El referéndum Brexit y la clase obrera europea

por Peter Schwarz
23 junio 2016

Discurso de Peter Schwarz, secretario del Comité Internacional del la Cuarta Internacional, en Londres el 14 de junio en una reunión del Partido Socialista por la Igualdad (Reino Unido).

El referéndum del 23 de junio sobre si Gran Bretaña se sale o no de la Unión Europea (UE) representa un parteaguas histórico, tanto para Gran Bretaña como para Europa, no importa cual sea el resultado.

Si gana la campaña Leave, si una mayoría decide salir de la UE, las consecuencias económicas serán profundas. Es difícil decir cuales de los pronósticos y amenazas que están circulando son serios y cuales son propaganda. No obstante desde el punto de vista objetivo, todo cálculo debe concluir que las consecuencias económicas del Brexit (salida) serían cuantiosas. Que la segunda economía europea se separe de la UE impactará enormemente a la libra esterlina, a los mercados financieros y la bolsa, las inversiones, el comercio internacional y los empleos.

Discutamos tan solo un ejemplo de las muchas cosas que cambiarán: Existen miles de acuerdos en la UE sobre comercio, producción e impuestos que tendrán que ser renegociados. La EU también ha firmado más de cincuenta acuerdos con otras naciones que tendrán que ser nuevamente negociados.

Negociaciones de ese tipo por lo general duran años, aun décadas. El Brexit causaría muchas complicaciones, fricciones y tensiones. Aceleraría una tendencia que ya existe por todo el mundo: La renovación del nacionalismo económico, el resquebrajamiento de la economía global y su metamorfosis en témpanos comerciales, separados uno de otros, la intensificación de guerras de divisas, guerras comerciales y antagonismos nacionales. Tal fenómeno ocurrió en los años treinta. Estuvo ligado con la depresión, con su enorme desocupación. Fue la principal causa de la Segunda Guerra Mundial.

Más serios que los resultados económicos, a lo largo, serían las consecuencial políticas del Brexit.

Hubo un tiempo que a nuestra generación le pareció obvio que habían sido resueltos todos los antagonismos que habían convertido a Europa en el principal campo de batalla de dos guerras mundiales. Ya no es así. El equilibrio de posguerra entre las potencias europeas, especialmente entre Alemania, Francia y Gran Bretaña, se basó en una serie de factores únicos que o han desaparecido o están por desaparecer: La guerra fría –la rivalidad con la Unión Soviética— unía a las potencias imperialistas europeas; el rol dominante del imperialismo estadounidense en el mundo; el desarrollo económico de posguerra que le hizo posible a la burguesía hacer concesiones para amenguar la lucha de clases.

Todo eso está en el pasado. El colapso de la Unión Soviética y de Europa Oriental; la sarta sin fin de ataques a condiciones sociales intensifica las contradicciones entre las clases sociales; el impacto de la crisis financiera del 2008 –que ha arruinado países más débiles como Grecia y acrecentado la superioridad económica alemana— han socavado este balance.

Que Gran Bretaña se salga de la UE destrozará la unión y acelerará la desintegración de Europa en estados nacionales rivales y hostiles entre sí.

Gran Bretaña siempre balanceó las rivalidades entre las dos potencias del continente europeo, Alemania y Francia.

Es notable la reacción de la prensa alemana. Pasó mucho tiempo antes que se diera cuenta que algo muy serio ocurría. El más reciente número de Der Speigel, la revista alemana de más circulación, apareció en dos lenguajes. Sobre una bandera británica, el titular dice “Por favor no se vayan”. Veinticinco páginas están impresas en alemán e inglés.

El editorial señala que Brexit, “no es nada menos que el futuro de un proyecto de paz que, en 1946, comenzaron naciones que habían sido enemigas, sobre el campo yermo de un continente destrozado…”.

Hay que notar que Die Zeit no sólo considera el Brexit una enorme cuestión para Europa, sino para las relaciones con Estados Unidos. Escriben: “Gran Bretaña es el puente entre Europa y Estados Unidos. Si Gran Bretaña se separa de la UE en esta margen del Atlántico, y Donald Trump se hace presidente en la otra margen, entonces peligrarán alianzas que hasta ahora parecían permanentes…”.

La revista pronostica que la creciente desintegración de la UE también acabaría con la alianza Atlántica.

