La historia de Gary Webb en Maten al mensajero: Desenmascarando la criminalidad y la conspiración de la CIA

por Joanne Laurier
27 octubre 2014

Dirigida por Michael Cuesta; guión de Peter Landesman, basada en los libros de Gary Webb y Nick Schou [Traducción de Marya Luna]

Maten al mensajero de Michael Cuesta, cuenta la historia de Gary Webb, cuya serie investigativa de agosto de 1996 "Dark Alliance", publicada en el periódico San Jose Mercury News, descubrió lazos entre la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la venta ambulante masiva de drogas por los contras nicaragüenses, mercenarios derechistas. La serie de tres partes de Webb estableció que en la década de 1980 los Contras, respaldados por la CIA, contrabandearon cocaína a los EE.UU. y fue ampliamente distribuida como crack. Las ganancias de las drogas fueron canalizados por la CIA a los Contras en su guerra contra el gobierno sandinista nacionalista de izquierda de Nicaragua.

La película está basada en un libro escrito por Nick Schou sobre Webb y el propio libro de 1998 de este último, Alianza negra [Dark Alliance], una continuación de su serie de 1996.

A pesar de haber ganado el Premio Pulitzer en 1990, Webb fue embarrado y atacado ferozmente por los medios de comunicación por sus artículos, ya que estos exponen una red de operaciones criminales encubiertas por el gobierno estadounidense. Por supuesto, las actividades de la CIA fueron más allá de colaborar con los narcotraficantes. La agencia organizó escuadrones de muerte y subversión, aterrorizando a las poblaciones de Nicaragua y Honduras.

Maten al mensajero

Es para mérito de Cuesta que haya hecho una película sobre la carrera de Webb, y en última instancia, de su destino trágico. En Maten al mensajero, Jeremy Renner es excepcional como Webb. Gary es un motociclista, quien siempre va contra la corriente, casado con su noviecita de la secundaria, Sue (Rosemarie DeWitt), y es un padre dedicado a sus tres hijos. Cuando comienza la película, sale a la luz que la reubicación de la familia a California fue motivada por un breve romance que el periodista tuvo en Cleveland.

Es en 1996 cuando Coral (Paz Vega) se acerca a Webb, la novia de un inmigrante nicaragüense en espera de su juicio, después de tres años de prisión, por cargos de posesión de cocaína. Le dice a Webb que el testigo clave del gobierno en el caso, Danilo Blandón (Yul Vazquez), había trabajado para los Contras, financiados por la CIA, mientras traían el contrabando de drogas a los EE.UU. Le da a Gary asombrosas transcripciones del gran jurado federal en el que Blandón presentó un informe detallado de sus operaciones de importación y venta de cocaína a traficantes de drogas al por mayor en Los Ángeles.

Armado con esta información, Webb se enfrenta al fiscal de distrito Russell Dodson (Barry Pepper), quien opera claramente en nombre del gobierno. Amenazadoramente, Dodson le dice a Gary que "esto se trata de asuntos de seguridad nacionales muy sensibles". Le contesta Webb: "La seguridad nacional y crack de cocaína en la misma frase, ¿eso no le suena extraño?" El caso contra el traficante de drogas es descartado, a pesar del hecho que, como explica Gary, "Es uno de los contrabandistas más buscados por el departamento de lucha contra las drogas [DEA = Drug Enforcement Administration] que había estado trayendo miles de kilos de cocaína a los EE.UU. por mucho tiempo".

Durante la búsqueda de la historia, Webb consigue la aprobación de su editor, Anna Simons (Mary Elizabeth Winstead), y su editor, Jerry Ceppos (Oliver Platt), para viajar a Nicaragua y entrevistar al narcotraficante encarcelado Norwin Meneses (Andy García).

A pesar de las advertencias de un miembro del Consejo de Seguridad Nacional (Michael Sheen) quien le dice, "No tienes ni idea de en qué te estás metiendo", y de un agente de la CIA sin nombre que le avisa, "Te estás metiendo en áreas muy delicadas". Webb escribe la serie de 20,000 palabras que recibe una amplia audiencia. La versión de las historias en la página web del periódico Mercury News inicialmente recibe más de un millón de visitas por día.

Entonces las "grandes" publicaciones (Los Ángeles Times, New York Times y el Washington Post, en particular) se meten y hacen su trabajo sucio. Hacen todo lo posible para "polemizar", o mejor dicho, demonizar al periodista, incluyendo sacarle los trapitos at sol de su vida privada. Su propio periódico se rinde al enfrentar la presión y a Gary lo dejan secándose al sol. Él protesta: "¿Estoy siendo perseguido [por la CIA]? Pensé que mi trabajo consistía en decirle al público la verdad, los hechos, buenos o malos, y dejar que la publicación de esos hechos hicieran la diferencia en cómo la gente ve las cosas, cómo se ven a sí mismos y lo que los hechos representan".

(El documental del 2012 Sombras de libertad [Shadows of Liberty], dirigido por Jean-Philippe Tremblay, contiene imágenes de archivo en los que Webb comenta, "Francamente, yo si tuviera que ponerme de pie y recibir una paliza por poner en la agenda nacional el tema de la complicidad del gobierno con el tráfico de drogas, me aguantaría esa paliza cualquier día de la semana. Quiero decir que me alegro de haber contado esta historia, me siento orgulloso de lo que hicimos, y lo haría de nuevo en un segundo".)

