Tras cumbre en Helsinki, los demócratas promueven acción del “Estado profundo” contra Trump

18 julio 2018

La reunión del lunes en Helsinki ha desatado un torrencial de ataques frenéticos que se aproximan a una demanda directa al ejército y a las agencias de inteligencia que tomen acción para expulsar a Donald Trump de la Casa Blanca.

El Partido Demócrata, la prensa corporativa y las principales figuras dentro del aparato militar y de inteligencia lo han proclamado conjuntamente como traidor y agente del Kremlin.

Hay una larga lista de crímenes por los que Trump y su camarilla deben rendir cuentas. Pero los objetivos detrás de la histeria anti-Trump en la prensa y los métodos conspirativos a los que están recurriendo los demócratas son plenamente reaccionarios.

La reunión en Helsinki fue precedida por un anuncio estratégicamente sincronizado de que el fiscal especial, Robert Mueller, estaba presentando cargos contra doce presuntos oficiales de inteligencia militar rusos, alegando que se infiltraron en las computadoras del Comité Nacional Demócrata y de John Podesta, el encargado de la campaña presidencial de Hillary Clinton.

Esta acusación, la cual consiste de una serie de afirmaciones infundadas, fue explotada por dirigentes demócratas y varios medios de comunicación para exigir que Trump cancelara la reunión con Putin.

Cuando el presidente republicano ignoró estas demandas y realizó su viaje a Helsinki, los demócratas y sus aliados en los medios se prepararon para un estallido de ataques en cuanto se acabaran las conversaciones entre los mandatarios. Esto quedo particularmente claro en un artículo particularmente reaccionario del columnista del New York Times, Charles Blow, intitulado “Trump, Traidor Traicionero”, publicado la mañana de la reunión. Trump está “cometiendo un crimen increíble e imperdonable contra este país…”, le reprochó.

El tono histérico ya había sido acordado antes de la reunión en sí, y la reacción fue inmediata al finalizar el encuentro.

En el instante en que los presidentes acabaron su rueda de prensa conjunta, el presentador de CNN en Helsinki, Anderson Cooper, uno de los herederos de la fortuna de los Vanderbilt y alguien que realizó una pasantía en la CIA antes de entrar en el negocio televisivo, les anunció a los espectadores que estaban “presenciando la conducta más deplorable de un presidente estadounidense… que jamás haya visto”.

¿“La conducta más deplorable de un presidente estadounidense”? ¡Sin duda eso es algo trascendental!

¿Más deplorable que cuando George W. Bush lanzó su guerra de agresión contra Irak con base en mentiras, cobrando más de un millón de vidas? ¿Más deplorable que la campaña de asesinatos con drones de Barack Obama acabando miles de vidas? ¿Más deplorable que la guerra salvaje de Trump contra los inmigrantes, en la que la tortura deliberada de niños se ha convertido en un arma?

¿Cuál crimen perpetró Trump en Helsinki para opacar todos estos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad? Poner en tela de juicio la campaña en torno a la supuesta “injerencia” rusa en las elecciones del 2016, en la que la prensa trata las afirmaciones de las mismas agencias de inteligencia estadounidenses que nos dieron la historia de las “armas de destrucción masiva” como hechos incuestionables, pese a no ser respaldados con evidencia alguna.

Uno de los momentos más mordientes de la rueda de prensa en Helsinki fue cuando Putin, un exagente de la KGB, comentó que, siendo un exoficial de inteligencia, estaba familiarizado con “como se redactan estos dosieres”.

Cuánto menos tracción consigue dicha campaña entre la clase obrera estadounidense, tanto más frenética se vuelve su promoción por parte de secciones de la oligarquía gobernante, la prensa y el enorme aparato de inteligencia de EUA. El virulento lenguaje empleado en las denuncias contra las declaraciones de Trump en Helsinki es de un carácter ominoso.

John Brennan, un oficial que hizo su carrera en la CIA y se convirtió en su director bajo Obama, declaró que la comparecencia de Trump con Putin en Helsinki “sobrepasa el umbral de ‘delitos graves o faltas menores’. No fue menos que una traición”.

