War Porn por Roy Scranton

La novela antibélica resurge en la literatura estadounidense

por Eric London
10 septiembre 2016

Tras 15 años de guerra permanente, no sorprende que la "novela bélica" haya resurgido como una forma predominante en la literatura contemporánea estadounidense. De forma general, la literatura bélica contemporánea refleja el nivel al que el militarismo y la celebración del imperialismo estadounidense ha sido deliberadamente elevada como cultura "oficial" por la clase gobernante.

Entre estas obras, las más brutales glorifican sin complejo alguno la muerte y la destrucción inflingida por las fuerzas armadas estadounidenses en las empobrecidas poblaciones del Medio Oriente y Asia Central. Libros con títulos como "Matar a Bin Laden" (Kill Bill Laden), "No fue un día fácil" (No easy day) y "Compañía de hermanas" (Band of Sisters), repiten una y otra vez el temario de amor al país, heroísmo en combate y otras tonterías. Las solapas de esos libros presentan comentarios laudatorios de generales y funcionarios de inteligencia.

También hay muchos escritores de un segundo tipo, que intentan, sin gran éxito, abordar temas más generales, como las dificultades de reintegrarse en la vida civil, las durezas de guerra y la atmósfera represiva presente en la vida militar. Libros como The Yellow Birds, Youngblood y Thank You For Your Service parten generalmente del punto de vista de que la contradicción entre la naturaleza esencialmente buena de las guerras en que están involucrados y la obvia verdad de que la guerra es un infierno coloca a los soldados en posiciones moralmente ambiguas.

Cualquiera sea el nivel artístico que posean los autores de estos libros, éste es desperdiciado por estar éstos basados en mentiras. Todo el mundo sabe que el gobierno estadounidense y los medios corporativos de difusión son parte de una fraudulenta conspiración lanza guerras con el propósito de capturar los recursos y garantizar el lucro de Wall Street y las empresas petroleras. Quince años después, las guerras continúan, con un saldo de más de un millón de muertos. Esta destrucción ha desatado una de las más grandes migraciones en la historia humana. Aquellos libros que encubren estas verdades serán olvidados en cuestión de pocos años y con buena razón.

Pero hay un tercer y emergente género de literatura bélica que está reaccionando contra las dos primeras. Libros como Redeployment, una colección de historias cortas del 2014 de Phil Klay, marcan un importante paso hacia una evaluación honesta del devastador impacto que 15 años de la guerra al terror han inflingido en la vida social, cultural e individual. Klay, un soldado que participó en estas guerras, comienza su libro así: "Matábamos a perros. No por accidente. Lo hacíamos a propósito y lo llamábamos Operation Scooby ”.

En agosto, SoHo Publishing publicó War Porn (Porno bélico), por Roy Scranton, quie fue un soldado en Irak entre el 2002 y el 2006. La novela conscientemente cuestiona la literatura de propaganda probélica que ha dominado la escena literaria por la última década. Es un progreso desde Redeployment y presagia la emergencia de un nuevo estilo de literatura contemporánea que es conscientemente antibélico.

El debut literario de Scranton entrelaza la historia de tres individuos en los primeros días de la invasión estadounidense de Irak. Se trata de un soldado estadounidense que retorna a su país y comete un crimen tan horrendo como los que cometió en Irak; el matemático iraquí que colabora con la ocupación de EE.UU. y termina como una de sus víctimas. Junto a estos, se nos presenta la autobiográfica historia de un soldado estadounidense de mentalidad izquierdista quién se encuentra en compañía de soldados cuyo entusiasmo por matar es presentado justamente como una peligrosa forma de enfermedad mental.

A pesar que el título impresiona al lector como un intento de causar shock, la sobrecubierta explica que "porno bélico" se refiera a "videos, imágenes y narrativas, casi siempre extraídas de zonas de combate, de violencia gráfica consumidas por razones voyeristas o por gratificación emocional. Tales imágenes son usualmente presentadas y circuladas sin contexto, a pesar de que pueden ser usadas como evidencia de crímenes de guerra".

El material sensorial que Scranton ha escogido para escribir su novela consiste de evidencia de los crímenes de guerra más horribles cometidos por las fuerzas de ocupación de EE.UU. contra el pueblo de Irak. El autor nos presenta este material de una manera honesta y devastadora.

