sin embargo, fue la aparición de una tregua entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, que evitó su disputa y trató de bajar el tono, bajo presión de las demandas de unidad entre los miembros”.

En la apertura de su discurso, Iglesias advirtió contra el conflicto interno, afirmando que "la auto absorción y la división funcionan para el enemigo". Añadió: "Hemos cometido muchos errores, pero hoy y mañana esta asamblea será un ejemplo de unidad, fraternidad y inteligencia. ... Hablar de mi proyecto para el secretario general es hablar de Iñigo Errejón y Miguel Urbán. Camaradas, busco su apoyo.”

En su intervención para defender la principal resolución política de su facción, Iglesias dijo que para llegar al gobierno en las próximas elecciones, es necesario ganar "victorias sociales no sólo electorales". En esto llamó a un Podemos que "no se parece a “Como los Ciudadanos” o el PSOE", sino "como España, como las personas que trabajan, las personas que mueven para adelante a nuestro país".

Pidió a Podemos "dirigir un bloque histórico de cambio" contra el gobierno del PP.

El documento de Iglesias pide que se continúe "construyendo el mismo bloque histórico, social y popular que hace la política en las instituciones y en los espacios públicos no institucionales la misma".

Esto debe lograrse, según Iglesias y su Partidarios, al profundizar las alianzas con la Izquierda Unida (UI) dirigida por los estalinistas, movimientos sociales y activistas.

El documento afirma que los "representantes de Podemos en las instituciones no pueden transformarse en políticos", porque si "nos subordinamos a la lógica de las instituciones, nos disolveremos".

Después vino Íñigo Errejón que también reclamaba que desde el Lunes en adelante, Podemos se unirá. En su corta intervención, Errejón criticó al PSOE por declarar que su enemigo es el populismo de Podemos, "lo que ellos llaman cambio".

Errejón atenuó su orientación política hacia el PSOE, que se expresó claramente en su documento. El documento afirmó: "Es de importancia vital mantener la iniciativa política para poder moverse en la tensión de arrastrar al PSOE más allá de las posiciones que está dispuesto a asumir por voluntad propia: es decir, romper con la austeridad y favorecer una posición más justa de recuperación económica".

Errejón también abandonó su insistencia en centrarse exclusivamente en la actividad parlamentaria, aunque su documento señala que la forma de mostrar a Podemos como "una fuerza política con futuro" es "recuperar la iniciativa de demostrar que somos capaces de presionar al gobierno, insertar políticas en la agenda nacional "a través del parlamento.

Errejón concluyó afirmando que es un "proyecto patriótico" para todas las personas, incluyendo aquellos que no votaron por Podemos.

Anticapitalistas emergieron como los más firmes defensores de la unidad. Urbán llamó repetidas veces a la unidad, diciendo: "No estamos aquí para elegir enemigos internos". Añadió: "En Vistalegre somos socios. Nuestros enemigos están ahí fuera y son muy poderosos", aludiendo a"los fantasmas del fascismo"como Donald Trump o Marine Le Pen: "El antídoto contra estos fascismos se llama Podemos".

Los Anticapitalistas llamaron para volver a escribir en el programa de Podemos algunas de las demandas que se abandonaron en los últimos años, como "luchar por un banco público y contra una política fiscal injusta".

Las posiciones de las tres facciones reflejan nada más que estrategias divergentes para fortalecer el peso de Podemos dentro de la máquina estatal a pesar de la exposición de sus políticas reaccionarias y suprimir la oposición en la clase obrera.

Los reclamos de que estos conflictos reflejan diferencias de principio o de orientación de clase son fraudes políticos. Ninguna de las facciones ofrece una alternativa a las políticas en bancarrota de Podemos, y todas comparten la misma política anti-marxista y la orientación anti-obrera.

Incluso los defensores de Podemos -- como la Izquierda Revolucionaria, una organización que opera en la alianza estalinista de IU que apoya a Iglesias -- tuvieron que admitir que poco separaba las diferentes facciones.

Su artículo titulado "Las diferencias entre Iglesias y Errejón, una reflexión de la lucha de clases", que comenzó insistiendo en que los conflictos entre "Iglesias y Errejón expresan en última instancia las presiones de las diferentes clases sociales en la sociedad", tuvo que concluir "Aparentemente, desde un punto de vista ideológico, no parecen existir diferencias sustanciales entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Ni plantean una alternativa que vaya más allá del capitalismo, ambos defienden un estrecho nacionalismo ... ".

Precisamente por esta razón la izquierda revolucionaria, junto con los equipos pseudo-izquierdistas como los anticapitalistas que trabajan dentro u orbitando alrededor de Podemos, defienden esta organización y se han unido al llamado de "la unidad de ambas alas".

Este conflicto, como ha señalado el WSWS, de hecho "expone la bancarrota de la política populista, nacionalista y pro-capitalista de Podemos, teóricamente arraigado en un rechazo postmodernista del marxismo y el papel revolucionario de la clase obrera por capas acomodadas de la clase medi.".

Para los partidarios temporalmente derrotados de Errejón, el camino a seguir es moverse visiblemente y rápidamente hacia la derecha, abandonando cualquier consigna radical, formando alianzas con el PSOE o la derecha, e integrándose en el estado basado en el nacionalismo, el populismo y la política de género.

Temen que la campaña "de vuelta a las calles" por Iglesias y Anticapitalistas, consiste en organizar intervenciones mediáticas en las luchas obreras coordinadas con la burocracia sindical, pueda provocar accidentalmente protestas que podrían salirse fuera de su control.