La guerra llega a Ferguson, Missouri

18 agosto 2014

Este artículo de perspectiva política apareció en inglés el 15 de agosto del 2014

El miércoles 13 de agosto, las gentes de Estados Unidos y del mundo quedaron asombrados por las imágenes que veían de Ferguson Missouri.

Reaccionando a la explosión de cólera sobre el asesinato policial de Michael Brown, de 18 años, este barrio de St Louis se ha convertido en una zona bélica. Comandos militares de la policía (SWAT, en inglés), vestidos con uniformes de fajina ocuparon la ciudad, armados de escopetas de alto calibre y montados en tanquetas de ataque. Amenazaron a manifestantes pacíficos y a periodistas. Los atacaron con gas lacrimógeno y balas de hule. Les dispararon proyectiles y granadas explosivas. La policía impuso un toques de quedas arbitrarios e hizo desbandar a los que protestaban, sin ninguna autoridad legal.

Presuntamente esas fuerzas son de la policía local. En esencia, sin embargo, llevan acabo una ocupación militar. Se asemejan a un ejército de ocupación, actúan como un ejército de ocupación, y están muy vinculados a las fuerzas armadas. La policía, ha sido armada con equipo militar y con nuevas reglas de operación. Están siendo entrenados a usar los mismos métodos que EE. UU y sus aliados utilizan en Afganistán, Irak, Gaza y Ucrania.

Ya no se trata sólo de Ferguson. Ahora se trata de la naturaleza de las relaciones sociales y políticas por todos los Estados Unidos. La apariencia de democracia ha sido descarapelada. He aquí el rostro de la ley marcial.

Lo que acontece en este suburbio relativamente pequeño de St. Louis de pronto revela una realidad amamantada en los Estados Unidos durante 15 años. Después del fraude electoral del 2000, la burguesía se valió de los ataques del 11 de septiembre del 2001 y de la “guerra al terror” como pretextos para destripar todos los derechos democráticos fundamentales.

Este presidente se otorga el derecho de detener y asesinar a ciudadanos estadounidenses sin ningún proceso judicial. Las agencias de espionaje, junto con la FBI y las fuerzas de policía municipales, vigilan las relaciones políticas y sociales de cada uno de los estadounidenses.

Esas medidas van mano con mano con el establecimiento del Departamento de Seguridad Patriótica (Department of Homeland Security, DHS) y el Comando Norte de las FF. AA. estadounidenses, que se estableció en el 2002 para por primera vez controlar operaciones militares dentro del país.

Las intrigas de operativos militares dentro de los Estados Unidos van bien en marcha. El jueves 14 de agosto el World Socialist Web Site (WSWS) puso el dedo en documentos del Pentágono sobre la guerra urbana que incluían estudios de intervención en la ciudad de Nueva York. La principal fuente de inestabilidad (y detonador de conflictos clasistas), dicen los militares, es la radical disparidad de ingresos. Han ocurrido muchas discusiones, a puertas cerradas, sobre las formas y mecanismos de un total régimen militar.

Los Estados Unidos está subordinado a una maquinaria militar, policial y de espionaje, extensa y descontrolada, guardiana de los intereses sociaes y políticos de una nueva aristocracia. Las instituciones políticas oficiales son simples cáscaras sin ninguna base social popular.

Por encima de todo eso está un presidente testaferro de poderosos intereses industriales y financieros. Cinco días después de la muerte de Brown, se los saca a Obama (interrumpiendo sus vacaciones en Martha’s Vineyard) para pronunciar insustanciales palabras. Sin duda Obama estaba preavisado por sus partidarios de la Asociación Nacional Para el Progreso de la Gente de Color (National Association for the Advancement of Colored People, NAACP), y de operadores políticos como Al Sharpton que la situación en Ferguson se les salía de las manos y podía hacer detonar protestas sociales a través del país.

Declarando que “es el momento de calma y paz en las calles de Ferguson.” Obama puso un signo de igual entre las manifestaciones contra la muerte por ejecución de un joven desarmado y la represión policial que ya ha producido un sin número de detenciones.

Chorreando el acostumbrado cinismo de su gobierno, Obama les pidió a todos recordar “que todos somos parte de una sola familia americana.” Siguió diciendo que “nos unen las mismas creencias, como la igualdad ante la ley, el respeto al orden público y el derecho a manifestarnos pacíficamente, honrar la dignidad de cada hombre, mujer y niño entre nosotros y que nuestro gobierno esté dispuesto a rendir cuentas.”

Las palabras melosas de Obama no disimularán la realidad estadounidense que revelan los acontecimientos de Ferguson. No existe ninguna “sola familia americana,” sino una sociedad escindida por divisiones de clase. No existe ninguna “igualdad ante la ley,” sino dos reglamentos, uno para los ricos y otro para los pobres.

La expansión multimillonaria (dirigida por Obama) de presupuestos de pertrechos militares para la policía, indica que el supuesto respeto de Obama al “derecho a manifestarnos pacíficamente” es una gran farsa. Esta expansión incluye dinero destinado al área metropolitana de St. Louis. La policía de Ferguson participa en el programa “1033” que en el 2013 distribuyó 450 millones de dólares a departamentos policiales municipales.

En cuanto a la disposición del gobierno “a rendir cuentas,” el gobierno de Obama es responsable de incontables actividades ilegales: guerras de agresión, espionaje interno, y tortura. Nadie ha tenido que rendir cuentas por esos crímenes, ni mencionar el descarado atraco económico de los bancos y de las grandes empresas.

Las palabras de Obama delatan un gran nerviosismo sobre el estado de las relaciones sociales en los Estados Unidos. Sin embargo, ni siquiera mencionó una sola vez la desesperación económica detrás de la cólera desatada en Ferguson y en todo el país. Ni él, ni nadie en la burguesía tiene ninguna propuesta para resolver la creciente pobreza, el hambre o la inseguridad económica, fuera de más represión.

Los Estados Unidos están en el filo de una navaja. Comienzan a explotar tensiones sociales que habían estado por mucho tiempo reprimidas. La burguesía dominante se ha quitado los guantes.

El WSWS advirtió el año pasado que se había cruzado una raya cuando un virtual estado de sitio fue forzado sobre Boston. El sitio de esta ciudad “demostraba el modus operandi de formas de dictadura en los Estados Unidos” decía el WSWS.

Quizás algunos pensaron que ese juicio exageraba. ¿Realmente habían llegado las cosas a ese extremo? Las calles de Ferguson comprueban que sí, las cosas han llegado al extremo.

Una vez más, los acontecimientos de esta semana sirven de advertencia. Las estructuras democráticas ya no pueden coexistir con el sistema capitalista y con sus resultados inevitables, la guerra y la desigualdad social. La opción para el proletariado es socialismo o tiranía.

Joseph Kishore