La traición de la huelga en Oklahoma y las lecciones para la próxima etapa de la rebelión docente

WSWS Teacher Newsletter
19 abril 2018

La huelga de decenas de miles de maestros de Oklahoma, quienes mantuvieron las escuelas públicas de todo el estado al sudoeste de Estados Unidos cerradas por 10 días escolares, finalizó el lunes por la mañana. A pesar de su valentía y determinación, los docentes no consiguieron sus demandas, que incluían un alza salarial significativa y la restauración del financiamiento escolar, el cual fue reducido casi 30 por ciento en la última década.

Esto no se ha debido a una posición débil de los maestros. Al contrario, su lucha contra el gobernador republicano y la asamblea legislativa estatal recibió una lucha inmensa. Pero, al igual que la huelga de nueve días en West Virginia, el paro docente en Oklahoma fue traicionado por la Asociación Nacional de Educación (NEA, todas las siglas en inglés), la Federación Estadounidense de Maestros (AFT), y sus filiales estatales en Oklahoma.

El jueves, la presidenta de la Asociación de Educación de Oklahoma (OEA), Alicia Priest, anunció abruptamente el fin de la huelga, alegando que no era posible ganar más y que la única manera en la que los docentes podían conseguir un mayor financiamiento era votando a demócratas en las elecciones de noviembre del 2018.

A pesar de que la vasta mayoría de los maestros estaban determinados a seguir, el anuncio de la OEA constituyó una luz verde para que las autoridades escolares reabrieran las escuelas y presionaran un regreso al trabajo. Añadiendo sal en la herida, las autoridades están alargando la jornada laboral hasta una hora para compensar por el trabajo durante la huelga. Al menos un maestro ya fue despedido por rehusarse a volver al trabajo el viernes.

La orden para poner fin a la huelga vino directamente de las oficinas de la NEA y la AFT en Washington, DC, desde donde han procurado prevenir la expansión de huelgas docentes por todo EUA. Cuando un reportero le preguntó durante la huelga en West Virginia si quería ver un levantamiento en los otros 49 estados, la presidenta de la NEA, Lily Garcia (salario anual de casi $400.000) respondió categóricamente, “No”.

La lucha en Oklahoma no se ha acabado. Los maestros regresan a sus salones de clases sabiendo que ninguna de las problemáticas por las que salieron a la huelga —los salarios de hambre, los recortes a los fondos para los programas y utensilios de enseñanza y la crisis social que encaran los estudiantes y sus familias— fue resuelta.

Más allá, la lucha en Oklahoma forma parte de un resurgimiento mucho más amplio de la lucha de la clase obrera en EUA e internacionalmente. Los maestros en Kentucky, Arizona y docenas de otros estados y ciudades se están organizando en las redes sociales y quieren luchar. Este año ya ha sido testigo de un importante repunte de luchas en Europa, Asia, América Latina y África.

Por ende, es crítico que los maestros extraigan conscientemente las lecciones de esta huelga para que ese conocimiento informe las luchas que vendrán.

En primer lugar, es necesario entender la función política de los sindicatos. La AFT y la NEA se opusieron a la huelga desde un principio. Por meses, los maestros ejercieron presión para que se convocara un paro y los oficiales sindicales les indicaban que no los apoyaban. El paro fue organizado solo porque los docentes recurrieron a Facebook para planificar salidas de clases salvajes.

Los sindicatos intentaron retrasar lo más que pudieron el llamado a una huelga estatal, primero convocándola para el 23 de abril. Ante la enojada reacción de los profesores, la adelantaron, pero intentaron limitarla a una sola jornada de huelga para luego sabotearla. Como se lo señaló un maestro al WSWS, “la OEA se interpuso en frente de nuestro tren cuando ganaba ímpetu y comenzó a actuar como que estaba conduciéndolo, y luego dijo que estaban deteniendo al tren”.