La más asombrosa oración de todas dice: “Con Brexit, Alemania perdería un importante aliado y, siendo una gran potencia central en el continente europeo, estaría obligada a asumir un papel de liderazgo que nunca quiso” [nuestro énfasis].

Alemania, que en dos ocasiones intentó conquistar militarmente a Europa, estará, dice el artículo, obligada a asumir un papel de liderazgo que “¡nunca quiso”! Esa oración es una amenaza que devela las ideas y los proyectos de las élites de poder.

Der Spiegel no ha inventado nada de eso. Es un tema constante en la obra de Herfried Münkler, el profesor de la Universidad de Humbolt que pregona el renacer del militarismo y del imperialismo alemán. Los que entre ustedes estén enterados, mediante el World Socialist Web Site, de la campaña de los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (JEIIS) en Berlín, muy bien conocen su nombre.

Si Gran Bretaña permanece en la Unión Europea, las consecuencias serán menos inmediatas pero el drama será similar. El referéndum no detendrá todas las corrientes que han convertido a la UE en la institución más odiada del continente europeo. Las acelerará. La UE continuará e incrementará su papel de campeón del neoliberalismo, fuerza motriz de los ataques a las condiciones sociales de la clase obrera, desreguladora y transformadora de Europa en un estado policial y una fortaleza militar.

Las pocas mejoras que trajo la UE –eliminación de controles fronterizos, la posibilidad laborar y estudiar en el país que uno desee, ciertos derechos democráticos garantizados— ya están siendo arrebatadas, so pretexto de combatir el terrorismo y desalentar a refugiados. La ola de xenofobia, que tiraniza la campaña del referéndum, existe en toda Europa.

Uno de los principales argumentos de la campaña Remain, de los pro europeos, es hacer un pivote de una alianza económica a una alianza militar. Sin pelos en la lengua, el Süddeutsche Zeitung (uno de los principales diarios alemanes) publicó ese mensaje: “Solos juntos pueden los europeos encarar a grandes potencias, como Estados Unidos y China”.

Ese es el argumento más común en Alemania a favor de la UE: Si deseamos convertirnos nuevamente en una potencia mundial, solo podemos hacerlo estando juntos. Es de notar que el Süddeutsche no menciona a Rusia sino a Estados Unidos y China como posibles potencias rivales.

Las rivalidades nacionales también crecerán de quedarse Gran Bretaña en la UE. Es típico el comentario que apareció en Le Monde, el principal diario de Francia, que apoya al gobierno del Partido Socialista. Le Monde ya exige medidas de parte de Francia para resistir el control alemán y británico, de permanecer Gran Bretaña en la UE. Escribe que si gana la campaña Remain “se haría más fuerte la congruencia económica entre Alemania y Gran Bretaña, las dos economías más grandes de Europa… Francia, si desea no ser marginalizada, … debe adelantar la iniciativa…”.

La cuestión que con más claridad ilumina la esencia de la UE es el argumento que uno ahora oye por todas partes en Bruselas, Berlín y otras capitales. Cuando se les pregunta a políticos: ¿Cómo es que ustedes no piden públicamente que Gran Bretaña permanezca en la UE? ¿Cómo es que ustedes no viajan a Gran Bretaña para apoyar al lado Remain? Generalmente responden que si así lo hicieran, ganaría el lado del Leave .

Ellos mismos están convencidos que la UE es tan impopular y tan odiada por las masas de la gente, que si se pronuncian activamente por Remain, el efecto será al revés.

Lo que más se nota de este referéndum es que a nadie parece habérsele ocurrido las consecuencias. El primer ministro David Cameron organizó el referéndum principalmente por razones tácticas. Respondió a divisiones dentro de su propio partido y luego prometió un referéndum en caso de ser reelegido, aunque dice ahora que favorece quedarse dentro de la UE.

Los argumentos de ambas fracciones, Pro y antieuropeas (Remain y Leave), dependen de groseros cálculos, de los más pragmáticos y más miopes.

La razón fundamental es revolver el nacionalismo y la xenofobia para descarrilar el repudio y la creciente inquina de la clase obrera –cosa que es parte de un fenómeno mundial. Las clases de poder de toda Europa bien entienden que son una señal, de que se acercan grandes batallas de clase, los acontecimientos en Grecia, donde existen enormes movilizaciones contra Syriza, y en Francia, donde continúan las huelgas contra la nueva ley laboral del Partido Socialista. La xenofobia y el militarismo son herramientas para frenar ese movimiento.

