Festival Internacional de Cine de Toronto 2014—Parte 2: Fénix y Laberinto de mentiras: La historia de Alemania y otras cuestiones complejas

por Joanne Laurier
1 octubre 2014

Este artículo apareció en inglés el 24 de septiembre del 2014—Traducido por Marya Luna

Este es el segundo de una serie de artículos dedicados al reciente festival de cine de Toronto (septiembre 4-14). La Parte1 fue publicada el 18 de septiembre.

Ya sea que sus creadores pretendían que dos de los filmes fueran respuestas al resurgimiento del militarismo alemán o no, éstas proyecciones en el Festival de Cine de Toronto de este año tratan con el período de posguerra, ilustran muy fuertemente las devastadoras consecuencias del nazismo. De una forma u otra, como la reciente resolución del Partido Socialista por la Igualdad de Alemania señala, "La historia regresa con sed de venganza".

El hecho de que, como la resolución continúa diciendo, "Casi 70 años después de los crímenes de los nazis y su derrota en la Segunda Guerra Mundial, la clase dominante alemana está una vez más adoptando nuevamente la política de gran potencia imperialista del Imperio del Kaiser y de Hitler”. Las películas habrán de tener grandes e importantes consecuencias para los cineastas y artistas alemanes.

Las películas Fénix [Phoenix] de Christian Petzold y Laberinto de mentiras [Labyrinth of Lies] de Giulio Ricciarelli de origen italiano están tan hábil e inteligentemente hechas que ahondan, de maneras muy diferentes, el legado del fascismo.

Fénix

Fénix

En la película Fénix, ubicada en el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, Nelly Lenz (Nina Hoss, en otra colaboración con Petzold), sobreviviente judia de un campo de concentración, queda bastante desfigurada y traumatizada. Con la ayuda de su amiga Lene (Nina Kunzendorf), Nelly se somete a cirugía plástica en Berlín. Su rostro se altera, aunque Nelly no quería perder su identidad pasada, incluyendo su aspecto —posiblemente como un acto de desafío hacia sus perseguidores. Pronto queda claro que también quiere ser identificable a su amado esposo Johnny (Ronald Zehrfeld).

Lene, quien trabaja para la Agencia Judía de Palestina, trata de disuadir a Nelly de la búsqueda de Johnny, alegando que él se divorció de ella y que la había traicionado a Gestapo. Con una devoción sexual enigmática hacia Nelly, Lene se encarga de reubicarla a Israel.

Nelly, a su vez una artista muy conocida, finalmente localiza a Johnny, un ex pianista, quien se encuentra haciendo trabajos serviles en un cabaret sórdido en el sector americano de la escombrosa ciudad. Creyendo que su esposa había muerto, no reconoce a Nelly debido a su cirugía plástica.

Viendo una oportunidad para apoderarse de la herencia de su ex esposa, se propone convertir a la misteriosa mujer (la verdadera Nelly) en su esposa. Por diversas razones emocionales, incluyendo la necesidad de estar cerca de Johnny, Nelly le permite cambiarle la ropa, el pelo y hasta su caminar —¡le complace que su escritura ya sea tan parecida! Johnny hace un gran esfuerzo para convencer a los amigos y familiares que Nelly ha sobrevivido el Holocausto y ahora está lista para reclamar su fortuna.

La cinematografía oscura de Petzold refuerza la representación de la película de una sociedad devastada, que sufre de los efectos de enormes crímenes históricos, y una población que ha sido casi borrada, física y emocionalmente. En la película, la Alemania de la posguerra es un naufragio de personas y lugares rotos que no tienen arreglo.

Ni Johnny ni Nelly tienen ninguna esperanza de volver a ser lo que eran antes de la guerra. Sus respectivas experiencias los han transformado cualitativa y permanentemente. Realmente, Nelly es "irreconocible" para Johnny. A pesar de que la guerra ya ha terminado, y a pesar de los ajustes de cuentas personales, no hay alivio inmediato al sufrimiento casi universal y al sentido de traición, los cuales son casi insuperables.

