Impacta a toda Europa el referéndum separatista de Escocia

17 septiembre 2014

Esta perspectiva apareció en inglés el dieciséis de septiembre del 2014

El referéndum sobre la independencia de Escocia representa un cambio cualitativo histórico para el Reino Unido y toda Europa. Aunque en estos momentos, el resultado del voto del dieciocho de septiembre de votación se ve muy difícil de pronosticar, una reciente encuesta que por primera vez, predice una mayoría para el SI acaba de provocar una crisis en los círculos de poder en todo el continente. Numerosos líderes políticos y figuras influyentes se alinearon para oponerse a la independencia de Escocia y advertir de sus consecuencias desastrosas.

Esta respuesta está motivada, en primer lugar, porque temen que la separación de Escocia profundizaría la crisis económica más allá del Reino Unido, arrastrando también a toda Europa. Como resultado de predicciones de que un voto SI desplomará el valor de la libra esterlina en un quince por ciento, especuladores vendieron el mes pasado casi diecisiete mil millones de libras esterlinas en acciones, bonos y otros activos financieros ligados al Reino Unido.

El diario de Londres The Times comentó que el temor a un voto pro independencia causó "la mayor venta de las inversiones británicas desde el colapso del banco de Wall Street Lehman Brothers."

Fue el colapso de Lehman que desencadenó la crisis financiera mundial del 2008 y el desmoronamiento del sistema capitalista internacional. La caída en pique de la economía del Reino Unido podría ser igualmente desastrosa, especialmente dada la precaria situación europea.

Este mes el Banco Central Europeo decidió la compra de bonos del sector privado por un valor inicial de cien mil millones de euros y recortar tasas de interés (de banco a banco a corto plazo) al 0.05 por ciento. Se trata de un último intento desesperado para poner en marcha la economía del continente y evitar la deflación. Francia ya está experimentando un crecimiento cero y las economías de Alemania e Italia se contrajeron. Se advierte que se avecina un tercer desbarranque en este proceso recesivo. Las élites europeas también temen de cómo impactaría la estabilidad de sus propios Estados el resquebrajamiento del Reino Unido, (que lleva trescientos siete años de existencia, desde el Acta de Unión de 1707). Si algo así puede ocurrir en Gran Bretaña, algo similar puede ocurrir en muchas otras partes de Europa.

Los independentistas de Italia, Bélgica, España y otros países están siguiendo con avidez el referéndum escocés. Hace un semana hubo una manifestación de cientos de miles en Barcelona a favor de la independencia de Cataluña. Muchos ondeaban la bandera de Escocia para exigir el reconocimiento oficial de España del balotaje de independencia catalana programado para el nueve noviembre de este año.

La ausencia de un movimiento separatista similar al de Escocia es poco consuelo para las élites gobernantes. Los avances logrados por el Partido Nacional Escocés (SNP) y sus acólitos y testaferros son en gran parte el resultado de la exitosa explotación del inmenso repudio popular para con los partidos existentes, que son culpables de medidas de austeridad y del belicismo.

Ese repudio va más allá del gobierno de coalición (entre el Partido Conservador y el Partido Liberaldemócrata) del Reino Unido. El Partido Laborista tampoco es capaz de crear una alternativa política. Ni siquiera puede dar razón alguna para que Escocia sigua perteneciendo al Reino Unido. Es objeto de repudio por haber apoyado las guerras ilegales en Irak y Afganistán, por su ideología de libre empresa, por haber rescatado a los bancos en el 2008 y por las brutales medidas de austeridad económica que comenzó a imponer antes de ser forzado a dejar de gobernar.

Todos los partidos europeos están en la misma o peor situación. Todas ellos confrontan ansiosamente un enorme descontento y oposición popular, aunque incipiente, al existente andamiaje social.

El referéndum escocés genera enormes tensiones sociales que apuntan a una crisis sin precedentes del gobierno, cualquiera sea el resultado del balotaje del jueves. Varias encuestas realizadas en estos últimos días indican que existe una mayoría en contra de la independencia, reflexión de temores sobre el impacto económico de la separación. Sin embargo, mientras que un voto SI iniciaría claramente una crisis política sin precedentes, una pequeña mayoría por el NO dejaría abierta la Caja de Pandora.