Por muchos meses en casi todos los países Europeos, poca atención existió hacia el referéndum. Todos creían que ganaría la fracción Remain. Ahora se propaga el pánico.

En un artículo anterior, dimos algunos ejemplos de ese pánico: Der Standard, principal diario de Austria, señala que “entretelones, se extiende la preocupación sobre lo ‘inconcebible’”. Dice el Neue Zürgher Zeitung, diario de la banca suiza: “Cuando Europa despierte en la mañana del 24 de junio, se encontrará en un mapa político donde hubo cambios muy radicales durante la noche, cosa que no había ocurrido desde el desmoronamiento del muro de Berlín en 1989”.

El diario italiano Il Sole 24 Ore, dice: “ Brexit abrirá una caja de Pandora, y producirá una ola de acusaciones y quizás otros intentos de separación … Poco importa el resultado del voto del 23 de junio; ya se ha perdido todo”.

De esos comentarios hemos escrito: “No es un fenómeno individual la inconciencia, brutalidad y la miopía política con que los partidarios y opositores del Brexit insisten en resquebrajar, destruir y militarizar a la UE, es un fenómeno típico de una clase de poder cuyo sistema social está históricamente agotado. Las élites de poder no tienen la capacidad de mirar al futuro y se preocupan sólo con sus privilegios e intereses inmediatos”.

Repito: este es una exteriorización mundial. Fijémonos en las elecciones estadounidenses. Será una lucha entre dos de los más odiados políticos en los Estados Unidos, Hillary Clinton, una de los representantes más infames del los grupos de poder políticos, financieros y militares, y Donald Trump, un megamillonario semifascista y semicriminal. Esa aberración sólo puede ser producto de la crisis, de la putrefacción y de la polarización de clases en Estados Unidos.

Esos son los mismos componentes que se develan en la campaña Brexit: el militarismo, la xenofobia, y su versión “izquierdista”, la política de identidad.

Ejemplificando la manera en que se utiliza la política de identidad para capar y encarrilar las enormes tensiones sociales sobre vías que no puede hacerle ningún daño a la clase de poder, está la reciente campaña política y mediática sobre la condena de un estudiante de la Universidad de Stanford por el asalto sexual de una joven después de una fiesta en un club fraternal de la universidad.

Por la derecha observamos la evolución de reaccionarios individuos como Marine Le Pen en Francia, Norbert Hofer en Australia, la Alternativa Alemana (Alternative für Deutschland), y similares grupos en muchos países, cosa que plantea muy serias cuestiones históricas.

Lecciones del pasado alemán

De joven, cuando desarrollé un interés en la política, uno de los interrogantes que pasaban en mi mente era: ¿Cómo fue posible que un antisemita, un individuo déclassé de los barrios más bajos de Viena, se convirtiera en el Führer de Alemania? De ninguna manera dependía la respuesta en la personalidad de Hitler; derivaba de la crisis y del callejón sin salida del capitalismo alemán.

Existe un dicho que dice “las gentes reciben los líderes que merecen”. Ese no era el caso el la Alemania de los 1930. Millones de trabajadores repudiaban a Hitler, pero fueron engañados por sus dirigentes. Hoy día existe un enorme repudio general de los obreros y los jóvenes contra los ataques sociales, el militarismo y la xenofobia. El apoyo en Estados Unidos por Bernie Sanders es un ejemplo. Sin embargo ese repudio no encuentra ni voz ni dirección. Las élites de poder se la salen con la suya a falta de un movimiento obrero con un entendimiento político.

Las que solían ser llamadas organizaciones “obreras” –sindicatos, el Partido Laborista y organizaciones afines— se han convertido en instrumentos del estado burgués. Como vemos en Grecia, Francia y otros países, estas organizaciones se prestan para ser la punta de la lanza burguesa de los ataques a las condiciones sociales. Tony Blair (laborista) y Gerhard Schröder (social demócrata) son los que más éxito tuvieron en la destrucción de las conquistas sociales que lo obreros habían logrado en intensas luchas durante el periodo de posguerra.