Laberinto de mentiras

En los juicios de Nuremberg organizados por los Aliados (1945-1946) unos veinte destacados dirigentes nazis fueron enjuiciados y condenados. Casi dos décadas más tarde, los juicios (del campo de concentración) de Auschwitz que se inauguraron en Frankfurt el 23 de diciembre de 1963 y terminaron el 19 de agosto de 1965, marcaron la primera vez en que muchos oficiales nazis fueron llevados ante los tribunales de la República Federal Alemana de Alemania Occidental (RFA). Alrededor de 1.1 millones de presos, el 90 por ciento de ellos judíos, murieron en la red de campos de concentración de Auschwitz.

Laberinto de mentiras

De los más de 6,000 a 8,000 ex miembros de las SS (organización paramilitar del Partido Nazi) que custodiaba Auschwitz entre 1940 y 1945, sólo 22 se presentaron ante el tribunal de Frankfurt.

El laberinto de mentiras de Giulio Ricciarelli comienza en Frankfurt en 1958. Un ambicioso joven fiscal Johann Radmann (Alexander Fehling) —una combinación ficticia de los tres fiscales que participaron en los juicios de Auschwitz— está ansioso de trabajar en el caso más difícil que ha tenido nunca, comparado con su actual encargo, de violaciones de tránsito. En el tribunal de tránsito es donde conoce, y finalmente se enamora de Marlene (Friederike Becht), a quien Johann procesa por una infracción menor —un incidente que demuestra el tipo de persona que es él, incorruptible, que sigue la ley “al pie de la letra".

También entra en la vida de Johann un periodista vigoroso pero contradictorio, Thomas Gnielkao (André Szymanski), que obliga al fiscal a reconocer cuántos ex nazis siguen funcionando sin obstáculos en la sociedad de Alemania Occidental. El jefe de fiscalía general Fritz Bauer (interpretado por el fallecido Gert Voss, a quien está dedicada la película, y que murió en julio de 2014 a los 72 años de edad), muy consciente de la peste nazi, alienta a su joven socio a continuar con el caso. (Ver esta serie de tres partes WSWS [en inglés]: "Cuarenta años desde el juicio de Frankfurt Auschwitz", parte 1, parte 2, parte 3.)

Trabajando con Gnielka y un sobreviviente del campo de concentración de Simon Kirsch (Johannes Krisch), Johann queda totalmente aturdido cuando se entera de las vastas dimensiones de la maquinaria de exterminio nazi de Auschwitz y que muchos de los que hacía funcionar la "fábrica de la muerte" ahora tienen carreras cómodas en puestos públicos. ("El sector público está lleno de nazis. Y ninguno de ellos tiene nada de qué preocuparse".)

Laberinto de mentiras

Moviéndose a través de los registros caóticos de 600,000 personas, almacenadas en el Centro de documentación del Ejército de EE.UU., Johann descubre que miles de ex nazis volvieron a la perfección a sus vidas de antes de la guerra. Johann es ayudado en sus actividades por el testimonio de sobrevivientes de Auschwitz, por su secretario entrañable y de integridad total Schmittchen (Hansi Jochmann), y por un fiscal compañero, que inicialmente ridiculiza a Johann por el proyecto.

En uno de los momentos más intensos de la película, un sinnúmero de sobrevivientes de Auschwitz entran a la oficina de Johann, uno tras otro, para dar testimonio. No se escucha ninguna palabra durante la escena, sólo se ven las caras de las personas con determinadas expresiones, contando historias de horror de sus experiencias. Schmittchen no puede contener su dolor y shock.

Al principio, Johann se centra exclusivamente en la captura del esquivo Dr. Josef Mengele, a expensas de objetivos menores. Después de descubrir que el padre de su novia Marlene había sido un nazi, Johann comienza a preguntarse acerca de su propio padre ya fallecido, a quien idolatra e idealiza. En cierto momento, uno de los superiores hostiles de Johann le pregunta con enojo: "¿Quieres que todo joven en este país se pregunte si su padre era un asesino?"