Nada de esto pinta de progresivo el separatismo del SNP o de similares movimientos en otras regiones. Al contrario, el separatismo, o independentismo, es un proyecto totalmente reaccionario.

El nacionalismo escocés le da voz a los intereses de una facción de la burguesía, representada por el SNP, y sus huestes de clase media, intoxicadas en la visión de atraer hacia ellos una mayor tajada de la riqueza escocesa (que incluye decenas de miles de millones de libra esterlinas en petróleo e impuestos fiscales) y hacer más sólidas sus relaciones con las grandes empresas, ofreciéndoles bajos los impuestos y una más intensa explotación de la clase obrera.

Los mismos elementos buitres están en control de la separatista Liga del Norte en Italia, Vlaams Belang en Bélgica, los nacionalistas vascos y catalanes, y organizaciones parecidas en todo el continente.

Los verdaderos intereses de clase en que se cimienta el proyecto separatista no tienen congruencia con las demagogia del SNP de políticas sociales progresistas, cosa que muchos trabajadores bien saben. Bajo estas circunstancias, juegan un papel clave en la defensa de nacionalismo las porras independentistas de la seudoizquierda. Entre estas están el Partido Socialista Escocés (SSP), la Campaña de Independencia Radical, y el ex líder SSP Tommy Sheridan.

Nadie menos que el Financial Times los considera un "factor fundamental" de apoyo a la campaña del SI. Su labor es atar el descontento social y político de los trabajadores al carro del SNP, alegando que (dejando de lado al mismo SNP) la independencia significaría una ruptura con las medidas de derecha impuestas desde Westminster.

El separatismo es reaccionario no simplemente porque el SNP será el partido en el poder después de la independencia, sino por la clase que va a gobernar. Para la clase obrera de Escocia, y de Europa, darle un espaldarazo al independentismo sería un desastre. Causaría la balcanización de todo el continente. Trae consigo la erupción de los antagonismos nacionales que envenenan las relaciones entre los trabajadores y alinearlos detrás secciones rivales de la clase capitalista. En todos los países y en las regiones pequeñas los trabajadores competirían unos contra otros en una carrera fratricida y desastrosa.

La falsa izquierda fomenta el separatismo en condiciones donde todos los trabajadores encaran los mismos ataques de parte de los bancos, de las empresas transnacionales y de los gobiernos que mandan en toda las partes de Europa y en todo el mudo; al tanto que la mundialización de la vida económica ha creado una base sin precedentes para (y la necesidad de) unir las luchas de los trabajadores a través de fronteras nacionales con una visión internacionalista y socialista.

Los nacionalistas de la seudoizquierda están haciendo el trabajo sucio de los capitalistas. Presentan las mentiras burguesas sobre el potencial progresivo de una Escocia independiente como una alternativa opuesta a la lucha por el socialismo, lucha que temen y repudian en privado y rechazan públicamente dizque por ser imposible.

En verdad, la perspectiva menos realista de todas es la idea de que la creación de una multitud de estados pequeños y menos viables es una solución para la clase obrera.

El Partido Socialista por la Igualdad del Reino Unido llama a un voto "NO" inequívoco en el referéndum escocés. Trabajadores escoceses, ingleses y galeses no deben permitir que se les divida. Deben unirse y luchar en común contra el enemigo de clase, cualquiera que sea la bandera que ondeen.

La respuesta a la dictadura de la oligarquía financiera y sus partidos en el Reino Unido no es la creación de un nuevo estado escocés (que será dominado por las mismas fuerzas sociales hostiles a los obreros) sino la lucha por un gobierno obrero y una Gran Bretaña socialista. Junto con nuestros compañeros europeos e internacionales, estamos a favor de terminar con el dominio capitalista en todo el continente mediante la creación de los Estados Unidos Socialistas de Europa.

Chris Marsden y Robert Stevens