Maten al mensajero

En el curso de la persecución de Webb, un ex agente de la CIA (interpretado por Ray Liotta) le dice en secreto al reportero marginado, "¿Lo que has encontrado aquí, Gary, es un monstruo".

La carrera de Webb es destruida. En el epílogo de la película señala que en 1998, la CIA reconoció que había ocultado el narcotráfico Contra durante más de una década. En el 2004, Webb fue encontrado asesinado de dos disparos en la cabeza. La causa oficial de su muerte fue un suicidio.

Revela algunas ilusiones políticas el epílogo de la película cuando sugiere que la serie de artículos de Webb obligaron al entonces director de la CIA (John Deutch) a hacer una aparición pública (de tipo muy poco usual, en South Central Los Ángeles) frente a una multitud de gente furiosa, como si esto hubiera sido una victoria significativa. De hecho, fue un intento bastante patético de controlar los daños.

No obstante, la película Maten al mensajero de Cuesta es un esfuerzo serio que vale la pena ver y que sólo puede ayudar a desacreditar las diferentes instituciones involucradas, en una época en que las pantallas de cine y televisión, asquerosamente, están mostrando demasiado a menudo películas celebratorias, como por ejemplo, Corporación de asesinos [Murder, Inc.] de la CIA.

El director se esfuerza en humanizar los acontecimientos dándole considerable atención a las relaciones personales de Webb. Esto puede menoscabar, hasta cierto punto, el análisis histórico-político, pero después de todo, esta es una película ficticia, no un documental; y Renner tiene en gran parte la tarea de cargar con Maten al mensajero. Cuesta explica: "Esa fue siempre la intención, mantener la cámara sobre sus hombros [de Renner, o Webb], por así decirlo. La cámara debe reflejar sus sentimientos".

El hacer destacar el sufrimiento de la familia mientras la victimización de Gary avanza, tiende a agregar dimensión y textura a la acusaciones de la película contra los medios de comunicación nacionales y de la CIA. Permite un examen del impacto psicológico de los aireadores de escándalos como Webb al cruzar espadas con los expertos de los medios de comunicación, que son poco más que cómplices del aparato militar de inteligencia.

Maten al mensajero

Los periódicos de EE.UU. y otros medios de comunicación pasaron servilmente la desinformación y la calumnia generada por la CIA. El New York Times, por ejemplo, en su reseña del libro de Webb, afirmó: "Es ridículo sugerir que la CIA de hoy en día tenga la imaginación o el valor de manejar un encubrimiento a la escala [sugerida por Webb]”.

En una entrevista, Cuesta (mejor conocido por su trabajo como productor y director de televisión (Patria, Sangres azules, y Dexter [Homeland, Blue Bloods, and Dexter]) detalla sus puntos de vista sobre los medios de comunicación, opinando que, "desde el gobierno de Reagan, los medios de comunicación se han convertido más bien en un conglomerado que es impulsado por el lucro. Al hacer esto, la atracción tiene que ser para una capa media que eleve los índices de audiencia. También los medios de comunicación se hicieron más proamericanos en la época de Reagan, haciendo hincapié en lo que Katharine Graham [la ex editora del Washington Post] dijo una vez, "vivimos en un mundo sucio y peligroso, hay algunas cosas que el público no debe de saber". Esa idea se perpetúa en el "periodismo de información privilegiada" que tiene lugar en Washington".

Cuesta, sin embargo, tiende a minimizar la subordinación de los medios de comunicación a la maquinaria gubernamental. En otra entrevista, dice que él vio que “[el ataque a Webb] de esos periódicos se debía a que estaban bastante celosos de que se habían perdido la primicia, o que habían tenido miedo, o que habían sido desviados y no investigaron".

De hecho, la persecución de Webb fue una de las vías centrales en el proceso de la transformación de los medios de comunicación estadounidenses como un brazo de propaganda de la Casa Blanca, del Pentágono y de la CIA. Como el WSWS señaló en el 2001: "La degradación de los medios de EE.UU. se puede remontar y vincular a las grandes convulsiones políticas de los últimos 30 años... Enraizada en las revelaciones de Watergate... hubo una decidida campaña para hacer arrodillar a los medios de comunicación con más fuerza, a la que los medios de comunicación sucumbieron con relativamente poca resistencia... Ya en la época de la crisis Irán-Contra de la década de 1980, el elemento del encubrimiento de prensa de las acciones inconstitucionales del gobierno Reagan excedía mucho a las investigaciones serias y expositivas".

En el transcurso de la década que siguió a la difamación de los artículos de Alianza negra de Webb, los medios de comunicación estadounidenses, sucesivamente, colaborarían con la extrema derecha en un intento de derrocar, con los escándalos de Clinton con Lewinsky, a un presidente que había sido elegido dos veces; encubrir el secuestro de una elección nacional en el 2000; no hacer preguntas acerca de los acontecimientos del 11 de septiembre y hacer todo lo que estuviera a su alcance para fomentar la supuesta "guerra al terror"; y hacer todo lo posible por "incrustarse" en las guerras sucias neocoloniales en Afganistán, Irak y otros países. Maten al mensajero representa efectivamente un evento que anunciaba este siniestro cambio.

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