El crisol de clases y las matanzas policiales en Louisiana y Minnesota

14 julio 2016

Millones de personas alrededor del mundo reaccionaron con confusión, indignación y repudio a los más recientes videos e imágenes del asesinato a manos de la policía en los Estados Unidos. Miles de personas participaron en manifestaciones a lo largo de Estados Unidos el jueves, y el viernes.

Videos de los momentos finales y terribles de Alton Sterling, de 37 años, y Philando Castile, de 32 años, han sido vistos y compartidos millones de veces en Facebook y otras redes sociales. En julio 5, la policía le disparó a quemarropa a Sterling por lo menos tres veces en Baton Rogue, Louisiana mientras que él se encontraba inmovilizado en el suelo. El día siguiente, a Castile le dispararon por lo menos cuatro veces en una señal de tránsito en Falcon Heights, Minnesota, mientras que su novia y el hijo de ella observaban sin poder hacer nada. Ambos, Sterling y Castile, eran afroamericanos.

Menos divulgados en los medios de comunicación fueron dos homicidios que subrayan la omnipresencia de la brutalidad policial en Estados Unidos, y el hecho de que no es dirigida solo hacia los afroamericanos. El jueves, un vídeo de teléfono celular fue publicado por Fresno Bee mostrando la matanza de Dylan Noble, de 19 años, a manos de la policía en Fresno, California el 25 de junio. Noble, quien era blanco y no estaba armado, aparece en el video tirado en el piso e inmóvil mientras que la policía dispara varias rondas hacia su cuerpo. Al final de semana pasada, la policía de Fullerton, California le disparó y mató a Pedro Erik Villanueva, de 19 años, un joven hispano que no estaba armado, después de una persecución automovilística.

Las muertes de Sterling y Castile, como casi todas las otras 600 matanzas a manos de la policía que han ocurrido hasta ahora este año, más las otras miles desde que el gobierno de Obama asumió el poder, hubieran sido “escondidas debajo de la alfombra” (por usar la frase de Quinyetta Mcmillan, la madre de uno de los hijos del Sr. Sterling) si no hubieran sido filmadas por testigos usando cámaras de teléfonos celulares.

Han pasado casi dos años desde que la muerte de Michael Brown en agosto 9 del 2014 desató protestas nacionales contra la violencia policial. Sin embargo, a pesar de las promesas de "reforma" y cínicas declaraciones de preocupación por parte de la clase política cuando uno u otro asesinato desata protestas, la tormenta de violencia no cesa. De hecho, el número de homicidios en lo que va de este año supera el número de estadounidenses que murieron en los primeros seis meses y medio del año 2015.

De eso hay que internalizar esta conclusión: Es imposible entender la epidemia de la violencia policial sin comprender la realidad del capitalismo estadounidense; Estados Unidos se caracteriza por una grande y creciente desigualdad social, en la cual la pobreza masiva y la falta de trabajo coexisten con el casi incomprensible enriquecimiento de una oligarquía financiera. Mientras que uno de cada siete estadounidenses está debajo de la línea oficial de pobreza, 400 personas controlan $ 2,34 billones de dólares.

La misma clase gobernante que hoy conduce una guerra implacable contra la clase obrera se dedica a la atroz violencia a través del mundo. La política interior y exterior no están separadas por un muro de hierro; los métodos utilizados en el extranjero se despliegan en casa cada vez más para manejar la crisis social. En el aparato general de la represión estatal, la policía, armada hasta los dientes con el armamento más moderno, desempeña un papel central.

La violencia policial es en su esencia una cuestión de clase. Entendiendo que la oposición a la violencia policial amenaza con catalizar una movilización más amplia de la clase obrera, los políticos y los medios de comunicación ahora se apuran para presentar las matanzas de Sterling y Castile como fenómenos cuya fuerza motriz exclusiva es el racismo.

