FICUNAM 2015

Entrevista con Alejo Moguillansky, codirector de El escarabajo de oro

por David Walsh
9 abril 2015

David Walsh: ¿Puedes hablar de sus antecedentes?

Alejo Moguillansky: soy de Buenos Aires, y estudié cine en la Universidad del Cine de Buenos Aires, de donde la mayoría de mi generación de cineastas viene, con un montón de excepciones, por supuesto. Me gradué en el 2001. Hice mi primera película, La Prisionera, en el 2005 en 35 milímetros. Yo estaba muy apasionado con [Miguel Ángel] Antonioni y [Robert] Bressón en ese entonces

DW: Estas no son las influencias que inmediatamente vendrían a mi mente en lo que respecta a su película actual.

AM: Esa primera película es muy misteriosa, oscura. Está muy lejana. Es claramente diferente de mis películas más recientes. Al mismo tiempo, lo que puedo decir sobre La Prisionera es que también deja ver claramente el movimiento de la realidad a la ficción. El punto de partida es siempre la realidad. En ese caso en particular, yo diría que es una cuestión de encontrar la ficción en la relación entre los personajes y el paisaje, no importa si se trata de una metrópolis como Buenos Aires o una ciudad junto al mar durante el invierno. De todos modos, es una película muy oscura.

DW: Tu nombre es polaco?

AM: Sí. Ucrania y Polonia. La familia de mi padre llegó a la Argentina durante la primera inmigración judía a principios del siglo XX. Mi bisabuelo fue un gaucho judío. Sí, Abraham Moguillansky era un vaquero judío. Solía cruzar los Andes con vacas y caballos. La familia de mi madre vino como parte de la inmigración en la década de 1930, escapando de antisemitismo en Polonia. Habían sido agricultores en Polonia. El deletreo de mi apellido es consecuencia de un error de los funcionarios de inmigración.

DW: ¿Cómo se hizo El escarabajo de oro?

AM: Es inusual, porque nuestra compañía productora, El Pampero Cine, no recibe ninguna subvención nacional, ningún dinero del Instituto de Cine Argentino, por ejemplo. De alguna manera nos las arreglamos para producir películas. El problema es siempre el mismo: No ganamos ni un centavo de las películas. La financiación es diferente cada vez. Siempre es difícil, pero eso tampoco es inusual; ocurre con muchos cineastas. Nos las arreglamos para producir una gran cantidad de películas, sea eso bueno o malo. Las películas se ven en festivales de cine, y en los cines alternativos de Buenos Aires y Argentina.

Al mismo tiempo, se podría decir que es imposible rodar una película al año estando sujeto a la burocracia de los subsidios que vienen del Instituto nacional. Seamos francos: las películas independientes, la cinefilia, o incluso pequeñas películas con valientes intenciones no son parte del actual proyecto del Instituto de Cine Argentino.

De todos modos, perseveramos ...

DW: ¿Cuál es el origen de la idea de esta película en particular?

AM: Yo estaba tratando de conseguir dinero para otra película, que se titula El Submarino de Guerra, que aún no se produce. Estaba en la absurda situación de despertar interés en ese proyecto [entre los inversionistas potenciales]. Es la única vez que me he dedicado a eso, y espero que sea la última vez. Te vuelves como un vendedor de coches.

Orientaba mi propaganda a europeos, en su mayoría. Las películas argentinas independientes son a menudo apoyadas por diversos fondos europeos. Fue entonces que CPH Docs en Copenhague me invitó a participar en este extraño proyecto, codirigir una película, un director escandinavo con un director no europeo. Acepté la propuesta; no es frecuente que alguien aparezca con plata para una película. Eligieron como el codirectora a Fia-Stina Sandlund. Pronto me di cuenta de por qué nos habían emparejado. Fia es más que una simple artista contemporánea, y se asocia con el activismo feminista.

DW: La película satiriza todo eso. ¿Está ella consciente de eso?

AM: Le gusta la película. La situación era clara para mí. Se trata de una artista contemporánea, que vive en Nueva York, y que tiene acceso a dinero del instituto de cine sueco. Ha hecho películas que se exhiben en cines y museos. Nosotros no nos entendemos del todo bien. Soy un amante del cine. Estoy inmerso en el cine. Ella utiliza el cine como otro idioma.

Fia está obsesionada con Victoria Benedictsson [1850-1888], una autora sueca que se suicidó. Victoria parece haberlo inspirado a Strindberg para su obra “La Señorita Julia”. Fia ha hecho una trilogía de películas sobre ella.

Así que decidimos hacer una película sobre esta situación absurda. Una artista contemporánea feminista escandinava y un director de América Latina ... esto era más interesante que cualquier otra cosa que pudiéramos haber hecho. Ella participó en la preparación de la película. Escribí el guión.

En el guión original Fia era un personaje, pero en un momento dijo que no se sentía cómoda aparecer en pantalla, que era paranoica en ese aspecto. Me molesto eso hasta darme cuenta que en sus propias películas ella nunca aparece. La oímos, pero no la vemos. Nunca supe si se trata de paranoia o de algún tipo de dogma que tiene. De todos modos, esta es la razón por la que su personaje es sólo una voz por teléfono.

Así combinamos este grupo de latinoamericanos "piratas", dispuesto a hacer lo que haya que hacer para filmar una película, con un formalismo político europeo. Lo que sucedió en la producción de la película es el tema de la película. Nos causa risa, pero se basa en la verdad.

DW: Hay algo reconfortante en la presencia de Edgar Allan Poe y Robert Louis Stevenson.

AM: Quizá esto tenga algo que ver con la infancia. Son narradores maravillosos.

DW: Hay una ingenuidad, una inocencia. Me encantó esta película. Veo muchas películas tristes, donde los individuos se toman veinte minutos en caminar por un pasillo, cosa que se considera innovadora, de avant-garde. No creo que la vida es así. Tu película es más realista, con las cosas como realmente son.

AM: Es extraño. Hoy en día los críticos quizás más que los cineastas tienen miedo del humor. Yo no sé por qué.

DW: Hay que ser valiente hoy para burlarse del feminismo. Nosotros no somos admiradores del dogma de la identidad, de la política de diferencias sexuales. Por otro lado, los dos personajes femeninos son como las mujeres reales, vivas, subversivas y difíciles.

AM: Creo que esta cinta se ríe de sí misma. Eso me gusta.

DW: Dejando al lado el humor por un momento, se entrevé una lógica seria. Éstos son los latinoamericanos, algo oprimidos, luchando entre sí, y los europeos o los estadounidenses terminan robándose todo.

AM: Sí, hay una lógica allí. Así son las cosas. Es la verdad de la situación. Fia es propietaria del 51 por ciento de la película. Yo soy el dueño de un 49 por ciento de la película. ¿Por qué? Porque ella es europea. Esto no es parte de la historia de la película. Es la verdad. Casi todo en la película, excepto, por supuesto, el tesoro es real. Esa es mi esposa; esa otra mi hija; esos son mis amigos; esa es mi casa de producción; ese es mi coche. No quiero que la película sea percibida como irónica, o ridícula. Está hecha con un sentido del humor, pero también con melancolía. En su corazón está el proceso de hacer una película entre amigos.