Obama sobre Irán: El espectro de una Tercera Guerra Mundial

20 agosto 2015

En un discurso extraordinario el miércoles de la semana pasada, el presidente estadounidense Barack Obama hizo pública una advertencia de que existen poderosas facciones dentro del Congreso y el aparato estatal decididos a declararle la guerra a Irán, lo cual tendría consecuencias incalculables.

Hablando en la víspera del 70 aniversario del bombardeo atómico de Hiroshima, Obama dijo que un rechazo del acuerdo nuclear con Irán que él anunció el mes pasado, significaría guerra con Irán, un país casi cuatro veces más grande y con casi el triple de la población de Irak. Sugirió además, remontándose a la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, que una guerra con Irán podría abrir las puertas a una Tercera Guerra Mundial.

En esta coyuntura, no es del todo claro cómo resultaría el voto en el Congreso sobre el acuerdo nuclear negociado entre Irán y el P5 + 1 (EE.UU., China, Rusia, Gran Bretaña, Francia y Alemania) y aprobado por las Naciones Unidas. Obama ha anunciado que vetará cualquier medida que bloquee a Estados Unidos de poner en marcha el acuerdo. Aún no está por decidirse si hay suficientes votos en ambas cámaras del Congreso para asegurar las mayorías de dos tercios necesarios para anular un veto presidencial.

Lo que es indiscutible es que una gran mayoría del Congreso de Estados Unidos votará a favor de una política que se basa en una escalada desastrosa del militarismo estadounidense.

Si la Cámara de Representantes y el Senado anulan su veto, Obama advirtió, la guerra vendrá, y "pronto". El comandante en jefe dio la impresión inequívoca de que el control sobre el impulso hacia la guerra se le estaba escapando de las manos.

Obama anunció: "El rechazo del Congreso de este acuerdo deja a cualquier administración de Estados Unidos que esté absolutamente comprometida con la prevención de que Irán obtenga un arma nuclear con sola una opción, otra guerra en el Medio Oriente. Digo esto no para ser provocativo; estoy afirmando un hecho”.

El debate sobre este acuerdo demuestra que la clase política estadounidense, incluyendo su vasto complejo militar y de inteligencia, está profundamente dividida sobre si el imperialismo estadounidense debe perseguir su interés global por medio de otra -y mucha más peligrosa- guerra en el Medio Oriente. Lo que no está en disputa es la supuesta prerrogativa de Washington de librar una guerra preventiva, es decir, la agresión criminal contra cualquier nación o pueblo que elija. El presidente estadounidense enfatizó este punto, citando su propio registro.

"Como comandante en jefe, no he rehuido al uso de la fuerza cuando era necesario", se jactó. "He ordenado a decenas de miles de jóvenes estadounidenses ir a combate... He ordenado intervenciones militares en siete países. Hay momentos en que la fuerza es necesaria, y si Irán no cumple con este acuerdo, es posible que no tengamos otra alternativa."

Sin embargo, a pesar de las múltiples intervenciones, asesinatos y masacres a cabo de misiles drones, Obama considera la guerra con Irán una empresa altamente peligrosa. Su argumento es que Washington puede buscar sus intereses mediante el acuerdo nuclear como palanca para poner en línea al régimen iraní con el imperialismo estadounidense, manteniendo "la opción militar sobre la mesa" en caso de que falle esta estrategia.

Las razones para el temor de Obama de una precipitada confrontación con Teherán van más allá del baño de sangre que una guerra contra Irán supondría. El presidente de Estados Unidos advirtió que un repudio del acuerdo nuclear provocaría una peligrosa confrontación con Rusia y China. Sugirió estrechamente que inflamaría las relaciones con los aliados de Washington en Europa, en primera instancia Alemania, así como con los de Asia. Ninguno de ellos, declaró, se inclinará ante los "dictados del Congreso de Estados Unidos" y hacer cumplir un régimen de sanciones unilaterales estadounidenses que ya ha costado a sus economías miles de millones de dólares.

