Revelador libro sobre la Casa Blanca bajo Trump intensifica la crisis política en Estados Unidos

por Barry Grey
8 enero 2018

La publicación del condenatorio libro sobre Donald Trump y su círculo cercano, Fire and Fury: Inside the Trump White House (Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump), ha llevado la crisis política en Washington a nuevas alturas. El devastador retrato de caos, incompetencia e ignorancia esbozado por el periodista Michael Wolff, basado en gran parte en entrevistas con el antiguo principal asesor de Trump, Stephen Bannon, y enfocado en el mismo presidente, ha acelerado el resquebrajamiento de la élite política estadounidense.

La editorial, Henry Holt & Co., avanzó la fecha de lanzamiento al viernes pasado, después de que los abogados de Trump les mandaron cartas a Holt, Wolff y Bannon exigiéndoles que desistan con el lanzamiento después de que la prensa filtrara extractos el miércoles. Los envíos iniciales a las librerías se agotaron minutos después de la apertura, llegando al tope de las listas de libros mejores vendidos en EUA.

El libro cita a Bannon y a otros altos funcionarios de la Casa Blanca, quienes describen a Trump como infantil, errático, casi analfabeta, un “idiota” y un “imbécil”. En un pasaje particularmente revelador, Wolff escribe: “No procesa la información de una forma convencional. No leía, apenas, si acaso, ojeaba. Algunos creían que, para cualquier propósito práctico, no era más que semi-alfabetizado”.

El libro ha recibido una cobertura mediática ininterrumpida y ha provisto nuevas armas a las facciones burguesas que promueven la destitución de Trump, sea obligándolo a renunciar, invocando la Vigesimoquinta Enmienda a la Constitución de EUA, válida en caso de que el mandatario esté imposibilitado de cumplir las funciones de su cargo, o por medio de un juicio político.

Los dos argumentos principales en esta ofensiva son que Trump es mentalmente incapaz de ser presidente y que conspiró con Rusia en la presunta manipulación de las elecciones del 2016 y es culpable de obstruir la justicia con respecto a la investigación del Departamento de Justicia sobre Rusia.

Dándole cuerda a esta última acusación, el libro de Wolff cita a Bannon llamando una reunión en junio del 2016 en la torre Trump entre varios oficiales de la campaña de Trump, incluyendo a Jared Kushner, Doland Trump Jr. y su jefe de campaña Paul Manafort, con varios ciudadanos rusos como una “traición” y “antipatriótica”. Bannon añade que “es imposible” que Trump no haya sabido acerca de la reunión.

Trump ha denunciado agresivamente a Wolff y, principalmente, a Bannon, efectivamente cortando por ahora sus lazos con su exasesor. Además, ha buscado conseguir apoyo entre los dirigentes tradicionales republicanos, incluyendo varios que respaldaban a Bannon.

El “Today Show” el viernes por la mañana en NBC News entrevistó amigablemente a Wolff, quien planteó el caso de que el mandatario no es apto para gobernar. “Les diré algo”, manifestó, “la descripción que todos dieron, que todos tuvieron en común: todos dijeron que él es como un niño. Y lo que quisieron decir es que tiene la necesidad de recibir una gratificación inmediata. Todo se trata de él”.

Wolff añadió que “el 100 por ciento de las personas en torno” a Trump, “sus principales asesores, familiares, cada uno de ellos, cuestiona su inteligencia y habilidad para ejercer su cargo”. Otorgó particular importancia al hecho que su hábito de repetir declaraciones y frases se ha vuelto cada vez más pronunciado a lo largo de su año en el poder.

Esta entrevista siguió otra de media hora con el exvicepresidente Joe Biden en las noticias vespertinas de PBS el jueves, en la que le preguntaron directamente sobre Trump: “Ha sido un año. ¿Es apto para ser presidente?”.

Evitando dar una respuesta directa, dijo que el mandatario “desvirtúa el cargo” y “nuestro lugar en el mundo”.

Luego, cuando le preguntaron si estaba de acuerdo con el exjefe del Estado Mayor Conjunto, el almirante Mike Mullen, quien dijo el domingo anterior que EUA bajo Trump estaba más cerca que nunca a una guerra nuclear, Biden respondió, “Sí, lo estoy”.

El viernes, el New York Times, en su principal artículo de la primera plana, argumentó a favor de que el fiscal especial, Robert Muller, presente cargos contra Trump por obstrucción a la justicia. Mueller está investigando la supuesta intervención rusa en las elecciones del 2016 que desfavorecería a Hillary Clinton y la posible colaboración de la campaña Trump.

