El nexo corrupto de Silicon Valley: guerra, censura y desigualdad

18 septiembre 2018

El miércoles, el CEO de Amazon, Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, dará el principal discurso en la conferencia anual de la Asociación de la Fuerza Aérea. Bezos discutirá “cómo puede la industria ser un mejor socio” del ejército estadounidense.

El discurso de Bezos se produce en medio de los esfuerzos de su empresa basada en Seattle para ganar un contrato de $10 mil millones de dólares conocido como “Proyecto JEDI” para albergar gran parte de la infraestructura de operaciones del Pentágono en internet (“la nube”). En un paso que seguramente le ganará puntos con las cúpulas militares que asignarán el contrato, Bezos recientemente donó $10 millones a un super PAC con sede en Virginia que trabaja para la elección de veteranos y la creación de un “Gobierno menos polarizado”.

El CEO de Amazon aparecerá como el representante de la segunda mayor compañía del mundo según su cotización en la bolsa, el segundo mayor empleador en EUA, el proveedor más grande de servicios de computación en la nube y el principal vendedor minorista en línea de EUA, con el doble de las ventas de sus siguientes nueve competidores juntos.

Bezos, quien es también dueño del Washington Post es uno de los oligarcas más poderosos de EUA. Su discurso frente a la Asociación de la Fuerza Aérea encarna el corrupto nexo entre las fuerzas armadas, la oligarquía financiera, la prensa y las empresas de alta tecnología, todas ellas dedicadas a crear un régimen de censura contra los puntos de vista izquierdistas, socialistas y contra la guerra.

Esta asociación expresa la aplicación práctica de la más reciente estrategia de seguridad nacional del Pentágono, la cual demanda una “integración sin costuras entre los múltiples elementos de poder nacional —diplomacia, información, economía, finanzas, inteligencia, fuerzas policiales y el ejército—”.

Esta es una fórmula para una sociedad en la que todos los mecanismos de control social son movilizados conjuntamente para defender y expandir la riqueza y el poder de la oligarquía financiera estadounidense. Es en esta dirección autoritaria en la que Bezos y sus socios buscan encaminar a uno los más críticos de estos mecanismos: la prensa.

El Washington Post de Bezos anticipó la aparición de su propietario en el evento de la Fuerza Aérea por medio de una serie de editoriales y artículos de opinión que solicitan una relación más estrecha entre el Pentágono y Silicon Valley. Más que cualquier otro periódico estadounidense, el Post ha insistido en la fusión del sector de alta tecnología en EUA con el ejército, en línea con la estrategia del Pentágono llamada “tercer intervalo”, la cual busca recuperar la “ventaja militar” de EUA “aprovechando un conjunto de tecnologías, incluyendo robótica, sistemas autónomos y ‘big data’ [grandes bases de datos]”, en palabras del Economist.

La campaña del Post a favor de una mayor integración de las corporaciones tecnológicas con el ejército se ha combinado con ataques contra los trabajadores de estas firmas tecnológicas que se oponen a la alianza con la máquina de guerra.

Durante las últimas dos décadas, cientos de miles de las mentes más brillantes de EUA se han ido a trabajar al Silicon Valley en el norte de California y sus ramas en Seattle, atraídos por promesas de que “las personas con pasión pueden cambiar el mundo positivamente”, en las palabras del ex-CEO de Apple, Steve Jobs, junto a la promesa de que ayudarían “a organizar la información mundial y volverla universalmente accesible y útil”, como lo afirma la misión de Google.

Sin embargo, cada año, más y más trabajadores tecnológicos se han visto involucrados en el desarrollo de instrumentos para asesinatos masivos, censura y represión política, lo que ha provocado protestas por parte de los trabajadores en Google, Amazon y Microsoft.

En junio, los trabajadores de Amazon presentaron una carta abierta oponiéndose a la provisión de tecnología de reconocimiento facial a las fuerzas policiales, además de contratos para servicios en la nube con las agencias del Gobierno de Trump que están llevando a cabo ataques propios de la Gestapo contra inmigrantes.

El mismo mes, Google anunció que acabaría su participación en un programa del Pentágono de capacidades de inteligencia artificial para drones militares después de que más de mil empleados de Google firmaran una carta que exige que Google prometa que no construirá “armas de guerra”.

El Washington Post se ha opuesto a estas protestas. En un artículo de opinión el 8 de agosto, dos ejecutivos de Anduril Industries, un contratista militar que busca vender sistemas de realidad virtual al Pentágono, denunció a los trabajadores que realizaban la protesta. “Entendemos que los trabajadores en el sector tecnológico quieran construir cosas que se utilicen para hacer el bien, no daño”, escriben los ejecutivos. “Sentimos lo mismo”, añaden. “Pero, excluir al ejército estadounidense podría tener el efecto contrario a las intenciones de estos protestantes: Si las compañías de tecnología buscan promover la paz, deberían alinearse junto a la comunidad de defensa de Estados Unidos, no en contra”.