La misión central para la clase obrera actual es la construcción de un nuevo liderazgo, un partido revolucionario del proletariado. Eso sólo puede lograrse partiendo de las lecciones de la historia. Por lo tanto quiero referirme a algunas cuestiones que vienen al caso en torno al referéndum de Brexit.

Gran Bretaña tiene la clase obrera más antigua del mundo, con largas y orgullosas tradiciones de militancia. Una de esas tradiciones es el cartismo (Chartism), movimiento que ejerció una enorme influencia sobre Marx y Engels. Escribe Trotsky: “Sin el cartismo, sin embargo, no hubiera ocurrido la Comuna de París. Sin los dos, no hubiera ocurrido la Revolución de Octubre”.

Existen las tradiciones del sindicalismo militante del siglo XIX, de la huelga general de 1926, de la huelga minera de 1974 que derrocó al gobierno del primer ministro Heath y de la huelga minera de 1984 y 1985.

También existe una muy larga tradición de oportunismo político. La lucha por el marxismo en Gran Bretaña fue larga y difícil en extremo. Cuando Lenin escribió, en su obra Imperialismo, sobre la habilidad de la burguesía imperialista de corromper un sector de la clase obrera, de la aristocracia laboral, se refería principalmente a Gran Bretaña. La enorme riqueza y poder del imperialismo británico en el siglo XIX le hizo posible sobornar a esa capa pequeña y privilegiada de los trabajadores que controlaba la lucha de clase y rechazaba con vigor a la revolución social.

De esa capa salieron individuos como Ramsay MacDonald, Beatrice y Sydney Webb, sobre los que Trotsky escribió excelentes artículos. Uno de esos, La teoría fabiana del socialismo, comienza así:

Dejemos de lado nuestro natural asco y leamos el artículo en que Ramsay Macdonald desarrolla sus opiniones unos días antes de abandonar el poder. Advertimos de antemano al lector que tendremos que penetrar una prendería de ideas, en donde el olor sofocante del alcanfor no estorba la labor de las polillas.

Hay que admitir que aun la personas que Trotsky menciona parecen ser bastante decentes cuando uno se fija en algunos de los escritos del grupo de “izquierda” de Brexit (Left Leave).

Tenemos a George Galloway, quien compartió la tribuna con Nigel Farage (UK Independece Party [UKIP], de derecha extrema), bajo el eslogan “izquierda, derecha, izquierda, derecha, marcha a la victoria el 23 de junio”.

Están los líderes del Partido Socialista de los Trabajadores (Socialist Workers Party, SWP) que nos dicen que Brexit dividirá el Partido Conservador, cosa que hará posible que Jeremy Corbyn (Partido Laborista) tome el poder. Alex Callinicos escribe: “No le tengo miedo a Boris Johnson, la victoria de Leave explotaría al gobierno tory y acabaría con sus dos personajes principales, Cameron y Osborne. … Ocurrirá una violenta guerra de fracciones, que harán parecer un salón de té las peleas que ocurrieron bajo Thatcher. Si gana Leave, tendremos la oportunidad de quebrar a un enemigo despiadado y opresivo”.

Joseph Choonara, otro dirigente del SWP, escribe: “Aquí en Gran Bretaña alguna gente piensa que Brexit automáticamente fortalecería a la derecha. Sin embargo, si Cameron pierde el referéndum, se debilitaría la clase de poder. De seguro sería el fin del mandato de Cameron. Los torys quedarían en la desesperación. Potencialmente se beneficiaría Jeremy Corbyn. Para mí sería un balotaje bienvenido, y bienllegada la victoria de Corbyn –cosa que abriría espacios para la izquierda revolucionaria”.

Ese enfoque es criminal por dos razones. Uno, Corbyn no es un socialista. Es un político burgués que ha demostrado en varias ocasiones que no resistirá las exigencias de la clase de poder. De llegar a ser primer ministro, algo bastante improbable, no se comportaría diferente a Alexis Tsipras, el líder de Syriza en Grecia.

Segundo, y más fundamental, es que la lucha por el socialismo no puede pasar por fracciones de la burguesía. El único camino al socialismo el de un movimiento político de la clase obrera. No se lo puede reemplazar con maniobras tácticas, jugando a las escondidas con fracciones derechistas de la burguesía. Debe estar anclado en una perspectiva socialista, tener los ojos abiertos y repudiar todos los sectores de la burguesía.