James Clapper, exdirector de inteligencia nacional, acusó a Trump de “esencialmente doblegarse y ser intimidado por Vladimir Putin”.

El columnista sobre asuntos exteriores del New York Times, Thomas Friedman, el principal propagandista para la guerra de Irak, describió a Trump como “un activo de la inteligencia rusa”, entonando luego, “Queridos estadounidenses, estamos en problemas y tenemos que tomar algunas decisiones serias el día de hoy. Este fue un momento histórico en la historia completa de Estados Unidos”, ya que Trump “tomó parte en un comportamiento traicionero”.

Friedman añadió: “Cada legislador republicano deberá y debería ser preguntado en la campaña electoral: ¿Están del lado de Trump y Putin o con la CIA, el FBI y la NSA?”.

Tal es la opción que le ofrece la clase gobernante a la población en Estados Unidos: Colóquense del lado de Trump o del lado de los operadores asesinos y que no rinden cuentas del “Estado profundo”. Friedman y el Times, quienes articulan fielmente la línea del Partido Demócrata, indican que los demócratas se adhieren a la segunda opción.

Algo no mencionado por Friedman ni por el resto de las comentaristas de los medios de comunicación que persiguieron la misma línea es que estas mismas agencias han perpetrado crímenes vastos, incluyendo golpes de Estado y asesinatos de líderes extranjeros, el empleo de tortura y el espionaje dentro de EUA.

Friedman luego aseveró que el mensaje que Trump debió entregarle a Putin era amenazarlo con que Washington interpretaría la “injerencia” rusa como “un acto de guerra” y que “no solo les impondremos sanciones como nunca, sino que serán sometidos a una muestra de cada arma cibernética en nuestro arsenal”. En otras palabras, una amenaza de una guerra mundial nuclear.

Hay una lógica inequívoca detrás de esta retórica. Si no es posible destituir a Trump por medio de un juicio político, la puerta está abierta para un golpe militar.

Esto fue expresado concretamente por Michael Hayden, el exgeneral de cuatro estrellas de la Fuerza Aérea que dirigió tanto la CIA como la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés). En una entrevista con la estación National Public Radio el lunes, condenó las declaraciones de Trump en Helsinki e indicó que “los oficiales de mediano rango vienen y me preguntan qué le digo a mi gente, y esa es una pregunta muy reveladora”.

Si el ejército realizara un golpe de Estado contra Trump, sin duda el Partido Demócrata se atrincheraría detrás de la junta que tome el poder.

Las inquietudes de los opositores de Trump dentro de la élite gobernante se resumen en tres factores. Temen que la política exterior de Trump, la cual se basa en el lema “EUA ante todo” y persigue una guerra comercial y la disrupción de viejas alianzas como la OTAN, está socavando la campaña de hegemonía global de EUA.

En segundo lugar, aquellos dentro de la clase gobernante y el aparato estatal que se oponen a Trump ven en sus intentos para buscar un reacomodamiento con Moscú un desvío peligroso de la confrontación con un país que consideran un impedimento importante para los intereses estratégicos de EUA.

En tercer lugar, hay un temor cada vez mayor en la oligarquía estadounidense que las condiciones que están emergiendo dentro de EUA estén propiciando un estallido del conflicto de clases que el Gobierno de Trump no pueda contener. Dentro de la clase gobernante, existe un consenso de que será imposible suprimir los levantamientos sociales que se avecinan dentro de los límites de las formas democráticas de gobierno.

Los peligros involucrados en el recrudecimiento de la crisis política, impulsados principalmente por el crecimiento de la oposición social al capitalismo entre trabajadores en EUA e internacionalmente, solo pueden ser enfrentados por medio del desarrollo de una lucha política independiente de la clase obrera en oposición a ambos partidos y todas las facciones de la clase capitalista, con base en un programa de poder obrero, la unidad internacional de la clase trabajadora y el socialismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de julio de 2018)

Bill Van Auken