A un año del renacimiento del militarismo alemán

6 octubre 2014

Hoy, hace un año, el presidente alemán, Joachim Gauck, anunció que Alemania, una vez más se convertirá en una potencia militar.

En su discurso de ese Día de la Unidad Alemana (marcando la reunificación del país después de la caída del Muro de Berlín) Gauck pidió que Alemania desempeñara un papel mayor "en Europa y el mundo" acorde con su tamaño e influencia. "En un mundo lleno de crisis y convulsiones", dijo, el país necesitaba una más agresiva política hacia otras naciones, y militar.

Un año más tarde, esa orientación dicta la política exterior alemana y también la política doméstica. Berlín está desempeñando un papel político y militar activo en las dos principales intervenciones imperialistas en Ucrania y en el Medio Oriente. Los principales partidos y los medios de comunicación han reforzado esta política con la propaganda de guerra implacable que recuerda a una dictadura. Vigilancia del Estado y el aparato de represión se están ampliando de forma sistemática para orientar a toda la oposición.

En el caso de Ucrania, la canciller alemana Angela Merkel y el ministro de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, se encaminan por la vía de Hitler y Wilhelm II. Entre los principales objetivos de guerra del Reich alemán en la Primera Guerra Mundial, estaba empujar la frontera de Rusia y apoderarse de Ucrania. La campaña oriental de Hitler fue la lógica continuación de estos objetivos. El control sobre, "Mitteleuropa" (Europa Central) era clave para el ascenso de Alemania al estatus de potencia mundial. Hoy en día, el gobierno alemán persigue el mismo objetivo mediante la integración de Ucrania en una Unión Europea dominada desde Berlín.

Prueba de la vuelta a la política de agresión, el regreso al pasado, es la actitud hacia Rusia. En 2001, el presidente Vladimir Putin era celebrado con ovaciones en el parlamento federal; ahora se lo pinta de villano mayor. Las elites alemanas reemplazan a los oligarcas rusos con sus pares de Ucrania, incluyendo a sus guardaespaldas fascistas.

Por el momento no hay aviones alemanes en el Medio Oriente. Alemania carece de las bases y portaaviones necesarios para desempeñar más que un papel menor en la "coalición de los dispuestos" de Obama. Sin embargo, con su suministro de armas a los kurdos Peshmerga Alemania marca su presencia en esa región rica en recursos. Es muy consciente que el bombardeo a las milicias terroristas del Estado Islámico es sólo el comienzo de un nuevo reparto imperialista del Medio Oriente, en el curso del cual las alianzas y los frentes cambiarán. Alemania ha decidido no quedarse al margen.

El discurso de Gauck resulta de una conspiración política. Después de la no participación de Alemania en Libia, todas las corrientes políticas, los principales periodistas, la cátedra, militares y representantes de las grandes empresas debatieron la necesidad de una agresiva política exterior. El resultado fue un documento estratégico: "Nueva energía, nueva responsabilidad". Gauck eligió el Día de la Unidad Alemana para anunciar formalmente la tercera aparición alemana como potencia mundial.

¿Por qué busca la guerra la clase de poder? Están en el pasado los tiempos cuando las grandes empresas alemanas conducían sus asuntos globales en paz y a la sombra de Estados Unidos. La crisis del capitalismo mundial, que llevó al sistema financiero mundial al borde de la quiebra total en el 2008, ahora causa una gran tensión en las relaciones internacionales.

Durante los últimos treinta años, Estados Unidos ha librado una guerra tras otra con el fin de dar vuelta a su declive económico mediante su superioridad militar. La competencia por recursos, mercados y ganancias cada vez más adquieren un matiz militar. Esto es lo que el ministro de Relaciones Exteriores Steinmeier quiso decir cuando dijo que Alemania era "demasiado grande y demasiado importante" para limitarse "a simplemente comentar sobre la política mundial desde el margen". Ese es el lenguaje típico del imperialismo alemán.

Al mismo tiempo, las graves tensiones sociales de Alemania y Europa son motores del renacimiento del militarismo alemán. Las medidas despiadadas de austeridad decretadas por Berlín y Bruselas han impulsado el continente al precipicio de la explosión social. Decenas de millones de personas en Europa viven en la pobreza extrema y el desempleo, mientras que una pequeña élite se enreda en una bacanalia especulativa con el dinero barato con que el Banco Central Europeo ha inundado los mercados europeos.

El imperialismo, según Lenin, es "la reacción política en toda la línea". El armamentismo sirve para encarrilar el conflicto interno contra un enemigo externo, movilizar los desechos reaccionarios de la sociedad e imponer el estado de sitio.

Las cosas se han acelerado. Justo un año después del discurso de Gauck, la prensa publica propagandas diarias contra de Rusia. Exige aún más gasto en armas y acusa al gobierno de cobardía porque (todavía) no han llovido bombas germanas sobre Irak. Al mismo tiempo, los historiadores colaboradores hacen todo lo posible para quitarle importancia a los crímenes de Alemania en las dos guerras mundiales del siglo XX.

Por el momento, el resurgimiento del armamentismo alemán ocurre en aguas de la OTAN. Sus miembros apoyan el rearme alemán y piden que Alemania contribuya más. Pero esta armonía engaña. Detrás de la fachada, los "socios" de la OTAN se desconfían y se espían. En Francia, no pasa por desapercibido que vuelve a las armas su archienemigo en tres grandes guerras. Detrás de la pretensión de intereses comunes, Alemania y Estados Unidos se enfrentan uno a otro como rivales económicos en Asia, Oriente Medio, África y América Latina.

El regreso del imperialismo alemán a los campos de batalla del mundo, y el de Japón, son elementos profundamente desestabilizadores en un mundo que se tambalea. La velocidad de ese fenómeno es una señal de la rapidez con el imperialismo se arroja a otra guerra mundial.

La humanidad está en peligro de catástrofe si la clase obrera no interviene. La gran mayoría de la población alemana y de todo el mundo se opone a la guerra y al armamentismo. Esta oposición, sin embargo, es ignorada por la élite política. Todos los partidos la Democracia Cristiana a los socialdemócratas, los verdes y Die Linke) apoyan al nuevo belicismo.

La estratégica central para luchar contra la guerra es construir un partido que una a la clase obrera internacional, en a base del programa socialista del Partei für Soziale Gleichheit (PSG) y del Comité Internacional de la Cuarta Internacional. La lucha contra el militarismo y la guerra está maniatada a la lucha en contra de su causa raíz, el sistema capitalista.

El World Socialist Web Site le ha marcado los pasos al regreso del imperialismo alemán. En una conferencia especial contra la guerra el 13 y el 14 de septiembre, el PSG aprobó una resolución que define una orientación política para la lucha contra la guerra. Instamos a nuestros lectores a estudiar ese documento y tomar la decisión de emprender la lucha por el socialismo .

Peter Schwartz