¿De quién es la culpa el asesinato de James Foley?

23 agosto 2014

Este comentario de perspectiva política apareció en ingles el 22 de agosto del 2014

El salvaje asesinato del periodista americano James Foley a manos del Estado Islámico de Irak y Siria (EI) ha creado asco y cólera en el proletariado de Estados Unidos y del resto del mundo.

Foley se consideraba antiguerra y por eso decidió dedicarse al periodismo, para revelarle al mundo el impacto humano de guerras sobre los habitantes de países como Siria, Libia e Irak. De alrededor de mundo llegan muchos mensajes de tristeza y admiración por la obra de Foley y por su generosidad y calor humano.

EI justificó grabar en video la decapitación como revancha por el bombardeo yanqui de Irak. En verdad con la ejecución de un individua que nada tuvo que ver con los crímenes de su gobierno y de la burguesía imperante de su país, EI demuestra la naturaleza corrupta y reaccionaria de su perspectiva mundial.

La política de EI y de otros grupos ligados a Al Qaeda no es la imagen de los deseos de liberación de la opresión imperialista de las masas oprimidas. Representa los intereses de sectores marginalizados de la burguesía árabes y musulmanas. Busca manipular divisiones sectarias en beneficio propio.

Ese punto de vista no es tan diferente del que predomina en un sector dominante de la oligarquía de los Estados Unidos. Está decidida a usar la muerte de Foley como palanca contra la hostilidad general que la ciudadanía americana siente hacia una nueva guerra en el Medio Oriente.

Influyentes capas de la prensa estadounidense ahora aúllan venganza en reacción al asesinato de Foley. Demandan más intromisiones militares de las FF. AA. estadounidenses, en esa región.

Por ejemplo el diario financiero de Nueva York, The Wall Street Journal, comentó ayer que EI se hizo más poderoso como resultado de “El rechazo de Obama a intervenir en Siria” y “de su retirada total de Irak en el 2011.” Demanda que el presidente se libre de su “obsesión política en concluir las guerras de Bush y acepte que este país debe volver a hacerle la guerra a Irak.”

El diario principal de Washington DC, The Washington Post, también comentó que “durante tres años Estados Unidos se ausentaba mientras los extremistas islamistas se hacían más fuertes en Siria. Lo sorprendió al gobierno de Washington cuando estos se clavaron en Irak… con orgullo declaran ser enemigos de Estados Unidos. Estados Unidos necesita una estrategia genuina para responder.

Ese comentario iba complementado por una grosera disquisición en la sección PostPartisan de comentarios de ese periódico. La advertencia fue escrita por el estratega del Partido Republicano Ed Rogers, y le aconseja a Obama como dar vuelta su “baja reputación pública.”

“¡Desate el infierno sobre los que mataron a Foley! No se trata sólo del rencor. Se trata de aclararle al mundo lo que le espera a los enemigos de Estados Unidos…. En este caso, una retribución aterradora es una buena política,” escribió Rogers.

Esas recomendaciones de nuevas guerras agresivas en el Medio Oriente se basan en monstruosas mentiras para esconder los orígenes verdaderos del asesinato de Foley.

La fenomenal aparición de EI no tiene nada que ver con el rechazo estadounidense de intervenir en Siria. Al contrario, el gobierno de Obama permutó el pretexto interventor de la guerra al terror por el de “cambio de régimen” en Libia y Siria, para armar y apoyar las milicias islámicas. Muamar el Gadafi, jefe de estado secular libio, fue derrocado hace casi tres años. Hoy esa nación esta desmoronada, empantanada en la violencia entre milicias antagónicas. Sufre de parálisis económica. Más de un millón han tenido que huir por sus vidas.

Estados Unidos y sus principales aliados levantinos, Turquía, Arabia Saudita, Qatar y Kuwait, siguen fomentando una guerra civil en Siria para causar también la caída del su jefe de estado secular, Bachar el Assad. En esa guerra EI se ha transformado en el más importante opositor armado al gobierno de el Assad. Hasta ahora han muerto cien mil. Obama mostraba discreto silencia cuando EI rapiñaba Siria, decapitando soldados capturados, empleados del gobierno, miembros de minorías religiosas y toda persona que obstaculizara su saqueo.

El mismo EI ahora despoja a Irak, sociedad quebrada por décadas de sanciones económicas, por el “aturdimiento y terror” de la invasión yanqui del 2003 seguida por ocho años de ocupación donde Washington estimuló todo tipo de división sectaria, parte de su estrategia de dividir y controlar el país.

Los grupos imperantes ahora actúan con la esperanza de explotar la horrible matanza de Foley para emprender otra guerra. La imagen más bárbara de esa expectativa se entrevió cuando el ex vicepresidente Dick Cheney regresó a los noticieros televisados demandando que Obama “resuelva la crisis en Irak.” Cheney, después de aceptar que la muerte de Foley había sido algo terrible, lanzó una advertencia de que ocurriría otro once de septiembre: “sólo que éste se magnificará un millón de veces. Eso es lo que le espera al mundo si no resolvemos esta crisis,” dijo Cheney.

La magnificación por un millón de la muerte de Foley iguala el mejor cálculo del número de vidas destruidas por la guerra por petróleo y otros intereses imperialistas en que Cheney jugo un papel tan siniestro, con sus mentiras de armas de destrucción masiva y de la alianza ficticia entre Saddam Hussein y Al Qaeda. La destrucción que resultó de esa guerra están a la vista de todos. La destitución de Hussein (enemigo secular de Al Qaeda, al igual que Gadafi y Assad) creó las condiciones para que una milicia sucesora de Al Qaeda barriera con la cuarta parte del territorio iraquí.

¡Cheney merece estar tras las barras, como el criminal de guerra que es, en vez de envenenar la opinión pública reclamando que otra guerra estadounidense establecerá paz y seguridad!

¿Quién tiene la culpa del asesinato de Foley? Sobre el hombro del asesino islámico está la palmada de más de diez años de operativos militares estadounidenses bajo Bush y Obama, que han hecho añicos de sociedades y fomentado fuerzas testaferras de depredadoras guerras imperialistas.

Hay una verdad no intencionada en el aviso de Cheney que esta atrocidad será multiplicada por un millón. Enmarañados en los perros de guerra que ahora azuzan los grupos de poder imperantes en torno a la muerte de Foley se encuentran las contradicciones (que no encuentran solución) del capitalismo en crisis. El imperialismo de Estados Unidos arremete hoy tanto en el Oriente Medio, como el Pacífico asiático, y por todo el mundo. Intenta encontrar una solución militar para su declive económico. A no ser detenido por el movimiento revolucionario de la clase trabajadora, el imperialismo arrastrará a la humanidad a una carnicería global.

Bill Van Auken