El racismo sin duda desempeña un papel en muchos asesinatos por la policía. Sin embargo, es contradictorio y e insostenible declarar que la violencia policial puede ser explicada solamente en términos raciales. Mientras que los afroamericanos son desproporcionadamente víctimas de la violencia policial, la mitad de los que son asesinados por la policía son blancos, según un análisis hecho por el Washington Post. En muchos casos, como en las matanzas de Freddie Gray en Baltimore, los oficiales también eran negros o hispanos. En muchas de las ciudades con la peor violencia policial, como Baltimore y Filadelfia, la mayoría de los oficiales de policía pertenecen a minorías, y sus gobiernos municipales están compuestos de jefes de policía negros, miembros del consejo municipal negros y alcaldes negros.

Quizás más significativamente, el sinfín de asesinatos a manos de la policía se ha llevado a cabo bajo la presidencia de Barack Obama, un afroamericano, cuyo gobierno manipula investigaciones federales para encubrir las matanzas a manos de la policía, que ha estado a favor de la policía en cada caso de uso de fuerza ante la Corte Suprema y que continua la transferencia de armas militares a las fuerzas policiales locales por todo el país.

La Casa Blanca de Obama presidió sobre el despliegue de la policía militarizada y la Guardia Nacional ( National Guard ) para reprimir las manifestaciones en Ferguson, Missouri, en el 2014 y en Baltimore, Maryland, el año pasado, después de las ejecuciones de Michael Brown y Freddie Gray.

En un discurso en Warsaw, Polonia el siete de julio, Obama defendió a la policía al mismo tiempo que le daba a los asesinatos un matiz racial. Habló de la existencia de “prejuicios a lo largo del sistema de justicia criminal” que hace que “la gente negra sea más vulnerable a este tipo de incidentes.” Añadió que “si las comunidades no confían en la policía, esto hace más difícil la labor de sus agentes —que se desempeñan muy bien.”

Obama habló el mismo día que el New York Times –que durante semanas recientes ha intensificado su campaña para enterrar las cuestiones de la desigualdad social en Estados Unidos— publicó una columna titulada “Alton Sterling y cuando las vidas negras dejaron de importar,” presentando las matanzas como el resultado de un “mundo en el cual demasiada gente tiene el dedo en el gatillo de pistolas apuntadas directamente a la gente negra.”

Otra columna, publicada en la página de Internet del Times el jueves por la noche, insiste que “América blanca…nunca comprenderá” la experiencia de “una nación de casi 40 millones de almas negras dentro de una nación de más de 320 millones de personas.”

Estas declaraciones tienen el propósito de debilitar el sentimiento instintivo de solidaridad que sienten los trabajadores de todas las razas hacia los eventos de la primera semana de julio, mientas que al mismo tiempo desvían esa oposición por canales que no amenazan a la clase gobernante y al sistema económico que ésta defiende.

Estados Unidos está al borde de grandes convulsiones sociales y políticas. Todo el año pasado, la creciente radicalización política de los trabajadores y jóvenes encontró expresión en el apoyo para Bernie Sanders, quien se presentó como un socialista y enfocó su campaña sobre la cuestiones de desigualdad social y el poder de la “clase megamillonaria.” Mientras que Sanders procede a endosar a Clinton y busca convencer a sus seguidores para que apoyen a la candidata de Wall Street y del aparato militar y de inteligencia, los medios de difusión y el Partido Demócrata buscan cambiar el tema: del de la desigualdad social al de la raza y la política de identidad.

La rapidez con la cual los medios de comunicación y el sistema político ahora se dedican a presentar matanzas policiales como simplemente una cuestión de raza refleja el miedo que tienen de que la amplia oposición a la violencia policial pudiera juntarse con la creciente radicalización social y política de la clase obrera.

Eso es precisamente lo que es requerido. Tanto la lucha contra la violencia policial, como la defensa de todos los derechos democráticos, pueden avanzar sólo en el contexto de una campaña por la unidad de la clase obrera de todas las razas e identidades étnicas en una lucha conjunta contra el sistema capitalista.

Andre Damon