Estados Unidos y sus aliados imperialistas bombardean Siria

16 abril 2018

El World Socialist Web Site condena los bombardeos contra Siria ejecutados la noche del viernes por las fuerzas estadounidenses, francesas y británicas. Este ataque es un flagrante e ilegal acto de agresión. Los Gobiernos respectivos de Donald Trump, Emmanuel Macron y Theresa May son culpables de un crimen de guerra que amenaza con provocar un conflicto con Rusia, un país con armas nucleares.

El pretexto para el ataque contra Siria son las acusaciones no comprobadas de que las fuerzas militares del presidente sirio, Bashar al Asad, emplearon armas químicas prohibidas contra las milicias rebeldes patrocinadas por EUA en la ciudad de Duma. Por su parte, Rusia, la cual tiene importantes contingentes militares desplegados en el país para apoyar al Gobierno de Asad en una guerra civil que se ha prolongado por siete años contra milicias predominantemente islamistas, ha rechazado categóricamente la propaganda de EUA y sus aliados. Acusó abiertamente a la inteligencia británica por presionar a las organizaciones rebeldes sirias de fabricar un video que mostrase víctimas de un ataque químico.

Un equipo de la ostensiblemente independiente Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) tenía programado llegar precisamente este fin de semana a Duma para realizar una inspección del presunto lugar del ataque químico. La orden de Trump para bombardear fue calculada para prevenir tanto la inspección de la OPAQ como una confirmación de que el pretexto siendo utilizado para realizar ataques contra Siria es una mentira.

La fraudulenta legitimización del asalto fue puesta de relieve poco después de la transmisión del discurso de Trump, durante la rueda de prensa del secretario de Defensa, el general Jim Mattis, quien no pudo dar detalles coherentes sobre las acusaciones de EUA. Más allá, contradiciendo la promesa del presidente de librar una campaña prolongada contra Siria, el general pareció señalar que no se tomarán más acciones.

En caso de que así convenga, la acción de Trump se quedará muy corta de cumplir las demandas de los grupos de poder y mediáticos en EUA.

Dado el extremo desdén expresado contra Bashar al Asad, no cabe duda que los instigadores del ataque militar esperaban un intento de asesinar al mandatario sirio.

Una columna en la revista alemana Die Welt ofrece una indicación acerca de la homicida intervención en Siria que grandes secciones de la clase gobernante en los países imperialistas impulsan. “Una guerra contra Asad debería ser guiada por un objetivo… ¿Se podría exterminar (auslöschen) al régimen de Asad con un ataque de misiles?”. Dirigiendo la palabra auslöschen contra el presidente sirio, la publicación alemana está adoptando un término asociado con la exterminación de los judíos bajo los nazis, es decir, utilizando el lenguaje que ofrecía el Völkischer Beobachter.

Sin embargo, lejos de destruir al Gobierno de Asad, el asalto contra Siria pareció haber tenido un impacto mínimo. El ejército ruso se ha jactado de que las defensas aéreas sirias derribaron la mayoría de los misiles y que ninguno de sus efectivos ni activos en el país se vieron impactados. Se reporta que Bashar al Asad fue caminando a su oficina el sábado en la mañana.

A este punto, el ataque ha servido principalmente para subrayar la debacle que atraviesan las intrigas imperialistas encabezadas por EUA para cambiar el régimen en Siria. Lo más seguro es que no tardarán en llegar las denuncias de secciones de la élite política y mediática contra Trump, acusándolo de retroceder y capitular ante Vladimir Putin, y las demandas de operaciones mucho más extensas y asesinas.

La campaña propagandística detrás del bombardeo fue invocada como pretexto para una ofensiva militar masiva, no un bombardeo único.

Ante la posible derrota militar de las fuerzas islamistas que patrocinan para derrocar al Gobierno sirio, la decisión de una escalada fue hecha en Washington y Londres. La CIA, la MI6 y sus agentes en siria se encargaron de inventar un pretexto.

El viernes, el Ministro de Defensa ruso dio la explicación más coherente y lógica respecto al incidente en Duma el 7 de abril, que la prensa occidental ha proclamado de forma unánime que fue un ataque químico contra civiles perpetrado por el Gobierno de Asad”.

