Las raíces sociales del racismo americano

24 junio 2015

El lunes 22 de junio, el presidente Barack Obama se aprovechó de la ocasión de una entrevista ciberespacial para afirmar que el racismo existe en el “ADN" de los estadounidenses. En conversación con el comediante Marc Maron, Obama dijo: "El legado de la esclavitud, de [el sistema de separación legal] Jim Crow, de la discriminación en casi todas las instituciones de nuestra vida, ya sabes, proyecta una larga sombra, y sigue siendo parte de nuestro ADN".

Aunque Obama haya recurrido descuidadamente a esa sigla como metáfora, ésta arrastra un fin político particular. Facilita el intento de retratar el racismo como esencialmente un fenómeno biológico –idea que, al igual que todo el pensamiento racista, es anticientífica y reaccionaria.

Las palabras del presidente coinciden con una creciente campaña en los medios de difusión de utilizar la trágico matanza de la semana pasada en Charleston, Carolina del Sur para enfocar con la prisma racial todos los problemas sociales, y dejar de lado todos los contextos, social, económico e histórico. El New York Times, en particular, ha dedicado una parte sustancial de sus páginas de opinión a la polémica sobre la naturalezas de la "blancura" y de la "negrura" y sobre la división racial que es supuestamente infranqueable en América.

Históricamente, la noción que el racismo está enraizado en las diferencias reales entre las “razas” siempre fue sostenida por los reaccionarios que proclamaban que los negros eran inherentemente inferiores a los blancos. Los nazis en Alemania también empleaban argumentos descabelladas de determinismo biológico para justificar su programa de expulsión de gentes de y de exterminio. El racismo y las políticas racistas se vienen justificando a manera de racionalizarlas en base a las diferencias fundamentales entre las “razas”.

Los socialistas rechazamos estas conclusiones. El racismo que existe y ha existido, en los Estados Unidos, que muchas veces ha tomado formas horribles: Bombas, linchamientos, segregación, etcétera, sólo puede entenderse en su actual entorno social. Es una expresión distorsionada de las relaciones de clase y de los intereses sociales.

El racismo americano nace del sistema esclavista. En Estados Unidos, el racismo de los estados del sur (anclado en a la mentira de la inferioridad racial) era para justificar los intereses de los dueños de esclavos, su propia explotación cruel y el desvergonzado andamiaje socioeconómico de la aristocracia de las plantaciones del Sur.

La clase esclavista fue aplastada por una enorme movilización social (la guerra civil norteamericana –1861-1865). Dejando a un lado la presunta codificación genética, 300.000 personas de raza blanca en el Norte estuvieron dispuestos a "morir para hacer que los hombres sean libres", palabras de el Himno de Batalla de la República (Battle Hymn of the Republic).

Durante las décadas que siguieron a la Guerra Civil ocurrió un vertiginoso desarrollo económico. Crecieron ciudades y hubo una descomunal industrialización. Acompañó esos procesos el crecimiento del movimiento de los trabajadores y de las huelgas militantes. Muchos de los que habían liderado la lucha contra la esclavitud (el gran abolicionista Wendell Phillips, por ejemplo) se transformaron en líderes del movimiento obrero.

En el sur, donde la aparcería de tipo feudal reemplazó la esclavitud, ocurrieron en las últimas dos décadas del siglo XIX movimientos populistas de millones de trabajadores agrícolas, blancos y negros.

Bajo estas condiciones la segregación legal (Jim Crow) fue aprobada por la Suprema Corte (en el caso de Plessy vs Ferguson de1896) y la clase de poder alentó e impulsó la violencia racista. La actividad racista del Ku Klux Klan (organización racista, xenofóbica y anticomunista estadounidense de principios del siglo XX) tenía como objetivo aterrorizar a los negros, sí, pero-inextricablemente ligada a este atacaba a todo los intentos de unir a los trabajadores blancos y negros en función de sus intereses de clase en común.

El progreso social de los afroamericanos en el período posterior hubiera sido imposible sin las movilizaciones obreras, que abarcan a la Revolución Rusa y las grandes luchas industriales de la década de 1930 y las décadas posteriores.

En las primeras décadas del siglo XX, los obreros y los intelectuales socialistas que encabezaron la organización de los sindicatos industriales valientemente lucharon contra el racismo que impulsaban las empresas y los viejos sindicatos gremiales de la AFL. Sin embargo la alianza política de los sindicatos con el Partido Demócrata (en ese entonces el representante del la segregación racial y de la supremacía blanca) coartó esos intentos, sobre todo en el sur.

En la década de 1960, la profundización de la crisis del capitalismo estadounidense detonó el movimiento de derechos civiles, las rebeliones en los guetos del norte, una marea de huelgas militantes y el movimiento de masas contra la guerra de Vietnam.

La respuesta de la clase de poder fue promover una vez más las divisiones raciales como categorías fundamentales en la sociedad estadounidense. Esa estrategia incluía la elevación a posiciones de poder y privilegio a un sector de la población afroamericana mediante medidas raciales, como la acción afirmativa. Este sector de afroamericanos se convirtió en gerentes, alcaldes, diputados, jueces, oficiales de policía y con la elección de Obama, presidentes de los Estados Unidos.

Mientras que estas nuevas medidas racistas tenían características diferentes a las del viejo racismo de la esclavocracia del sur y al racismo de la supremacía blanca, tenía propósitos similares: Desviar la atención de las cuestiones claves de clases y bloquear el desarrollo de un movimiento unido de los trabajadores de todas los grupos raciales en base de sus intereses en común de clase.

La integración de la política racial a la estrategia de control de la burguesía ha coincidido con un enorme ataque contra las condiciones sociales de la población trabajadora. Las capas más pobres del la población afroamericana han sido de las más afectadas por el crecimiento de la pobreza y la miseria social. No cabe duda que económicamente están mucho peor de lo que estaban en la década de 1960.

Lo que llama la atención en las declaraciones de Obama y los últimos editoriales y columnas del New York Times es el grado en el que fuerzas políticas "liberales" o supuestamente "de izquierda" están detrás lo que sólo puede ser llamado un entendimiento fundamentalmente racista del racismo. Se dedican a la elaborar y desarrollar razonamientos para dar legitimidad intelectual a los argumentos de los propios racistas.

Ahora que la desigualdad social y la división de clases ha llegado a un nivel insólito desde la década de 1920, los medios de difusión, la clase de poder a y las diversas organizaciones que se basan en la política de identidad (racial o sexual) que orbitan el Partido Demócrata no dejar pasar la oportunidad de reforzar la supuesta enorme división racial en Estados Unidos. De ahí las interminables llamadas a una "conversación nacional sobre las razas".

Totalmente ausente de estas "conversaciones" es cualquier consideración de las condiciones sociales que encara la gran mayoría del pueblo. Son simplemente pasadas por alto inconvenientes verdades tales como el desmoronamiento de ciudades que han sido gobernadas por políticos afroamericanos durante décadas, como Baltimore y Detroit, el crecimiento de la pobreza en las zonas predominantemente blancas o las consecuencias de las medidas del gobierno de Obama.

De esas cuestiones de clase no se habla. Tan sólo mencionarlas plantea lo que millones de trabajadores de todas los grupos raciales están llegando a entender: que el racismo y la política racial son puntales ideológicos de un orden social capitalista en quiebra y en agonía.

Andre Damon