Además, intentaron contener la huelga cabildeando a los políticos de las grandes empresas, quienes fueron aún más intransigentes al ver que los oficiales sindicales estaban aterrados ante la posibilidad de que la lucha se expandiera. Los sindicatos manifestaron que los maestros debían “recordarse en noviembre” y votar por el Partido Demócrata, el cual, bajo Brad Henry, el predecesor de la gobernadora republicana actual, Mary Fallin, redujo agresivamente los impuestos sobre las empresas y los ricos y recortó el gasto social, incluyendo a la educación.

Lo más crucial es que los sindicatos hayan aislado a los docentes y prevenido que conectaran su lucha con otros trabajadores en el estado y con los maestros en el resto del país. Durante la huelga, los oficiales sindicales en Florida, Iowa, Kentucky, Arizona, North Carolina y otras partes emitieron declaraciones oponiéndose a las demandas de los maestros de salir en huelga.

Al oponerse a las huelgas de maestros y finalizar tan rápido como pudieron aquellas que no lograron prevenir, los sindicatos están cumpliendo con su papel esencial. No son organizaciones obreras, sino instrumentos corporativistas de la patronal y el Estado. Estando pendiente el caso Janus vs. AFSCME ante la Corte Suprema —poniendo en juego la recolección de “cuotas de agencia” para los sindicatos en algunos estados— los sindicatos magisteriales han buscado demonstrar con mayor determinación que su función, en palabras del abogado del AFSCME en el tribunal: “la seguridad para los sindicatos es la compensación por no tener huelgas”.

En este sentido, los sindicatos docentes cumplen la misma función que los otros sindicatos, como el automotriz United Auto Workers, respecto el cual se comprobó que había recibido pagos directos de las empresas a cambio de imponer contratos proempresariales. Los componen ejecutivos de la clase media-alta que se “ganan” sus exorbitantes salarios haciendo cumplir los niveles salariales de miseria en contra de los trabajadores que ostentan representar.

Al traicionar la huelga, los sindicatos dependieron del hecho de que los trabajadores no habían desarrollado organizaciones alternativas, independientes de los sindicatos, para avanzar su lucha.

El World Socialist Web Site Teacher Newsletter (boletín de maestros) les advirtió a los docentes que los sindicatos estaban tomando pasos para traicionar su lucha. Los llamamos a elegir comités de base en cada escuela y comunidad, completamente independientes de los sindicatos. Los maestros podían prevalecer, insistimos, solo si luchaban por la movilización más amplia de la clase trabajadora, incluyendo la coordinación con los docentes en otros estados de una huelga general para defender la educación pública.

Muchos maestros utilizaron páginas en Facebook para organizar la lucha, pero los administradores de estas páginas, incluyendo a Larry Cagle de la página Oklahoma Teachers United y Alberto Morejon de Oklahoma Teachers Walkout—The Time is Now, cedieron el control de la lucha a los sindicatos y se opusieron a la formación de una organización independiente y a la movilización política de los maestros.

En cara a la orden del sindicato de poner fin a la huelga, Morejon abogó a los maestros la medida de enviar representantes por un día de “cabildeo” en el capitolio estatal, declarando que lo único que importaba era “cuántos maestros se encuentran en el capitolio”. En otras palabras, repitió la mentira de los sindicatos de que los maestros pueden ganar sus demandas por medio de intentos para presionar a legisladores hostiles, tanto republicanos como demócratas.

En relación con Larry Cagle de Oklahoma Teachers United (OTU), reconoció en una entrevista reciente que estaba “aliviado” y “eufórico” que la OEA ofreciera su apoyo a la lucha, después de obstruirla por tanto tiempo. Pese a criticar a la OEA por sabotear la huelga, Cagle, quien está relacionado con la pseudoizquierdista Organización Internacional Socialista (ISO), de hecho, defiende el dominio organizacional de los sindicatos sobre los trabajadores.

Su defensa de la viabilidad de los sindicatos es inseparable de su afirmación de que la lucha por la educación pública “no es una cuestión política”. Tal postura es absolutamente letal para la lucha de los maestros.