“Tenemos evidencia irrefutable de que el ataque fue otro montaje y que los servicios especiales de un Estado que encabeza la campaña rusofóbica participaron en escenificarlo”, declaró el canciller ruso, Sergei Lavrov.

Luego, mostraron una entrevista grabada con dos personas, una de las cuales era un estudiante de medicina que trabaja en el único hospital operativo en Duma. Los testigos dijeron que después de que un ataque de artillería del Ejército sirio diera contra un edificio, personas afectadas por la inhalación de humo fueron tratadas en el hospital. Fue entonces cuando un grupo de individuos desconocidos —que luego revelaron estar asociados con los “Cascos Blancos”, los rebeldes sirios respaldados por la CIA— corrió dentro del hospital clamando que había habido un ataque con armas químicas. Les instruyeron a las víctimas que se echaran agua, algo que procedieron a filmar.

El ministro de Defensa ruso, el general mayor Igor Konashenkov, afirmó: “Estamos seguros de que entre el 3 y el 6 de abril, los llamados Cascos Blancos estaban siendo presionados fuertemente desde Londres para apresurar la provocación que preparaban”.

RT.com reportó: “Según Konashenkov, ese grupo, que fue la principal fuente de fotografías y videos del presunto ataque químico, fue informado de un ataque de artillería de gran escala en Damasco planeado por el grupo islamista que controlaba Duma en ese momento, el Ejército del Islam. Los Cascos Blancos recibieron órdenes de preparar una provocación tras los ataques con los que responderían las fuerzas del Gobierno sirio, que estaban seguros que el fuego de artillería iba a incitar, dijo”.

A pesar de denunciar fuertemente las declaraciones rusas, ni Washington ni Londres han intentado refutarlas con hechos. A diferencia de las afirmaciones categóricas del Gobierno ruso, respaldadas por testimonios grabados, Theresa May solo ha indicado que es “altamente probable” que Siria haya llevado a cabo el ataque. Sin embargo, incluso eso fue más firme que las declaraciones del secretario de Defensa Mattis, quien indicó que EUA todavía estaba “buscando evidencia de verdad”.

Ante este comienzo de ataques contra Siria, EUA y sus aliados han dado la señal de que les es irrelevante si se exponen los pretextos nominales para la guerra. Su ofensiva es impulsada por causas mucho más profundas que las mentiras que utilizan para justificarla.

Lo que está sucediendo va en línea con el análisis del imperialismo de los grandes marxistas del siglo XX, Lenin y Trotsky. El imperialismo mundial está emprendiendo un nuevo reparto del mundo. Reino Unido y Francia quieren ser reconocidos como participantes plenos en la redivisión de Oriente Próximo y su efectiva colonización: sus corporaciones petroleras no quieren perderse el saqueo.

Todos los Gobiernos que han participado en este nuevo asalto se encuentran sumidos en crisis y carecen de toda legitimidad electoral. La enorme brecha que los separa de sus poblaciones se refleja en que ninguno ha podido crear una base amplia de apoyo para la guerra. Según una encuesta YouGov, solo el 22 por ciento de la población británica apoyaba un ataque militar contra Siria.

Más allá, el lanzamiento de una nueva campaña militar es visto en Londres, París y Washington como un medio para implementar una forma de gobierno policial-estatal, intensificar la censura, y apuntalar sus Gobiernos en crisis ante una oposición popular en auge y un movimiento huelguístico de la clase obrera cada vez más extenso.

Este nuevo conflicto no se detendrá con el ataque en Siria, al igual que la guerra no se detuvo con la invasión de Irak. Se está preparando el escenario para una confrontación con Irán, Rusia y, en última instancia, con China. Cada vez más, la política imperialista está tomando un carácter completamente imprudente y desquiciado.

Hasta ahora, la burguesía ha podido contar con la ausencia de una resistencia organizada a la guerra. Pero el sentimiento antibélico en la población inevitablemente tomará formas activas y se encontrará con una oposición creciente a la austeridad y a la destrucción de los derechos democráticos.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 14 abril de 2018)

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