Maquillaje social y político del asesinato de Michael Brown

28 agosto 2014

Esta perspectiva política se publicó en ingles el 27 de agosto del 2014

Miles de obreros y jóvenes participaron en el funeral de Michael Brown el lunes 25 de agosto. Su presencia fue una manifestación de repudio al asesinato policial de un joven de 18 años de edad que iba desarmado. En contraste, el funeral en sí fue un evento controlado por la derecha, con tres representantes del gobierno de Obama y conducido por Al Sharpton, notorio emisario del Partido Demócrata.

La ceremonia, pagada y controlada por la gente de Sharpton, sirvió para maquillar todas las cuestiones de clases que rodean a la muerte de Brown, dar legitimidad al estado de ley marcial de facto de Ferguson Missouri y encarrilar la oposición hacia los grupos políticos oficiales.

Desde un principio la clase gobernante reaccionó a las manifestaciones de protesta contra la muerte de Brown con una estrategia de dos tácticas. Por un lado se movilizó la máquina represiva del Estado (fuerzas antimotines con rifles automáticos montadas en tanquetas y disparando gas lacrimógeno, balas de hule y otros proyectiles no letales contra manifestantes no violentos). Arrestaron a más de dos cientos.

Se transformó a Ferguson en un laboratorio para ensayar cómo imponer condiciones de dictadura policial sobre una urbe de Estados Unidos. A los periodistas se los amenazó. Apareció la Guardia Nacional. Se impuso un toque de queda, y se suspendió el derecho constitucional a reunirse en la calle, bajo un “estado de emergencia,” decretado por el gobernador Jay Nixon, del Partido Demócrata.

No sería suficiente reprimir las manifestaciones por la fuerza. Se recurrió a una segunda táctica. Personajes como Al Sharpton (quien estuvo acompañado por líderes religiosos y políticos de Partido Demócrata) fueron activados para fomentar la política de la raza y atrapar a las manifestaciones dentro de límites inofensivos. El gobierno de Obama envió al fiscal general Eric Holder, de origen afroamericano, y el gobernador Nixon puso a cargo del operativo policial al capitán Ron Johnson, de la patrulla de caminos, también de origen afroamericano.

Esta dos tácticas alzaron cabeza en el elogio funerario de Sharpton, tanto por lo que él dijo y por lo que calló. Este hombre que en una época fue soplón de la FBI, habló no como amigo de los obreros y jóvenes de Ferguson, sino como emisario del mismo Estado capitalista que asesinó a Brown e intentó aplastar las manifestaciones de repudio a la muerte de este muchacho.

Más importante que el mensaje de Sharpton fue que ignoró totalmente el contexto político y económico que rodea el asesinato de Brown (y de cientos más a manos de la policía de todo el país) y la represión que le siguió. Nada se dijo de la falta de empleo, ni de la pobreza en Ferguson y otras ciudades. No hubo ninguna mención de la enorme desigualdad social que hace que la burguesía imperante utilice métodos cada vez más violentos para suprimir el enojo y el descontento social.

Todo lo contrario: el discurso de Sharpton fue para vituperar y fustigar a la juventud afroamericana, especialmente a los manifestantes de Ferguson. Acusó a muchos por organizar “fiestas ghetto de lástima.” Alabando que un sector de afroamericanos (como él) ahora estaba en posiciones de poder, acusó a los que piensan que “no es negro tener éxito.” Continúo diciendo que “ahora ustedes quieren alardearse de ser negros y de tratar a sus mujeres de prostitutas.”

Estas pútridas palabras, llenas de desprecio se combinaban con la defensa del Estado: “No somos antipolicia; respetamos a la policía,” declaró Sharpton. Que haya asesinatos como el de Brown es sólo culpa de “unos pocos malos sujetos,” sentenció, algo que puede ser corregidos contratando a más policías afroamericanos y con otras reformas similares.

Evitó criticar la enorme reacción represiva militar y policial. Al mismo tiempo sus palabras fueron un eco de todos las fórmulas que el gobierno usa para justificar su mano dura. Se quejó de que la familia de Brown tuvo que ”interrumpir su duelo para pedirle a gente que no recurra al saqueo o la violencia.” Debemos recordar a Michael Brown por algo que no sean los alborotos.”

En notable el que haya usado palabras como alboroto ( disturbances, en inglés) que pertenecen al vocabulario policial y militar, cosa que sugiere que las manifestaciones no tenían razón de ser. La represión policial, según Sharpton, fue una respuesta necesaria a la violencia de los manifestantes.

Tampoco relacionó de ninguna manera la represión interna a las guerras de agresión contra otros países. Ignoró algo que bien han notado muchos obreros y jóvenes que hablan con el World Socialist Web Site: al mismo tiempo que se enviaba la Guarda Nacional a Ferguson, el presidente Obama aumentaba la presencia militar en Irak.

El espaldarazo que Sharpton le da a la represión policial es un reflejo de su propia persona: es un agente del Estado y un representante de ese sector empresarial y de la clase media alta que ha acumulado mucha riqueza, cuando las condiciones de vida se desmoronan para la mayoría, incluyendo a obreros y jóvenes afroamericanos. Esa capa social privilegiada y corrupta desde hace mucho tiempo fomenta la política de identidad racial para encubrir la separación de clases en esta sociedad y para dividir a la clase obrera.

Como testaferro del gobierno de Obama, Sharpton existe mancornado al gobierno. Coordina sus actividades y sus palabras con la Casa Blanca de Obama, un gobierno que ha acelerado los ataques contra la clase obrera y gestionado el tremendo aumento de desigualdad social y la militarización de la policía.

La aristocracia financiera agrede, con represión, la más mínima oposición social. En la actualidad la burguesía gobernante no tiene nada que ofrecer que no sea la represión.

Los eventos de Ferguson, ilustran la naturaleza explosiva de las relaciones sociales en Estados Unidos. Lo que petrifica a la aristocracia financiera son las consecuencias revolucionarias de la detonación cada vez más abierta de la lucha de clases. Por eso recurre a la violencia y a supuestos líderes de derechos civiles como Sharpton para asistir al terror estatal con desvíos y mentiras.

Andre Damon