Los autores continúan: “El mundo es más seguro y pacífico con un liderazgo fuerte de EUA. Esto requiere que el Gobierno estadounidense mantenga su ventaja en tecnologías críticas como la inteligencia artificial. Pero lograr esto va a ser difícil si la hostilidad creciente de Silicon Valley hacia colaborar con Washington continúa”.

El Post reiteró estos puntos en un editorial la semana pasada intitulado “Silicon Valley debería trabajar con el ejército en inteligencia artificial”. El periódico de Bezos afirma cínicamente que las empresas de tecnología deberían aliarse con el Pentágono porque el resultado podrían ser tecnologías con aplicaciones distintas a asesinatos masivos. “Los contratistas de DARPA [inglés para Agencia para Proyectos de Investigaciones Avanzadas en Defensa] probablemente desarrollarán productos con aplicaciones no letales”, declara el Post.

El secreto abierto de la colaboración de Silicon Valley con el Pentágono es que las guerras que emplearán la inteligencia artificial no se librarán solo fuera de las fronteras de EUA, sino que incluirán guerras entre clases y civiles.

La oligarquía financiera de EUA, cuya riqueza se ha más que duplicado desde el colapso financiero de 2008, está advirtiendo sobre los peligros que enfrentan sus riquezas ante una clase obrera cada vez más inquieta y enojada. En un reporte publicado la semana pasada, JPMorgan Chase advirtió sobre el posible impacto de una nueva crisis financiera en impulsar la oposición política.

La hoja de balance presentada por el mayor banco de EUA indica: “La próxima crisis también resultará en tensiones sociales similares a las que presenciaron hace 50 años en 1968”—un año que fue testigo de rebeliones urbanas y protesta masivas en EUA contra la guerra en Vietnam, la huelga general de mayo y junio en Francia y una radicalización global de la clase trabajadora.

“En 1968”, continúa el informe, “la televisión y el periodismo investigativo le proveyeron a la generación del “baby boom” un acceso a información sin filtrar sobre los desarrollos sociales como Vietnam y otras guerras indirectas, los movimientos de los derechos civiles, la desigualdad de ingresos, etc. Parecido a 1968, el internet actual (redes sociales, documentos filtrados, etc.) le provee a los milenial un acceso irrestricto a información sobre una gama sorprendentemente amplia de temas. Además de información, el internet provee una plataforma para que varios grupos sociales se vuelvan más conscientes, polarizados y organizados”.

Tales grupos “abarcan varias dimensiones sociales basadas en diferencias de ingreso/riqueza”, advierte el banco. En otras palabras, la crisis que se cierne encima del sistema financiero probablemente detonará un movimiento de masas de la clase obrera contra la desigualdad social.

Reconociendo el inmenso poder del internet para movilizar la oposición al orden social existente, bajo condiciones en las que existe una recepción masiva y cada vez mayor al socialismo entre trabajadores y jóvenes, las principales empresas de tecnología de EUA en colaboración con el Estado están buscando apresurar la imposición de censura política.

En una audiencia frente al Congreso la semana pasada, la directora de operaciones de Facebook, Sheryl Sandberg, prometió reemplazar el “discurso malo” con los “hechos alternativos” en las publicaciones que les aparecen a sus usuarios. Luego, presumió que su compañía emplea ahora a unas 20.000 personas encargadas en censurar contenido.

Por su parte, Google ha continuado e intensificado su censura de sitios web izquierdistas, antiguerra y socialistas. Desde que el World Socialist Web Site reportó por primera vez el año pasado que una serie de cambios en los algoritmos de búsqueda de Google habían ocasionado una fuerte caída en la audiencia de trece páginas web izquierdistas, el tráfico proveniente de búsquedas a estos sitios ha caído aún más, alcanzando en conjunto una reducción de 50 por ciento.

El reaccionario vínculo entre Silicon Valley, la CIA y el Pentágono debe enfrentarse y se enfrentará a oposición. En todo el mundo, los trabajadores están entrando en lucha, incluyendo docentes, trabajadores de Amazon, UPS, el servicio postal en Estados Unidos, pilotos y tripulaciones en Europa, y trabajadores de construcción en Turquía. Estos trabajadores deben entender que ellos son el blanco de la censura y que deben movilizarse para luchar contra el silenciamiento de puntos de vista de oposición socialistas e izquierdistas.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de setiembre de 2018)

Andre Damon