En esencia, la posición que toma Callinicos: “Luego de Boris, Jeremy”, recuerda a la declaración de Ernst Thälmann: “¡Luego de Hitler, venimos nosotros!” (Nach Hitler kommen wir).

Thälmann fue el líder del Partido Comunista Alemán (KPD) durante los 1930. La historia germana demuestra que la clase obrera pago un precio enorme por esa clase de oportunismo táctico, maniobras aventuradas y pregones nacionalistas. Ya mencioné que Hitler no llegó al poder con el apoyo del “pueblo alemán”. Lo subieron al poder las élites germanas –las fuerzas armadas, los industrialistas, los partidos de derecha— que necesitaban una máquina para aplastar al proletariado y preparar una guerra cercana. Hitler se basó en sectores de la clase media y sectores del lumpen proletariado. En cambio, los principales partidos obreros de entonces: Los partidos Social Democrático (SPD) y KPD (estalinista) contaban con mucho más apoyo.

En las últimas elecciones al parlamento (Reichstag) en 1932, dos meses antes que se lo elevara a Hitler, esos dos partidos obtuvieron dos millones de votos más que los nazis. En verdad, los Nacional Socialistas (Nazis) recibieron menos de un tercio de todos los votos. Por lo tanto, sostener que el pueblo lo elevó a Hitler es un embuste. Fue impuesto en el poder por las élites germanas con el apoyo de sólo una minoría del los alemanes.

El proletariado estaba dispuesto a luchar. Se habían formado defensas armadas. Sus líderes lo traicionaron y paralizaron. El SPD rechazó luchar contra los fascistas y se ancló en el estado burgués, en la policía y los tribunales, que ya para entonces se habían pasado al bando de Hitler (algo que ocurrió de antemano y con rapidez). El KPD –que seguía pregonando la revolución social— desoriento a la clase obrera y desarrolló una desastrosa línea política bajo de influencia de Stalin.

Muchos de ustedes bien saben que el KPD se basó en un programa de apariencia ultra izquierdista. Era la política del “social fascismo”. Los líderes del KPD rechazaban hacer un frente unido con la social democracia contra la amenaza fascista, política que Trotsky reclamaba. Sostenían que la social democracia y el fascismo era gemelos, que los social demócratas era social fascistas. Resultó ser una política desastrosa, que dividió y paralizó a la clase trabajadora.

Lo que no se conoce tan bien es que esta apariencia ultraizquierdista disimulaba el fatalismo, la pasividad y una política que en el fondo era muy derechista. La Internacional Comunista presentó la política del “social fascismo” en 1928, cuando el Sexto Congreso Mundial anunciaba el supuesto “Tercer Periodo” –una época, que, según Stalin, todo evolucionaría hacia la revolución social, en todos los países. Trotsky se opuso a esa política y fue expulsado de la Unión Soviética seis meses después. Tras cierta demora se hicieron evidentes las consecuencias de esa línea.

Un acontecimiento importante fue los que se llamó el Young Referendum de diciembre 1929. Una coalición de partidos nacionalistas derechistas y de grandes industrialistas, organizaron un referéndum en contra del Young Plan, que modificaba las reparaciones de guerra que había fijado el Tratado de Versalles.

Con este referéndum por vez primera los principales partidos burgueses aceptan como socio en su coalición al partido de Hitler, el NSDAP. En verdad, fue invitado a formar la coalición que organizó el referéndum. Ese fue un factor importante que lo hizo presentable al Partido Nazi y le dio una enorme empuje político.

Aunque el KPD rechazaba el Tratado de Versalles, rechazó apoyar a este referéndum derechista. Una declaración del KPD dice: “El Partido Comunista repudia por igual a los dos campos de la reacción burguesa [es decir, a los que apoyan el referéndum y a los que lo rechazan] … sólo la revolución proletaria resolverá la cuestión de reparaciones de guerra”.

En ese momento interviene Stalin. Lo visita en un balneario del Mar Negro Heinz Neumann, uno de los tres líderes del KPD de ese entonces. Según una carta que escribe Neumann sobre su conversación con Stalin, “la campaña del Young Plan, contenía la clave del ‘secreto’ del repentino éxito de los Nazis”.