La película Laberinto de mentiras dramatiza con éxito los acontecimientos que hicieron que los juicios ayudaran a descubrir la verdad sobre los campos de exterminación y el gran impacto que han tenido, sobre todo en la generación más joven de los alemanes.

En una señal de algunas de las actuales dificultades ideológicas que ni Fénix ni Laberinto de mentiras no hagan ningún intento de explicar el fascismo alemán como un fenómeno histórico y social. El régimen nazi es más bien “implícito”, un punto de partida terrible en ambas películas para un drama legítimo y convincente. Cada obra tiende a reducir el problema a decisiones morales individuales. Esto queda resumido en el comentario de uno de los personajes principales de Laberinto: "La única respuesta para lo que sucedió en Auschwitz es que cada quien debe hacer lo correcto para sí mismo". Sin embargo esto deja a un lado la cuestión de cómo fue que Auschwitz llegó a existir, en primer lugar, y si su existencia era inevitable.

Sin embargo, ambas son películas serias y sinceras y sirven como advertencias contra cualquier intento de minimizar o relativizar los crímenes del Tercer Reich.

Tombuctú

Inspirada en eventos reales, Tombuctú [Timbuktu], la nueva película del cineasta talentoso, nacido en Malí, Abderrahmane Sissako (Bamako, Waiting for Happiness [Bamako, Esperando la felicidad]), es una elegante, protesta lírica contra la toma fundamentalista islámica del norte de Malí. Ambientada en el 2012, la película abre con una gacela siendo perseguida a través del desierto por un camión lleno de hombres con rifles —una metáfora de la destrucción sin sentido de la gracia y la belleza natural del país.

Tombuctú

El ritmo de vida y las viejas tradiciones de la capital provincial de Tombuctú están bajo asalto por los invasores yihadistas, que han prohibido la música, el deporte y muchas cosas muy humanas. El castigo es rápido y bárbaro y el destino de las mujeres y las muchachas del pueblo está a la merced de los caprichos de un cruel gobernante.

Viviendo una existencia tranquila en las afueras de la ciudad está Kidane (Ibrahim Ahmed), un pastor de cabras y ganado que comparte una tienda de campaña con su esposa Satima (Toulou Kiki), su hija Toya (Layla Walet Mohamed) e Issan (Mehdi Mohamed AG), un niño huérfano de doce años que cuida el pequeño ganado de Kidane. Muchos de sus vecinos ya han huido, dejando esta familia aislada en las calientes dunas de arena.

Cuando Kidane enfrenta airadamente a un pescador local que ha matado a su vaca más preciada, sin intención de hacerlo, lo mata —un trágico momento majestuosamente filmado. No hay piedad para él en el juicio inflexible de la teocracia. Antes del desenlace desgarrador de la película, Kidane y Satima comparten un apasionado abrazo, rápido como un relámpago.

Intensamente poética, Tombuctú es discordante en su retrato realista de los yihadistas —desde lo más endurecido hasta lo menos convencido. Además, representa a la población local como indómita y llena de recursos, aun en contra de las circunstancias increíblemente difíciles. Al mismo tiempo, el drama está bañado por la cámara de una fluyente luz blanca de sol y playa.

La película es magistral en muchos sentidos. Sin embargo, como en el caso del par de películas alemanas, la falta de contexto histórico y social abre las puertas a ciertos peligros. El fundamentalismo islámico no viene de la nada. Se alimenta de una inmensa miseria social y la dominación imperialista del continente africano. Las diversas grandes potencias, Francia a la cabeza, utilizaron el pretexto de la rebelión del 2012 para intervenir y fortalecer su dominio sobre Mali. ¿Cuál es la actitud de Sissako hacia esa sucia guerra colonial? Tombuctú no proporciona una respuesta a esa pregunta.

Corbo

En Corbo, el cineasta canadiense-francés Mathieu Denis se ocupa de los orígenes del Frente Nacionalista de Liberación de Quebec (FLQ -Front du libération du Québec) en su dramatización del destino de Jean Corbo de 16 años de edad, un quebequés de origen italiano que se explotó a sí mismo en Montreal en 1966, mientras que colocaba una bomba en una fábrica textil.

