La policía política de Estados Unidos y las elecciones del 2016

19 mayo 2018

La tirada del jueves del New York Times lleva un extraordinario reporte de 4.000 palabras sobre el papel del FBI en las elecciones presidenciales del 2016. Independientemente de las intenciones de los que produjeron, editaron y aprobaron este largo informe, da un vistazo a un sistema político estadounidense en que los servicios de seguridad, particularmente el FBI y la CIA, desempeñan un papel crítico y a veces decisivo.

Bajo el título “Nombre en código Huracán de fuego cruzado: los orígenes secretos de la investigación sobre Trump”, el artículo pretende mostrar el detrás de cámaras de cómo inicio la investigación del FBI sobre la presunta intervención rusa en las elecciones presidenciales de EUA. Se basa en declaraciones de altos oficiales del FBI, incluyendo varios que han sido depurados por el Gobierno de Trump.

El Times afirma que la investigación del FBI comenzó cuando el embajador australiano a Reino Unido, Alexander Downer, tras consultar con su Gobierno en Canberra, discutió con las autoridades estadounidenses su conversación con George Papadopoulos, un asesor de política exterior de Trump, sobre esfuerzos para obtener “trapos sucios” sobre Hillary Clinton de fuentes rusas.

Cabe notar que el diario tiene una actitud muy diferente hacia tal “injerencia” australiana que hacia los supuestos esfuerzos de Rusia. No hubo ninguna conmoción sobre un ataque contra la democracia estadounidense ni sugerencias de que Australia estaba instigando una investigación del FBI contra Trump para “amañar” las elecciones a favor de su candidata preferida, Hillary Clinton.

De cualquier modo, esta única pista sobre Papadopoulos, quien es descrito por el Times como el “joven e inexperto asesor de campaña cuya conversación entre vinos con el embajador australiano desencadenó la investigación”, se convirtió en la base de una movilización tremenda de recursos, incluyendo el envío de un equipo de agentes del FBI a Londres, compuesto “por el mismo núcleo de agentes y analistas que había investigado a la Sra. Clinton”, para comprobar la supuesta conexión entre Rusia y el Gobierno de Trump. El equipo emitió cartas de “seguridad nacional” para obtener documentos y conseguir que permiso para espiar a un exasesor de Trump.

Esta indagación del FBI recibió un impulso temprano de la CIA. Como lo reporta el Times, “los pensamientos del FBI se cristalizaron a mediados de agosto, después de que el director de la CIA en ese entonces John O’Brennan, compartiera inteligencia con el Sr. Comey de que el Gobierno ruso estaba detrás de un ataque contra las elecciones estadounidenses. Las agencias de inteligencia comenzaron a colaborar para investigar la operación”.

La que sería luego la investigación de Mueller ya estaba teniendo lugar con toda fuerza desde antes de las elecciones. La pesquisa fue expandida para incluir a Paul Manafort, el exdirector de campaña de Trump, y a Michael Flynn, un general retirado que había encabezado la Agencia de Inteligencia de Inteligencia de la Defensa y era entonces uno de los principales asesore de Trump.

La principal objeción del Times sobre el papel del FBI no fue que la policía política haya intervenido tan masivamente en las elecciones del 2016, sino que la intervención del FBI haya favorecido más a Trump que a Clinton, debido a que la investigación sobre Trump y Rusia no fue dada a conocer antes de la jornada electoral.

El Times lamenta. “Si los hechos se hubiesen hecho públicos, pudieron haber devastado a la campaña de Trump: el futuro asesor de seguridad nacional de Trump y su director de campaña estaban bajo investigación. Un asesor parecía tener contactos con la inteligencia rusa. Otro era sospechado de ser él mismo un agente ruso”.

El FBI estuvo sumido en un tipo de contienda entre facciones políticas, con oficiales y agentes alineados en bandos contrarios. Ante la presión interna, el director del FBI, James Comey, realizó dos intervenciones que recibieron gran atención. En julio del 2016, denunció la conducta de Clinton en una conferencia de prensa, pero anunció que no habría cargos penales en su contra. Luego, en octubre del 2016, solo diez días antes de la votación, develó que el FBI había reabierto la investigación sobre Clinton.

Con respecto a la investigación sobre Trump, pese al gran ruido y los escandalosos titulares sobre conexiones con Rusia, no se ha presentado ni una pieza de evidencia sobre actividades rusas en la campaña electoral del 2016 que hayan tenido algún impacto en el resultado. Los esfuerzos de rusos en las redes sociales, como la compra de $100.000 en anuncios de Facebook, fueron apenas una gota en una campaña presidencial que costó $4 mil millones.

Las exposiciones que tuvieron el mayor impacto en la campaña de Clinton —la filtración de correos electrónicos y memorándums que mostraban cómo oficiales del Partido Demócrata intentaron socavar la campaña de Bernie Sanders en las primarias y los mensajes sobre los discursos serviles de Clinton a audiencias de Wall Street— fueron devastadoras porque eran ciertas. No eran “noticias falsas” o propaganda rusa por ser publicadas por WikiLeaks, lo que le ha costado a Julian Assange el prolongado rencor de todas las secciones de la élite gobernante estadounidense.

Extrayendo el contenido esencial de la narrativa del Times, es posible ver cómo ambos partidos, los demócratas y republicanos, están completamente controlados por el aparato estatal permanente, compuesto por agencias como el FBI, la CIA, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) y el Pentágono. Éste ejerce un poder vasto. Prácticamente sin tener que rendir cuentas, les da órdenes a sus supuestos jefes civiles. De hecho, como lo demostró la campaña del 2016, el aparato militar y de inteligencia realmente elige a los políticos que “presidirán” sobre ellos.

Hillary Clinton enfocó su campaña en ganar el apoyo de lo que se conoce como el “Estado profundo”. Enlistó a cientos de generales y almirantes, exagentes de la CIA y exdirectores de la NSA para que fueran testigo de que ella era la mejor opción para ser “comandante en jefe” y que Trump era irresolublemente imprudente e incompetente. La campaña de Trump buscó hacer lo mismo, pero fueron superados en esa competición.

Si el FBI hubiera hecho lo que el Times sugiere, el resultado hubiera sido una enorme campaña de desestabilización política del tamaño de la investigación de Mueller, pero antes y no después de los comicios. Ambos partidos estaban esperando que las distintas investigaciones les ayudaran a ellos y afectaran a sus oponentes.

El artículo del Times expone los falsos pretensos de la prensa sobre la “democracia” y la “libertad” de Estados Unidos, una sociedad divida profundamente entre clases en la que dos partidos políticos de la aristocracia financiera cumplen las órdenes de un aparato estatal caracterizado por coerción y violencia de dimensiones casi inimaginables.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 18 de mayo de 2018)

Patrick Martin

 

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