Stalin insistió que el KPD no podía quedarse al margen y debía hacer un cambio drástico. “De no hacerlo, los fascistas aparentarían ser los únicos representantes de los intereses populares y captarían a miles, aun millones de campesinos, sectores de la clase media urbana, e incluso una enorme cantidad de los obreros que ahora abandonan a la social democracia”. Léase: Stalin deseaba que el KPD se adaptase al nacionalismo.

El KPD obedeció. En el verano de 1930 publicó una declaración llamada “Sobre la liberación nacional y social del pueblo alemán” (Programmerklärung zur nationalen und sozialen Befreiung des deutschen Volkes). La declaración acusaba a los nazis de traicionar los intereses nacionales de los obreros alemanes. La dirección del KPD ya no atacaba a los nazis desde el lado internacionalista. Los atacaba desde la derecha –acusándolos de defender los intereses nacionales sólo de dientes para afuera, y no en la práctica.

De ahí en adelante toda la propaganda del KPD seguiría esa vía nacionalista. En 1931 reemplazó el eslogan oficial de “revolución proletaria” con el de “revolución del pueblo” ( Volksrevolution ). Trotsky comentaría: “Es difícil imaginarse una postración de principios más vergonzosa que el que la burocracia estalinista haya sustituido el eslogan de la revolución proletaria por el de la revolución de pueblo. “No existen astutas estratagemas, ni juegos de frases, ni falsificaciones de la historia que puedan cambiar el hecho que este es una traición de los principios del marxismo, con el objetivo de imitar fielmente a la charlatanería fascista”.

La adaptación a los eslóganes nazis acompañaron el culpar de social fascismo al SPD. Esa estrategia culmina en el supuesto Referéndum Rojo ( Roten Referendum ) de agosto 1931. Los nazis habían organizado un referéndum contra el gobierno de Prusia, que era el más grande del reino alemán (casi el 80 por ciento). Ese gobierno era poderoso porque controlaba la policía de Berlín y gran parte del territorio germano. Era una poderoso centro del estado burgués bajo el control de los partidos Social Demócrata y Centro (Zentrumspartei). El referéndum demandaba reemplazar esa coalición con un gobierno derechista.

El KPD decidió apoyar al referéndum, que ellos nombraron “Referéndum Rojo”. Auque habían rechazado tener un frente unido con los social demócratas, ahora se unían a los fascistas en un frente unido contra los social demócratas. Aunque denunciaban a los fascistas en su propaganda y los combatían en la calle, está claro que el KPD se adaptó a esa fuerza de derecha.

La famosa frase de Thälmann: Nac h Hitler kommen wir (luego de Hitler venimos nosotros) resume la idea de que uno puede jugar a las escondidas con los fascistas. No es un problema que los fascistas tomen el poder ya que eso sólo agravaría la crisis burguesa; después será nuestro turno. Fue una táctica criminal que paralizó a los obreros, los desorientó y contribuyo tremendamente a la victoria de Hitler.

En verdad el referéndum fracasó porque los trabajadores no estaban dispuestos a seguir esa corriente. Sin embargo, un año después, en julio 1932, el presidente Hindenburg, por decreto, depuso al gobierno de Prusia. Lo reemplazó con un gobierno derechista controlado por el canciller Franz Von Papen, quién formaría una coalición con Hitler. Ese fue un paso importante hacia la toma del poder por los nazis porque ahora podían infiltrar a su gente dentro de la policía de Prusia, lo que más adelante fue un elemento de gran importancia en la consolidación del gobierno de Hitler en los primeros meses de 1933.

Muchísimos obreros de la social democracia y del KPD se alistaron a repudiar al golpe contra el gobierno de Prusia en 1932. También hubo líderes del SPD que quisieron combatir. El partido Comunista no estuvo dispuesto. Hubiera sido una gran oportunidad para frenar el ascenso de Hitler.

Que la clase obrera no pudo luchar, que estuvo paralizada y desmoralizada, que Hitler haya conquistado el poder, fue el precio que el proletariado alemán pagó como consecuencia de esas tácticas oportunistas –la idea que uno puede utilizar a la derecha para cumplir sus propias metas, que no es necesario luchar por construir un movimiento independiente de la clase trabajadora en base a diáfanas y consecuentes perspectivas socialistas.