Corbo

La campaña terrorista del FLQ por la independencia de Quebec, que comenzó en 1963, culminó en octubre de 1970 con el secuestro del Comisario de Comercio británico James Cross, y el Ministro de Trabajo de Quebec Pierre Laporte, y el asesinato de este último. El 16 de octubre de 1970, el gobierno canadiense del Primer Ministro Pierre Trudeau implementó la ley de Medidas de Guerra, suspendiendo el habeas corpus y otros derechos democráticos. Mientras los tanques patrullaban las calles de Montreal, la policía y el ejército llevaron a cabo 3,000 redadas y arrestaron a 497 personas.

La película de Denis es una película muy confusa —y en su mayor parte no convincente dramáticamente — que intenta captar este episodio histórico crucial. La formación de la FLQ se llevó a cabo bajo condiciones de radicalización de la clase trabajadora emergente y empobrecida de Quebec, que se levantó en armas cuasi insurreccionales a finales de 1960 y principios de 1970. En ese momento, elementos de la población de Quebec, especialmente entre los jóvenes y estudiantes, eran susceptibles a la retórica nacionalista de izquierda y a los maoístas, que invocaron los movimientos de liberación nacional en Argelia, Palestina y Vietnam como los modelos para el sus guerrillas. Por el contrario, los socialistas genuinos lucharon por la unidad de los trabajadores de habla francesa e inglesa en contra de Ottawa y Quebec. Es muy revelador que la clase obrera está completamente ausente de la película de Denis.

El cineasta parece ver el episodio del FLQ únicamente desde el punto de vista de la identidad nacional de Quebec, y sigue sintiendo que el tema aún no se ha resuelto. Denis le dijo al National Post, "… después de 50 a 55 años de afirmación nacional y de lucha nacional, y después de dos referéndums con el pueblo quebequés votando No, creo que la gente de Quebec sigue luchando para definir quiénes son". Hay una continua "crisis de identidad" en Quebec, Denis argumenta. De esta manera, evita las más profundas cuestiones de clase social ligadas al período de la trágica muerte de Jean Corbo.

Otras películas

En La lección [The Lesson], los cineastas búlgaros Kristina Grozeva y Petar Valchanov examinan el gansterismo que domina la Bulgaria posestalinista. Basada en hechos reales, un maestro de una pequeña ciudad búlgara roba un banco para evitar la subasta hipotecaria de su casa. La película es un esfuerzo genuino pero artísticamente y socialmente limitado. En una entrevista, Grozeva declaró que su película es una "historia pacífica pero desesperada de una pequeña persona que lucha contra el sistema y el mercantil sin alma, en el mundo cínico en que vivimos". Sin embargo, este panorama bastante sombrío e históricamente estrecho de las cosas no va realmente a ayudar a remediar esta situación.

El director de origen israelí Tamara Erde visita seis escuelas independiente dirigidas por israelíes y palestinos, en su documental Esta es mi tierra [This is my Land]. Erde dibuja un signo de igual entre los dos lados y siente que a través de un enfoque educativo diferente, el conflicto palestino-israelí puede ser mitigado. Algún material es interesante en una obra que equilibra falsamente una población palestina oprimida con su opresor.

En Divorcio: El juicio de Viviane Amsalem [Gett: The Trial of Viviane Amsalem] es la conclusión de una trilogía de los hermanos cineastas israelíes Ronit y Shlomi Elkabetz. Esta última historia es un drama judicial que se centra en la lucha de cinco años de Viviane (Ronit Elkabetz) para divorciarse de Elisha Amsalem (Simon Abkarian). Los casos de divorcio en Israel están a cargo de la Corte Rabínica. (Gett es la palabra hebrea para el documento de divorcio.) Contrario a las afirmaciones de que Israel es un oasis "secular, democrático" en un mar de fanatismo islámico, esta película casi interminable de una sola nota, muestra que en muchos aspectos el país es un estado patriarcal, cuasi teocrático.

Continuará