Nada revolucionario en “Nuestra Revolución” de Sanders

2 septiembre 2016

El senador de Vermont Bernie Sanders introdujo Nuestra Revolución (Our Revolution) el 24 de agosto. Es la organización sucesora de su campaña para la nominación presidencial en el Partido Demócrata. A pesar del su nombre y del pretencioso y sofisticado video introductorio en el sito Web del grupo, Nuestra Revolución no tiene nada de revolucionario.

El vídeo invoca "el idealismo, la energía y la inteligencia de millones de personas" y sugiere que sus acciones seguirán una larga tradición de lucha popular de cientos e incluso miles de años. Pero de acuerdo con la perspectiva especificada por Sanders en su discurso en directo, este supuestamente poderoso río de lucha va a depositar sus aguas en el pozo negro del Partido Demócrata y la campaña de Hillary Clinton.

Nuestra Revolución "se centrará en tres áreas distintas de trabajo", según sus anuncios por correo electrónico y Facebook: "(1) llevar a millones de trabajadores y jóvenes al sistema político; (2) inspirar, reclutar y apoyar a candidatos progresistas en todo el ámbito gubernamental —desde la comunidad educativa al Senado estadounidense; (3) educar al público acerca de los problemas más graves que enfrenta nuestra nación y las soluciones audaces necesarias para superarlos."

Esto significa en realidad (1) registrar a individuos al Partido Demócrata y animarlos para que voten por éste; (2) participar en las primarias del, y votar por los candidatos del Partido Demócrata elecciones generales; (3) realizar propaganda para pintar a la reaccionaria política capitalista e imperialista del Partido Demócrata como la solución a los problemas sociales que enfrenta la gente trabajadora.

Cada uno de los candidatos propuestos en el sitio Web de Nuestra Revolución pertenece al Partido Demócrata, incluyendo portaestandartes del partido de toda la vida como el ex senador Russ Feingold de Wisconsin, quien busca reconquistar su antiguo escaño después de haber sido derrotado en el 2010 por un derechista republicano; los representantes titulares Raúl Grijalva de Arizona, Tulsi Gabbard de Hawai, Keith Ellison de Minnesota y Marcy Kaptur de Ohio; y un montón de otros candidatos por el Partido Demócrata para el Congreso y el gobierno estatal y local.

El único candidato siquiera nominalmente "independiente" asociado a Nuestra Revolución es el propio Sanders, quien reanudó esta condición estrictamente simbólica cuando regresó a su puesto como senador de Vermont. Por lo tanto, Nuestra Revolución refuerza el monopolio político del sistema bipartidista, lo cual permite a la aristocracia financiera estadounidense controlar y manipular la vida política del país.

Mientras que sólo unos pocos cientos de personas asistieron al lanzamiento oficial en Burlington, Vermont, Sanders se dirigió a una audiencia de unas 2.600 reuniones en sus casas y a más de 200.000 espectadores en vivo por Facebook. En los cuatro días que han pasado, el video de lanzamiento se ha visto cerca de 200.000 veces en YouTube. Estas cifras sugieren que Sanders sigue atrayendo considerable interés entre los trabajadores y jóvenes después de su campaña por la nominación presidencial del Partido Demócrata, cuando ganó 22 en estados y logró 13 millones de votos.

En su discurso Sanders defirió poco de las frases trilladas lugares comunes de sus discursos de campaña, excepto que fue aún más dócil. No mencionó ni una sola vez las palabras ”socialismo", "capitalismo", "clase obrera" o "clase capitalista." No hizo referencia a los "millonarios y multimillonarios", cuya influencia política denunciaba regularmente durante las elecciones preliminares, pero cuyo apoyo puede ser requerido para mantener Nuestra Revolución .

Como fue el caso a lo largo de las elecciones preliminares, Sanders no hizo mención a la creciente amenaza de guerra y no hizo ninguna crítica acerca de la política exterior del gobierno de Obama, incluyendo su escalada de la guerra estadounidense en Siria e Irak, el uso generalizado de misiles operados por drones para asesinar aquellos que son escogidos por la CIA y el Pentágono, y la creciente escalada militar contra Rusia y China. La sección titulada ”Nuestros Problemas" de la página Web de Nuestra Revolución enumera 17 temas, cada uno de ellos relacionado con cuestiones domésticas. No hay ni una sola referencia a la política exterior o a la guerra.

