Festival Internacional de Cine de Toronto 2014 – Parte 1

Algo diferente en el cine

por David Walsh
24 septiembre 2014

Este artículo apareció en inglés el 18 de septiembre del 2014 Traducido por Mayra Luna

[Esta es la primera de una serie de artículos dedicados al reciente festival de cine de Toronto (septiembre 4-14)].

Una serie de películas notables se proyectó en el reciente Festival Internacional de Cine de Toronto, de un total de 284 largometrajes y 108 cortos, de unos 80 países.

Es un reto el registrar los cambios de año a año, y darles sentido, en un evento tan grande y complejo. Pero había algo diferente en el festival del 2014 en las mejores películas, algo más nítido, más centrado...

El crecimiento ininterrumpido de la desigualdad social, el incesante motor a la guerra y el salto derechista de todos los gobiernos y partidos oficiales están teniendo un obvio impacto, sobre guionistas, directores y actores. Para los cineastas estadounidenses, en particular, esto ha significa librarse de sus ilusiones con Barack Obama, cuya gobierno ha demostrado ser de más derecha en la historia de Estados Unidos.

Como siempre, el festival reciente fue bastante contradictorio.

El festival de cine de Toronto tiene una importancia para la industria del cine mundial. En un comunicado de prensa, los funcionarios señalaron que el festival de este año estableció un nuevo récord de participación de los delegados de la industria (5,000) y tuvo “fuertes ventas de películas… hasta la fecha: 41 ventas de películas han sido anunciadas en territorios a nivel mundial, que incluyen 24 grandes ventas a distribuidores en Estados Unidos”. El número de delegados de la industria de China, por ejemplo, aumentó en un 217 por ciento y de Sudáfrica en un 59 por ciento.

Los sectores interesados en la difusión, compra y venta (y en gran medida, en el filmar) de películas a nivel mundial tienen su propia agenda y su propio punto de vista social, que corresponden a una perspectiva más general, de una clase media alta absorta en sí misma. La identidad personal, las cuestiones de identidad sexual y el apoyo irreflexivo de la intervención imperialista por razones "democráticas" y "humanitarias" en Siria, Ucrania, y así sucesivamente, todavía parecen predominar. Hubo numerosas películas a lo largo de estas líneas en el festival de este año.

La película que ganó el Premio del Público, que fue bastante promovida , El Juego de imitación [The Imitation Game], dirigida por el Noruega Morten Tyldum y con Benedict Cumberbatch y Keira Knightley, es un ejemplo de ello. Es ficción que muestra las experiencias del matemático, criptoanalista y científico de computación británico Alan Turing (1912-1954), que trabajó para los servicios de espionaje militares británicos durante la Segunda Guerra Mundial. Los cineastas tratan con sensibilidad la homosexualidad de Turing, incluyendo su eventual sanción por "indecencia grotesca". Al mismo tiempo, el carácter de la segunda guerra imperialista y el papel de los militares y figuras como el británico Winston Churchill son tratados de una manera totalmente convencional y acrítica. Esto es lo que encontramos en mayor parte en otras películas.

Por otra parte, están los que toman el mundo y las impresiones de éste de manera más seria. Tendremos más que decir acerca de algunas de estas películas en los artículos subsiguientes o en el momento de su estreno.

Mike Leigh había estado tratando de hacer, desde hace tiempo, una obra fuerte y fascinante acerca de El Sr. Turner [Mr. Turner] que trata acerca de las últimas décadas de la vida del pintor inglés JMW Turner (1775-1851). Y lo consiguió. A su manera, es una película bastante radical, que insiste en los orígenes humildes de Turner y de su alejamiento de las altas esferas de la sociedad británica, así como de la academia de pintura.

El Sr. Turner

De una manera significativa, y en luz de las amenazas actuales contra los museos y galerías de arte públicos, la película también fuertemente hace notar que Turner (Timothy Spall) rechazaba que su obra fuera propiedad privada de nadie e insistía que sólo se mostrara, completa, al público ¡de forma gratis!

Leigh le dijo a un entrevistador, "Turner es un gran artista: un pintor revolucionario radical. Sentí que había margen para una película examinando la tensión entre este individuo, mortal e imperfecto, y la obra épica, la forma espiritual que él tenía de mostrar el mundo".