Por un boicot activo contra el referéndum de Brexit

He hablado detalladamente sobre estas cuestiones porque iluminan el significado de la campaña de nuestros camaradas británicos a favor de un boicot activo. El Partido Socialista por la Igualdad es la única organización que ha explicado de que se trata este referéndum, que ha develado la naturaleza reaccionaria de los dos bandos y que lucha por una perspectiva independiente para la clase obrera, en Estados Unidos y Europa.

No podemos sobreestimar el significado de nuestra campaña. Sería un error sopesar la campaña en términos del apoyo inmediato que reciba. No hemos tenido juntas de cientos y miles. Ese no es nuestro enfoque para construir un partido marxista revolucionario. Para nosotros no se trata de encontrar el camino fácil en base al presente entendimiento de los obreros, o la forma más fácil para organizar reuniones grandes.

Partimos del análisis de la situación objetiva. No son nuestros eslóganes que encarrilan a la case obrera, el la crisis capitalista, los crecientes antagonismos de clases, el presentimiento de que para ellos no hay ningún futuro en la sociedad actual.

Sin embargo, la historia demuestra que la conciencia de clase no es el producto automático del desarrollo de la lucha de clases. Eso no resuelve la crisis de dirección revolucionaria. Esa es nuestra misión. No la podemos cumplir adaptándonos a la confusión que existe hoy. Sólo la podemos lograr mediante un análisis continuo –entendiendo y desarrollando la comprensión de la crisis del capitalismo y luchando dentro de la clase trabajadora por ese mismo entendimiento. Eso es lo que hace el WSWS .

Egipto es un ejemplo. Hubo allí un enorme movimiento revolucionario, tanto en la plaza de Tahrir como en las grandes ciudades industriales, en las fábricas textiles, donde combatieron millones de trabajadores. Esa revolución fue traicionada y derrotada como resultado de la ausencia total de dirección revolucionaria.

Otro ejemplo es a revolución de Octubre en Rusia, cuyo centenario se celebrará el año que viene. Lenin y Trotsky no se rindieron a las ilusiones en Kerensky de los trabajadores rusos. Intransigentemente basaron su estrategia en la comprensión de las fuerzas motrices de la revolución rusa, que habían examinado durante muchos años. Muchas obras importantes, como el Imperialismo de Lenin, analizaban esa cuestión. Entendían que la revolución rusa no sería un acontecimiento nacional, sino parte de la revolución socialista mundial en el contexto de la teoría de la revolución permanente de Trotsky.

Bien sabían que el proletariado chocaría con el burgués gobierno provisional. Estaban preparados. Es por eso en el transcurso del 1917, los bolcheviques construyeron un movimiento de masas y lograron al fin conquistar el poder.

El enorme significado del boicot activo contra el referéndum es que el PSI así fija una histórica plusmarca. Logra un enorme respeto. Más y más los obreros verán que es un partido consecuente, que no adapta su política a lo que parezca oportuno. Eso lo convertirá en un protagonista importante en las luchas de clase que se nos avecinan.

También es importante que esta perspectiva política no se limita a las circunstancias de Gran Bretaña. Está centrada en la comprensión de los acontecimientos europeos y mundiales. El poder del la perspectiva de 1917 de Trotsky es que estuvo anclado en un análisis del capitalismo mundial. Uno sólo puede entender así a la Revolución Rusa –su potencia y sus dificultades.

Cien años después, en el siglo XXI, bajo condiciones en que la clase obrera es muchísimo más grande, donde no existe ningún lugar en la tierra en que la clase trabajadora no tenga una enorme presencia, nuestra perspectiva internacionalista es aun más importante. Los trabajadores están atentos a los acontecimientos mundiales. Ejemplo de eso fue cuando los obreros de Wisconsin, Estados Unidos en su lucha copiaban los eslóganes de la revolución egipcia. Cuando comienza el movimiento revolucionario de los trabajadores, se esparce por todos el planeta.

Lo que atrae obreros y jóvenes a nuestro partido es que más y más ven que defendemos principios, que no estamos haciendo una u otra maniobra o adaptándonos a Farage y otras personalidades derechistas. No nos involucramos en campañas nacionalistas, o antiinmigrantes o de apoyo a la UE como herramienta de las grandes empresas y casas de finanzas de Europa.

El Comité Internacional de enorgullece de la labor de nuestros camaradas en Gran Bretaña. Tenemos una gran expectativa, una gran confianza, en las luchas de clases que están ocurriendo en todo el mundo.