Alemania, Francia, Italia y otros países europeos ya han enviado delegaciones de alto nivel a Teherán para negociar contratos lucrativos. Han dejado en claro que no van a volver a la mesa de negociaciones, y mucho menos a las sanciones.

El diplomático de Berlín con el segundo rango más alto en Washington, advirtió el jueves que un rechazo estadounidense del acuerdo nuclear "sería una pesadilla... una catástrofe", conduciendo Irán y posiblemente a otros países a construir rápidamente armas nucleares porque ningún acuerdo negociado seria respetado por EE.UU.

Si el ejército de Estados Unidos ataca a Irán mientras el capitalismo europeo intenta penetrar en su mercado, el resultado final podría ser el fin de la alianza de la OTAN y la erupción de tensiones militares entre Europa y América.

Obama también llamó la atención a las consecuencias de cualquier intento de obligar a China para retornar al régimen de sanciones. "Tendríamos que desconectar a países como China en el sistema financiero de Estados Unidos", dijo. "Y ya que resultan ser los principales compradores de deuda, tales acciones podrían provocar graves trastornos en nuestra propia economía, y, por cierto, plantear preguntas a nivel internacional sobre el papel del dólar como moneda de reserva del mundo."

Implícito en tal resultado está una confrontación militar con China. También hundiría a EE.UU. y a la economía mundial en una depresión a gran escala, sugirió Obama.

Pero precisamente este curso está siendo trazado por poderosos sectores de la clase gobernante estadounidense. Ellos lo están haciendo a espaldas del pueblo estadounidense, que abrumadoramente se oponen a la guerra. Dadas las implicaciones escalofriantes de las advertencias de Obama, la reacción de los medios de comunicación estadounidenses ha sido notablemente mantener el silencio.

Con la campaña electoral 2016 ya en marcha, el sentimiento popular contra la guerra no encuentra expresión alguna en el sistema político corrupto y en bancarrota de Estados Unidos. Millones de personas podrían despertar algún tiempo después de la votación en el Congreso sobre el acuerdo de Irán en septiembre, y encontrar a EE.UU. en guerra una vez más y a una escala mucho mayor que las intervenciones en Afganistán e Irak combinadas. Se verían de repente inmediatamente afectados por un colapso del empleo y nivel de vida, con todo el planeta al precipicio de una Tercera Guerra Mundial Nuclear.

Las políticas de aquellos preparados para conducir al mundo por este camino, son un reflejo de la crisis desesperada del sistema capitalista de Estados Unidos y la determinación de la clase dominante para compensar el declive mundial del capitalismo estadounidense con medios militares. Frustrados por el fracaso de las guerras de Estados Unidos en Afganistán, Irak, Libia y Siria para asegurar una indiscutible hegemonía estadounidense en el Medio Oriente y Asia Central, ahora quieren tirar los dados nuevamente con la apuesta mucho más alta de someter militarmente a Irán, país que se encuentra entre Irak y Afganistán, regiones ricas en energía.

En la sección más cobarde de su discurso, Obama atribuyó la rabiosa oposición al acuerdo de Irán por parte de la élite política estadounidense a la "afinidad sincera de nuestro amigo y aliado Israel, una afinidad que... Yo comparto profundamente." No hay nada "sincero" sobre esta relación venenosa. El alineamiento con el régimen israelí por los elementos más reaccionarios y temerarios de la clase política estadounidense está ligado a su apoyo común para la guerra.

La continuación y extensión de lo que el predecesor de Obama denominó "las guerras del siglo 21", que ahora incluye la promoción de guerra con Irán, también expresan la necesidad de desviar hacia el exterior -en la forma de erupciones militares cada vez más grandes – las internas tensiones de clase dentro de EE.UU. generada por la creciente desigualdad social.

Esto apunta a la única forma de derrotar el militarismo estadounidense y la amenaza de una Tercera Guerra Mundial: el desarrollo de la lucha de clases y la preparación consciente de la revolución socialista en los EE.UU. y a nivel internacional.

Bill Van Auken