Justicia capitalista y el acuerdo con Bank of America

24 agosto 2014

Esta perspectiva política apareció en ingles el 22 de agosto del 2014

El fiscal general y secretario del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, regresó a Washington DC el jueves 21 de agosto, concluyendo su gira de Ferguson, Missouri (ciudad que esta bajo la ley marcial), para anunciar un acuerdo con el banco Bank of America (BofA) a raíz de su culpabilidad en la venta de bonos hipotecarios fraudulentos, que le rindió ganancias de miles de millones de dólares.

El acuerdo le costará a esta casa financiera solo un tercio de los diez y seis mil millones que el Departamento de Justicia dice ser el monto del acuerdo. Al igual que con similares tratos, éste le crea un blindaje contra nuevos juicios, y protege a banqueros culpables de haber echado a más de diez millones de familias de sus hogares.

El acuerdo es por menos de diez mil millones. El costo real para la compañía, luego de deducciones impositivas será cinco mil millones de dólares, más o menos. El anuncio detonó un aumento en el precio de las acciones de BofA en la bolsa. Brian Moynihan, Gerente en jefe del banco, elogió el arreglo. “Beneficia a nuestros accionistas,” dijo, poniendo punto final a juicios contra el banco. “De las cosas grandes, esa era la única que en verdad quedaba,” acabó diciendo.

“La policía neoyorquina nunca acogotó a ningún banquero,” estaba escrito en un cartel en una reunión en memoria de Eric Garner, el habitante de el barrio de Staten Island de la ciudad de Nueva York que fue ahorcado y matado por vender cigarrillos en la calle. En realidad ningún banquero siquiera ha sido detenido, ni hablar de ser acusado, por quebrar el orden económico en el 2008.

Los bancos han sufrido multas mínimas que son sólo una pequeña parte del dinero gratis que el gobierno les ha estado dando durante seis años de medidas de subastas de liquidez a cero interés, rescates, y relajación cuantitativa.

El anunciado arreglo está en línea con otros acuerdos en torno a la especulación hipotecaria que hizo explotar la crisis del 2008. Éstos incluyen un acuerdo por siete mil millones con Citigroup en julio, y otro por trece mil millones de dólares con JPMorgan Chase en noviembre del 2013. Cada una de estos negociados (por sumas que son sólo una pequeña parte de las ganancias de estas instituciones financieras) incluye un blindaje que impide procesos adicionales.

“Estamos en este lugar para anunciar un peldaño histórico,” dijo Holder, “que responsabiliza a los que, con sus actos pusieron en jaque la integridad de nuestros mercados financieros y minaron la estabilidad de nuestra economía.” El trato, según Tony West, fiscal general asociado, “rinde cuentas ante el pueblo americano.”

¿Rinde cuentas?, un experto financiero comentó en el periódico Dow Jones Market Watch que “la gente que cometió los crímenes no sufrió nada; los que fueron sus víctimas no recibieron nada.”

El año pasado, Holder le declaró al Congreso que considera imposible hacer que los bancos rindan cuentas. Contestó una pregunta del senador Chuck Grassley (Partido Republicano), quien señalaba que no había ocurrido ningún juicio de importancia contra las instituciones financiera o contra sus directores durante el gobierno de Obama. “Me preocupa que estas instituciones son tan grandes y se nos hace muy difícil procesarlas, cuando se nos sugiere que si fuéramos a hacer acusaciones criminales la economía sufriría,” dijo Holder.

Así reconocía que la “rendición de cuentas” es imposible para gente que claramente desacató la ley y perjudicó desastrosamente a millones de personas. El problema es que en la opinión de Thomas Gordon, gran comentarista escocés del siglo XVIII, “la impunidad por crímenes pasados otorga a una licencia para cometer otros más.”

La impunidad de los banqueros de Wall Street es una representación más de la naturaleza moral y políticamente corrupta del Estado. Policías que asesinan a jóvenes e incapacitados mentales son suspendidos bajo sueldo (vacaciones). Mentiras se utilizan para justificar guerras, donde mueren cientos de miles, y los mentirosos y belicistas aparecen en televisión aullando por más sangre.

Este mes, el presidente Obama nuevamente defendió a la CIA cuando ya era claro que esta agencia de espías había acechado al mismo Senado estadounidense, al que le había robado documentos para esconder el programa de tortura del gobierno de Bush. Que “hicimos algunas cosas contrarias a nuestros valores… es algo que debemos entender y aceptar,” dijo Obama, pero nadie va a tener que rendir cuentas.

Con compañerismo nauseabundo Obama también dijo que “inmediatamente después de once de septiembre, cometimos algunos errores. También cometimos muchos aciertos, pero sí torturamos a algunos fulanos.”

¿Qué más podría añadir Obama?: “espiamos a algunos fulanos; bombardeamos algunos fulanos; armamos a la policía para dispararle a algunos fulanos; invadimos a algunos fulanos; armamos a Israel y ellos masacraron algunos fulanos; apoyamos al Estado Islámico y ellos decapitaron a algunos fulanos.

“Mi conciencia tiene mil lenguas diferentes, y cada lengua un relato diferente ofrece, y cada relato como de villano me condena,” nos dice Shakespeare en Ricardo III con mucha más perspicacia que Obama.

Todos los crímenes del Estado americano comparten la misma raíz: la naturaleza criminal y parasítica de la clase imperante (el Estado y los grupos políticos son su propiedad). La élite financiera vive del saqueo y fraude, rapiñando salarios de los trabajadores, asaltando fondos de jubilación, destripando prestaciones, destrozando fábricas, despidiendo obreros y obliterando ciudades enteras.

“Los privilegios de este sedimento social depende cada vez más de la violencia. La represión en las calles de Ferguson, Missouri revela los métodos que la clase imperante está dispuesta a usar. El Estado existe subordinado a una máquina policial, militar y de espionaje que dicta sus propias leyes.

El actual orden social no es capaz de castigar o de impedir ni el saqueo de la economía, ni la constante matanza policial, ni las diaria profanación de la constitución. Todos esos crímenes son crímenes del capitalismo. Para que algo cambie, es necesario primero arrancar de raíz este sistema social, y reemplazarlo con el socialismo, para organizar una sociedad conciente que satisfaga las necesidades sociales, no las ganancias de particulares.

Andre Damon