Por ejemplo, está la descripción de Scranton del comienzo de la campaña de bombardeo de EE.UU. en marzo del 2003:

"Día y noche las bombas demolían Bagdad. Lo veías en la TV, lo escuchabas en la radio, lo veías desde el techo y cuando te aventurabas hacia la calle: soldados y civiles, brazos y piernas asándose, quebrados por las piedras que caían, intestinos derramados sobre el concreto; casas y barracas, muros desgarrados; baazistas e islamistas, comunistas y socialdemócratas, abarroteros, costureros, trabajadores de construcción, enfermeras, profesores, todos corrían para esconderse en mal iluminados escondrijos, en dónde esperarían morir, algunos lentamente de enfermedades e infección, otros rápidamente en ráfagas de luz, matorrales de acero desmenuzado, aureolas de polvo, aplastados por el ejército más grande del mundo. Ese fue el destino de muchísimos”.

"A medida que el bombardeo empeoraba, el terror de éste manchaba cada cosa viviente. El sueño era una pesadilla fracturada del día anterior, interrumpida por otra incursión. La quietud y la tranquilidad no significaban paz, sino más horas de espera ansiosa; o la muerte. Incluso el confort de la familia se hacía carne viva.

Los crímenes que Scranton describe moldearon también la conciencia política de cientos de millones en todo el mundo. Scranton escribe en nombre de todos aquellos a quienes las guerras han dejado una impresión imborrable. Intenta tomar las imágenes y experiencias de 15 años de guerra y presentar a las guerras como realmente son.

Una escena da al lector un sentido del elogiable acercamiento literario de Scranton. Describe a un anciano sentado en un parque que "recuerda los biplanos británicos de su juventud". Recuerda la independencia iraquí y "el brillante sueño de la nación ". El anciano reflexiona sobre la explotación del petróleo iraquí por las corporaciones extranjeras, el Nakbha de 1948 y el surgimiento de los baazistas, que le cortaron la lengua por una desconocida ofensa política. Se sienta en medio de la invasión estadounidense, "escuchando la tormenta". Scranton describe al hombre y explica: "¿Por quién aún no escribo? ¿No marcó la verdad en mi libro? ¿No registro mi poema para las edades, para que lo canten los hijos de los hijos de mis hijos? Me habrán hecho ciego, pero veo la verdad. Veo la verdad y escribo la verdad y nuestra verdad sobrevivirá a la de ellos".

Esto es un saludable desarrollo para la literatura contemporánea tanto en términos de comprensión histórica y en términos de su objetividad. La guerra de Scranton no es una de narrativas igualmente válidas o situaciones éticamente ambiguas. Como el autor recientemente tuiteó, con sarcasmo: "¿Sabes qué sería genial? Más veteranos quejándose sobre cómo nadie entiende la complejidad moral de ser un guardia de asalto imperial".

Nada en War Porn se siente forzado o pedagógico. El autor tiene una verdadera habilidad estética y lo conmueve una auténtica simpatía por la humanidad. Uno encuentra en su novela muy poco cinismo. Está ausente el concepto de que la guerra es un producto inevitable de una violenta naturaleza humana. Al contrario, uno de los personajes, una niña adolescente iraquí se queja de que el stress de la guerra le está dando acné y cabello con puntas abiertas y teme la posibilidad de morir sin haberse enamorado por primera vez. Su más grande preocupación filosófica es saber si su admiración por Michael Jackson puede ser reconciliada con el Corán.

Los intentos de Scranton de pintar la belleza en medio del trasfondo de la guerra no son empalagosos. Un soldado estadounidense que retorna reflexiona que la "sensación de que la guerra se desliza como una vieja chaqueta", haciendo eco de la brillante y sencilla línea de Hemingway de Adiós a las armas: "la guerra parecía tan lejana como los juegos de fútbol de algún otro colegio".

Las descripciones de Irak en las horas antes del bombardeo, por ejemplo, son notables. El principal personaje iraquí, Qasim, despierta de una pesadilla y mira desde la ventana de su cuarto en Bagdad.

"El amanecer brillaba sobre una línea roja. Las palmas negras se elevaban como minaretes y los minaretes se elevaban como cohetes: el cielo flotaba negro por debajo de un mar azul estrellado, y era así como venían hacia él, como tiburones. ¿Ya había empezado? ¿Eran las luces en el cielo el mar o la ciudad?".

Luego que comienza el bombardeo, la familia de Qasim observa a su ciudad bajo asedio por CNN: "Veían bolas de fuego elevarse en la noche a través de Dijlah, flores rojas y doradas florecían en aguas negras. Vieron su ciudad en verde desde arriba, en videos hechos por los hombres que los estaban matando, brillantes líneas de neón recortaban la pantalla, por debajo, pálidas explosiones verdes".

La publicación de estas líneas y del libro en conjunto tiene una significancia objetiva. El odio por la guerra que existe entre las masas del mundo no puede ser silenciado por las mentiras del gobierno y sus propagandistas mediáticos y literarios. War Porn de Roy Scranton expresa y ayuda a desarrollar la profunda inquina social que surge entre los murmullos de descontento de una sociedad devastada por la guerra imperialista.