El silencio de Sanders sobre la guerra es aún más sorprendente considerando que esa misma mañana se expandía el conflicto sirio con la entrada de tropas turcas, quienes cruzaron la frontera con la ayuda de cobertura aérea estadounidense y comenzaron a capturar territorio sirio.

Sin hacer ninguna referencia a este ominoso desarrollo, el cual aumenta el riesgo de un conflicto militar directo entre los EE.UU. y Rusia, que tiene armas nucleares, Sanders reafirmó que la plataforma del Partido Demócrata negociada con Hillary Clinton es la "más progresiva” en la historia. Esa plataforma apoya la guerra del gobierno de Obama contra el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), incluyendo su intervención ilegal en Siria, así como la acumulación militar de EE.UU. y de la OTAN a lo largo de la frontera occidental rusa y el "giro" de Obama y Clinton a Asia. Esta última posicionará 60 por ciento de las fuerzas marinas y aéreas estadounidenses cerca de China.

Respondiendo a los críticos que advierten que las plataformas del Partido Demócrata se ignoran rutinariamente por los presidentes y gobiernos de ese partido, Sanders dijo, "Si alguien piensa que este documento y lo que está en esa plataforma será simplemente enterrado en algún cajón, acumulando polvo, están muy equivocados."

Cuando se trata de las débiles reformas sociales enumeradas en la plataforma, la declaración de Sanders es falsa, y él lo sabe. Si Clinton gana la elección, las promesas de expandir la atención médica, un programa masivo de empleos, educación universitaria gratuita y un salario mínimo de $15 se desecharán sin remordimiento. Las promesas de la plataforma, por lo contrario, de construir al ejército estadounidense más fuerte posible y usarlo en el Medio Oriente, Europa del Este y la región de Asia y el Pacífico estarán sin duda en los planes de Clinton.

Sanders sólo tuvo una crítica sobre el gobierno de Obama: el apoyo de Obama para el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (Trans-Pacific Partnership, TPP), el acuerdo comercial que busca movilizar a los países de Asia, América del Norte y América del Sur bajo el liderazgo estadounidense contra China, que fue excluido del acuerdo. Sanders quiere una política económica aún más nacionalista, haciendo eco al chovinismo rabioso antichino de Donald Trump.

De los 15 miembros de originales de Nuestra Revolución, 8 renunciaron después de que Sanders nombró a su ex jefe de campaña, Jeff Weaver, como presidente. Hubieron objeciones a su decisión de buscar un estatus de bajo la cláusula 501(c)(4) del código electoral, que le permite al grupo recaudar grandes contribuciones y mantener secreta la identidad de sus donantes.

Toda la operación devela la verdadera función política de la campaña de Sanders desde su comienzo. Esta no fue la expresión política del creciente sentimiento anticapitalista de los trabajadores y los jóvenes en los EE.UU., sino más bien la respuesta de un sector de la clase dominante a este desarrollo alarmante. Sanders ofreció muy conscientemente sus servicios como un pararrayos político, utilizando el habla de una "revolución política" en contra de la "clase multimillonaria" para canalizar la ira de las masas contra la desigualdad social y la dominación del sistema político por Wall Street detrás del Partido Demócrata, donde podría ser estrangulada y disipada.

El mismo Sanders se sorprendió por la respuesta masiva a su retórica y toda la aristocracia financiera se horrorizó cuando su pretensión de ser un "socialista democrático" demostró ser un punto de atracción potente.

La formación de Nuestra Revolución demuestra que Sanders busca continuar brindando sus servicios al sistema capitalista bipartidista. Pero las condiciones de crisis capitalista, el desempleo, la pobreza, la desigualdad y la guerra que alimentaron la radicalización política que inicialmente y temporalmente beneficiaron a Sanders, no van a desaparecer después de las elecciones. El resultado de la competencia entre el multimillonario fascista Donald Trump y Hillary Clinton, la candidata favorita de Wall Street, el Pentágono y la CIA, será un giro hacia la derecha y una gran escalada de la violencia militar estadounidense a nivel internacional.

En las luchas masivas inminentes de la clase obrera, es fundamental que las lecciones de la campaña de Sanders sean asimiladas. La lucha contra la guerra y la desigualdad no se pueden ser llevadas a cabo en el marco de la política capitalista. Es inevitable un choque directo a la riqueza y el poder de la clase dominante. La clase obrera debe liberarse del Partido Demócrata y de toda la política burguesa y construir un movimiento político independiente para luchar por el poder obrero y el socialismo.

Patrick Martin