Plutón y la Tierra

21 julio 2015

El sobrevuelo de Plutón por la nave espacial Nuevos Horizontes (New Horizons) es un logro científico y tecnológico de primer orden. Para llegar al objeto más lejano del Sistema Solar (jamás visitado desde la Tierra) la nave viajó más de 4,8 mil millones de kilómetros, usando el impulso gravitacional de Júpiter (que sirvió para acortar el viaje por tres años).

La nave espacial Nuevos Horizontes es comparativamente pequeña, aproximadamente del tamaño de un piano de cola. Dada la gran distancia del Sol, la nave no podía ser potenciada por paneles solares; en cambio, utilizó 24 libras de dióxido de plutonio, que genera 200 vatios de potencia para operar la nave y sus siete instrumentos, con 12 vatios reservados para la transmisión de datos a la Tierra.

La distancia extrema y el pequeño tamaño del planeta enano añaden enormemente a la dificultad y complejidad de la misión. La gravedad de Plutón es demasiado débil como para capturar una nave espacial moviéndose a la velocidad que Nuevos Horizontes requería para lograr hacer el viaje en “tan sólo” nueve años y medio.

El resultado fue un sobrevuelo a 49,3 mil kilómetros por hora, tan rápido que Nuevos Horizontes estuvo en su punto más cercano a Plutón por sólo unos pocos minutos. Con el fin de maximizar el tiempo de recolectar datos, la nave suspendió toda conexión con los controladores de La Tierra de la NASA (se hizo “oscura”) durante 22 horas, mientras que sus instrumentos escaneaban Plutón y sus cinco lunas.

Cuando la nave espacial reanudó el contacto con La Tierra el martes por la noche a las 8:52 de la noche, hora del este de EE.UU., hubo vítores no sólo en el Laboratorio de Física Aplicada en Laurel, Maryland, sino en todo el mundo, donde millones de personas estaban siguiendo el evento en televisión o Internet.

A cientos de miles de personas “le gustó” la primera foto en color de Plutón publicada por la NASA en Instagram, donde la agencia espacial tiene 3,6 millones de seguidores. Ese entusiasmo popular por la misión a Plutón es una expresión de los sentimientos más profundos de todas las gentes: el deseo de aprender, explorar, ver progresos tangibles en el desarrollo de la ciencia y la civilización humana.

Una vez se le creía el último y más pequeño planeta. Reclasificado planeta enano, ahora se describe a Plutón como el objeto más grande en el Cinturón de Kuiper, una vasta región de miles de mundos de hielo y roca más pequeños que rodea al Sol y sus ocho planetas. El estudio de Plutón y objetos similares aportará otra dimensión en la comprensión de los primeros días de la formación del sistema solar.

En apenas medio siglo desde que se inició la era de satélites espaciales, vehículos artificiales han visitado todos los planetas del sistema solar. Sólo este año, las sondas espaciales han estudiado Mercurio, Marte, asteroides, un cometa y ahora Plutón.

Estos significativos logros científicos resaltan el contraste con las crisis sociales, económicas y políticas aparentemente insolubles en nuestro propio planeta. Mucha gente va a preguntar, y con razón: ¿cómo es que nuestra sociedad puede llegar y fotografiar el objeto más distante de nuestro sistema solar, y sin embargo no puede entregar una alimentación adecuada, vestimenta, vivienda y atención médica decente para los seres humanos aquí en la Tierra?

Hay una respuesta sencilla: la misión a Plutón no está basada en los principios del mercado. No hubo accionistas. Nadie hizo una ganancia haciendo recortes en el transmisor de radio, el sistema de propulsión, los instrumentos para la exploración de las lunas de Plutón, o analizar su superficie. Nadie puso una apuesta especulativa sobre el fracaso de la misión, como los criminales de Wall Street que hicieron desplomarse los mercados financieros en 2008.

La misión a Plutón demuestra el poder de la ciencia. Pero el capitalismo, sobre todo, en los Estados Unidos, ataca sistemáticamente la educación pública, degrada la comprensión popular a través de los medios de comunicación, y promueve todas las formas de atraso religioso. La tecnología moderna puede producir avances sorprendentes como Nuevos Horizontes, pero en las garras de las corporaciones es pervertida al servicio de la aristocracia financiera y el militarismo global.

Mucho más es posible. Toda la misión Nuevos Horizontes costó US$ 700 millones, menos que el costo de un solo bombardero Stealth, y menos de lo que un típico gestor de fondos de alto riesgo se mete al bolsillo en un solo año. Incluso en el presupuesto propio espacial, el gobierno de Estados Unidos gasta mucho más para las actividades militares, de satélites espías a la investigación sobre los métodos de la guerra espacial, que la financiación de todos los esfuerzos científicos genuinos combinados.

La misión Nuevos Horizontes movilizó a cientos de científicos y técnicos que han dedicado los últimos diez años de su vida, en algunos casos mucho más, a la planificación, preparación y ejecución de la visita a Plutón. Compare esto con los cientos de miles, algunos igualmente talentoso y altamente educados, que son reclutados al servicio de los fondos de inversión de alto riesgo, bancos de inversión, así como también las agencias de espionaje de la NSA y los militares.

Después del exitoso sobrevuelo, hubo intentos por los voceros del imperialismo norteamericano, empezando con el presidente Obama, para reclamar un beneficio nacionalista, exagerando la supuesta "genialidad estadounidense", El portavoz de la NASA David Weaver jactó: "Con esta misión habremos visitado cada planeta y planeta enano en nuestro sistema solar, un logro notable que ningún otro país puede igualar".

Tal chauvinismo es a la vez repugnante y trastornado. La ciencia es un esfuerzo colectivo internacional. Los éxitos del programa espacial "norteamericano" dependen de generaciones de trabajo científico en todos los continentes. Por otra parte, a pesar de la retórica demagógica, en el programa espacial de Estados Unidos se manifiesta la crisis interna y la decadencia del capitalismo estadounidense.

Antes de Nuevos Horizontes, una media docena de otras misiones a Plutón fueron desechadas por no ofrecer ventajas técnicas o militares. Inclusive la misión Nuevos Horizontes estuvo escasa de fondos, y ahora la NASA no puede garantizar los recursos necesarios para misiones secundarias de Nuevos Horizontes en el Cinturón de Kuiper, más allá de Plutón, aunque ninguna otra nave espacial tendrá esa oportunidad durante muchos años, si no décadas. Mientras tanto, el programa espacial tripulado se encuentra en un punto muerto, dependiente de los vehículos de lanzamiento rusos incluso para mantener la Estación Espacial Internacional.

La inmensa capacidad para logros científicos y progreso tecnológico es pervertida continuamente por masacres imperialistas, el conflicto entre los estados-nación y la subordinación de la actividad humana al principio de la ganancia. ¿Cuánto más se podrá y se logrará, tanto en el espacio como en La Tierra, cuando se elimine la guerra y la desigualdad, junto con el sistema capitalista?

Patrick Martin