La detección de ondas gravitacionales: Un conquista científica

por Bryan Dyne
11 julio 2016

La primera detección directa de ondas gravitacionales, cuya existencia fue anticipada por Albert Einstein hace casi exactamente un siglo, es una importiante conquista para el conocimiento científico y el dominio técnico del mundo natural.

Instrumentos científicos de una precisión nunca antes lograda, detectores del Observatorio Interferómetro Láser de Ondas Gravitacionales ( Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory, LIGO), han medido minúsculas ondulaciones en el espacio y el tiempo causado por la fusión de dos agujeros negros a más de mil millones de años luz de la Tierra. Este descubrimiento es el comienzo de la era de la astronomía de ondas gravitacionales.

Han contribuido a este éxito, anunciado el 11 de febrero del 2016, cuatro décadas de transformadoras investigacións sobre lásers, la tecnología del vacío, detección y sismología. Se crearon nuevas matemáticas para extraer una señal entre el ruido de fondo de los detectores. Miles de ingenieros y científicos resolvieron innumerables difficultades técnicas y revisaron la detección inicial y sus consecuencias durante los meses anteriores a la primera publicación de los resultados científicos.

La detección no se limita a verificar la existencia de las ondas gravitacionales. El modelo de computo, que sólo es producto de esta última década, pronostica la forma de estas ondas partiendo de una serie de fuentes astrofísicas, así como de una serie de modelos teóricos que van más allá de las ecuaciones de la relatividad general de Einstein de 1915-16. Aun así la forma particular de las ondas del pulso sónico detectado, corresponde precisamente a los modelos de Einstein de la fusión de dos agujeros negros a 1,3 mil millones de años luz de distancia de la tierra, con masas 29 veces y 36 veces la del sol. Por otra parte, esta es la primera detección de agujeros negros de masa intermedia, más pesados que la mayoría de las estrellas, pero más ligeros que los supermasivos hoyos negros que se encuentran en el centro de las galaxias.

Al igual que el descubrimiento hace un siglo y medio que diversos tipos de luz son parte de un espectro más amplio de radiación, el estudio de las ondas gravitacionales permitirá observar el universo con un enfoque nuevo. Los objetos como los agujeros negros, invisibles cuando se estudian con la luz, son detectables con las ondas gravitacionales. El universo naciente, oculto a la vista directa electromagnética, podrá ser revelado investigando las vibraciones primordiales de espacio-tiempo que surgieron de la Gran Explosión ( Big Bang ). La materia oscura, que no emite luz, pero es cinco veces más común que la materia normal, sería detectable por interacciones gravitacionales débiles; en fin, los resultados iniciales son sólo un indicio de lo que está por venir.

La impresionante confirmación de fenómenos sólo teóricamente anticipados desde hace 100 años destroza la incesante exaltación contemporánea del irracionalismo, tratese de la explotación del atraso y de prejuicios religiosos o de la promoción de la postmodernidad con su rechazo a la verdad objetiva. Es una poderosa reivindicación de la concepción materialista del mundo, de la existencia de leyes objetivas de la naturaleza y de la capacidad de los seres humanos a comprenderlas.

Millones de personas en todo el mundo festejan el descubrimiento anunciado en febrero. Los servidores del Physical Review Letters, la revista en la que se publicaron los resultados, no se dieron abasto en los primeros momentos después del anuncio porque personas de todos los ámbitos de la vida quisieron enterarse el descubrimiento de LIGO. Es un momento de gran optimismo porque se han abierto nuevas puertas al progreso humano, sobre todo para una generación que sólo conoce guerras interminables, desigualdad, pobreza, austeridad, espionaje interno y brutalidad policial.

También existe una instintiva comprensión que los métodos empleados para descubrir ondas gravitacionales y producir otros avances científicos y técnicos se pueden utilizar para resolver problemas sociales y económicos. La gente se pregunta, y con razón, ¿cómo es que nuestra sociedad puede detectar una señal que tiene una amplitud de una milésima del grosor de un protón pero no es capaz de proveer suficientes alimentos, viviendas, educación o cuidado médico para los habitantes del mundo?

Hay un gran contradicción entre la forma en que se organizó el proyecto LIGO y las operaciones diarias del capitalismo mundial, un sistema social basado en la cada vez mayor acumulación de lucro particular en base a métodos cada vez más catastróficos y parasitarios. Miles de científicos colaboraron en un proyecto único, cuya fuerza motriz es la búsqueda del conocimiento y no la acumulación de enormes cantidades de riqueza personal, donde las decisiones se tomaban en base a criterios objetivos, con mecanismos de retroalimentación elaborados para prevenir errores involuntarios o cualquier intento de manipular los resultados.

Esto contrasta con la irracionalidad del sistema capitalista de estados naciónales, con sus guerras, invasiones, bombardeos y con la enorme ola de migrantes cuyo mundo se ha convertido en una gigantesca prisión. La colaboración científica LIGO incluye individuos de Australia, China, Alemania, Gran Bretaña, India, Rusia y Estados Unidos. Cada uno de estos especialistas, en pos de su misión, rechaza hasta cierto punto el mantra constante del chovinismo nacional y reaccionario pregonado por las elites dominantes en cada país.

Estos avances científicos son menos frecuentes de lo que serían si los inmensos recursos malgastados en la guerra y el parasitismo fueran concentrados en diversos campos del conocimiento –desde los movimientos de los agujeros negros hace mil millones de años hasta la investigación para descubrir las causas del cáncer, solucionar al calentamiento global y desarrollar la producción agrícola— para mejor dominar el mundo material y hacer crecer el bienestar general de la raza humana.