Uno puede referirse a lo que no existe en esta obra: una mayor apreciación de las corrientes históricas y sociales más amplias que ayudaron a formar a Turner (que ingresó en la Real Academia de Escuelas de Arte en 1789), por ejemplo, pero lo que Leigh presenta es visualmente impresionante, profundamente humano y, a menudo muy conmovedor.

Del iraní-estadounidense Ramin Bahrani 99 viviendas [99 Homes], con Andrew Garfield, Michael Shannon y Laura Dern, evoca poderosamente la crisis hipotecaria en Florida por medio de la historia de un hombre joven (Garfield) obligado a hacer un pacto con el "diablo", el vendedor de bienes raíces y desarrollador (Shannon) que organizó la subasta de la casa del joven.

99 viviendas

El actor Paul Bettany dirige a su esposa Jennifer Connelly, junto con Anthony Mackie, en Refugio [Shelter], acerca de dos personas sin hogar en la ciudad de Nueva York. No nos fue posible ver Sin pensar en el tiempo [Time Out of Mind], dirigida por Oren Moverman, con Richard Gere como un hombre que se ve forzado a entrar a un refugio para desamparados.

Ethan Hawke tiene un papel protagonista como piloto drone, dirigiendo asesinatos a 7,000 millas de distancia desde una base de la Fuerzas Aérea de los EE. UU. en Nevada, en Buena muerte [Good Kill], escrita y dirigida por Andrew Niccol (guionista de El show de Truman [The Truman Show]). La película tiene debilidades genuinas, y hace ciertas concesiones injustificadas, pero también contiene algunas escenas bastante perturbadoras y conmovedoras.

Buena muerte

En Tigres [Tigers], el cineasta nacido en Bosnia, Danis Tanovic (Circo Colombia, un episodio en la vida de un selector de hierro [Circus Columbia, An Episode in the Life of an Iron Picker) va tras los conglomerados del mercado en el cual una mala fórmula para bebés es distribuida a las madres en zonas empobrecidas del mundo, lo que resulta en la muerte de un sinnúmero de infantes.

Tigres

El cineasta suizo-iraquí Samir (Olvidemos Bagdad: judíos y árabes—la Conexión Iraquí [Forget Baghdad: Jews and Arabs—The Iraqi Connection]) hizo otro documental intrigante, esta vez en 3-D, Odisea iraquí [Iraqi Odyssey]. La película abarca 50 años de la historia de una familia y de la historia nacional. Varios familiares de Samir fueron miembros del Partido Comunista Iraquí y la película, inadvertidamente o no, es una acusación de la desastrosa política estalinista iraquí, de aliarse con una u otra rama de militares y de la burguesía.

Odisea iraquí

Dos películas serias de Alemania tratan sobre el nazismo y sus consecuencias. Fénix [Phoenix], dirigida por Christian Petzold (Barbara, El estado en que estoy [Barbara, The State I Am In]), se centra en una sobreviviente desfigurada del campo de concentración (Nina Hoss), que se somete a cirugía plástica y busca a su marido en los escombros de la posguerra de Berlín. Laberinto de mentiras [Labyrinth of Lies], del director de origen italiano Giulio Ricciarelli, es un relato de los acontecimientos que sucedieron antes del juicio de Frankfurt Auschwitz en 1963 (Frankfurt Auschwitz trial).

Laberinto de mentiras

Del director veterano mauritano Abderrahmane Sissako (La vida en la Tierra, Bamako [Life on Earth, Bamako]) viene To mbuctú, acerca de un pastor de ganado en el norte de Malí, que entra en conflicto con los fundamentalistas islámicos. Sissako sigue siendo un cineasta poético y serio.

César Fierro, el hombre más viejo de México que vive en el condenado a muerte en Estados Unidos, ha estado en una prisión de Texas por 30 años. Los años de Fierro [The Years of Fierro], dirigida por Santiago Esteinou, examina el caso contra Fierro, su tragedia familiar y la brutalidad del sistema legal de Texas.

Se exhibieron otras obras interesantes, procedentes de Francia, Israel y otros países...

Prácticamente cada una de estas películas tiene fallas, algunas de ellas son graves, pero cada una es un serio intento de presentar una imagen de la vida. Y, después de todo, los espectadores tienen el derecho, como personalidades sociales y morales —y, como ha dicho Trotsky—, de exigir que el cine les dé una interpretación estética, transformadora, de lo que les preocupa.

Continuará