En primer lugar, los maestros se han visto empujados a emprender una lucha directa contra el Gobierno, el cual es, después de todo, su empleador. La catástrofe que enfrenta la educación pública es el producto directo de las políticas de los dos principales partidos, tanto a nivel estatal como federal, involucrando recortes en educación y otros gastos sociales por más de tres décadas. Las políticas derechistas del Gobierno de Obama sentaron las bases para la ofensiva contra la educación pública siendo librada por Trump.

La afirmación de que la lucha no debería verse manchada por “la política” tan solo significa que los docentes no deberían desafiar las políticas de la élite corporativa ni la subordinación de la huelga al Partido Demócrata. Las declaraciones de Cagle sobre “nada de política” de hecho significan nada de política socialista ni revolucionaria. Esto se pudo percibir claramente en la decisión de la OTU de bloquear la publicación de artículos del WSWS en su página de Facebook, un esfuerzo para prevenir que los maestros tuvieran acceso a la única publicación que les advertía sobre el papel de los sindicatos y el Partido Demócrata.

La lucha por defender y mejorar cualitativamente la educación pública culmina, al final de cuentas, en una interrogante: ¿quién decide cómo se distribuirán los recursos de la sociedad? Los maestros dicen frecuentemente que el Gobierno tiene “las prioridades incorrectas”. Sin embargo, eso es solo el reflejo de que, independientemente de quienes tengan los escaños, sean los demócratas o los republicanos, el poder político siempre permanece en manos de la clase gobernante capitalista.

Ambos partidos defienden los intereses económicos y políticos de los bancos y de las grandes empresas. Es por eso que insisten sin cesar que no hay dinero para la educación pública ni para los otros servicios esenciales, al mismo tiempo en que derrochan profusos recursos para rescatar a Wall Street, financiar recortes fiscales para las corporaciones energéticas, construir nuevas prisiones y luchar guerras interminables.

En cambio, al insistir en que todos los niños, sin importar su nivel socioeconómico, tienen el derecho social de una educación pública de alta calidad, los maestros están desafiando implícitamente la distribución actual de la riqueza. Sin embargo, si han de tomar prioridad las necesidades sociales por encima del lucro corporativo, entonces la clase obrera tiene que romper con ambos partidos corporativos y construir un movimiento político independiente que luche por la toma del poder. Solo de esta manera se podrá dedicar toda la riqueza producida por la labor colectiva de la clase trabajadora en aras del bien común.

En West Virginia y Oklahoma, los maestros intentaron liberarse de las ataduras de los sindicatos. La expansión del movimiento de los maestros requiere más que la simpatía de todas las secciones de la clase trabajadora, necesita su colaboración activa. Se deben construir comités de base en cada fábrica y lugar de trabajo para sentar las bases de una huelga general en defensa de todos los derechos de la clase trabajadora. Al mismo tiempo, la lucha contra la desigualdad es inseparable de la movilización de los trabajadores y la juventud contra las guerras imperialistas y el autoritarismo.

El desarrollo de nuevas organizaciones de lucha de la clase obrera tiene que ser conectada con la construcción de una dirección política socialista que dirija el crecimiento de las batallas de la clase contra la fuente de la desigualdad y las guerras: el sistema de lucro capitalista. No es posible lograr nada sin un ataque frontal contra la riqueza y las prerrogativas de la élite gobernante capitalista. Las enormes sumas de dinero monopolizadas por un puñado de personas tienen que ser tomadas por la clase obrera, y los gigantescos bancos y corporaciones tienen que ser convertidos en utilidades públicas para ser puestos al servicio de las necesidades sociales, no del lucro privado.

Esta es la perspectiva del Partido Socialista por la Igualdad. Llamamos a los maestros a apoyar esta perspectiva, unirse a nuestro partido y asumir la lucha por el socialismo y la igualdad.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 18 abril de 2018)