Utilizando como subtítulo “La obstrucción a la justicia es percibida como una parte central de la investigación de Mueller”, el artículo cita fuentes anónimas, evidentemente miembros de la investigación de Mueller, quienes indican que Trump le ordenó a su asesor en la Casa Blanca a presionar al fiscal general, Jeff Sessions, para que no se desvinculara de la investigación sobre Rusia del Departamento de Justicia. Después de que Sessions se retirara en marzo, Trump reaccionó con furia y amenazó con despedirlo.

El artículo, citando también la investigación de Mueller, asevera que el exjefe de personal de la Casa Blanca, Reince Priebus, entregó notas escritas a mano de conversaciones con Trump que corroboran el testimonio del exdirector del FBI, James Comey, sobre esfuerzos inapropiados de Trump presionando a Comey a declarar públicamente que él ya no era un sospechoso en su investigación. Trump despidió a Comey a fines de mayo, después de que se rehusó a finalizar su investigación sobre el exasesor en Seguridad Nacional de Trump, Michael Flynn. El fiscal general adjunto luego nombró al exdirector del FBI, Mueller, como fiscal especial para encabezar la investigación.

Por su parte, los sectores que apoyan a Trump han lanzado su propia contraofensiva. El jueves por la noche, Rebekah Mercer, hija del multimillonario administrador de fondos de inversión y antiguo simpatizante de Bannon, Robert Mercer, publicó una declaración respaldando a Trump y renegando de Bannon. “Tengo un interés menor en Breitbart News y sigo comprometida a apoyarlos”, escribió, sugiriendo que podría intentar hacer que saquen a Bannon.

Cuando le preguntaron al respecto en su rueda de prensa en la Casa Blanca, la secretaria de Prensa, Sarah Huckabee Sanders respondió: “Ciertamente es algo que deberían ver y considerar”.

El Wall Street Journal publicó un editorial el viernes aplaudiendo a Trump por romper con Bannon. Refiriéndose a la aprobación el recorte fiscal multibillonario para los ricos del mes pasado, el periódico escribe: “Por ende, el divorcio entre Trump y Bannon es un alivio político… Los éxitos del presidente han sucedido cuando tiene momentos de disciplina mientras sigue una agenda conservadora convencional en cuanto a jueces, reforma fiscal, regulaciones y política exterior”.

El mismo día, los reportes de la prensa indicaban que el FBI ha estado investigando por meses a la Fundación Clinton, en concordancia con toda una serie de acusaciones de Trump y algunos republicanos de que Hillary Clinton, cuando era secretaria de Estado, les concedía favores a los donantes extranjeros a la fundación.

Además, dos miembros republicanos del comité sobre asuntos judiciales del senado, el presidente Charles Grassley y Lindsey Graham, le recomendaron al Departamento de Justicia abrir una investigación criminal sobre Christopher Steele, el exespía británico que realizó el dosier sobre la supuesta colusión entre la campaña Trump y Rusia. Esta compilación de documentos fue esgrimida por el reporte de inteligencia de enero del año pasado que argumentaba sin presentar ninguna evidencia de que Rusia había filtrado los correos electrónicos del Partido Demócrata e interferido en las elecciones para favorecer a Trump.

A pesar de la intensidad del conflicto dentro de la élite política y el Estado, no se deriva de desacuerdos con la agenda política reaccionaria del Gobierno de Trump. En cabio, proviene de una pérdida de confianza desde secciones de la burguesía en que Trump vaya a ser capaz de completar su agenda.

Trump en sí no es ningún tipo de aberración extraterrestre dentro de un sistema social y político que, aparte de él, está sano. Al contrario, él es un desagradable producto de la política burguesa estadounidense, la encarnación de todo lo corrupto y atrasado después de décadas de reacción política, guerras interminables y contrarrevolución social. En su narcisismo y obsesión con su propia riqueza y poder, personifica a la oligarquía financiera estadounidense, la cual, junto al ejército y a la CIA, dominan su Gobierno.

Estados Unidos en el 2018 encara desafíos geopolíticos de gran magnitud, una situación financiera extremadamente inestable y el aumento de la oposición dentro de la clase obrera. Bajo estas condiciones, hay una sensación en secciones significativas de la clase gobernante de que Trump no está a la altura intelectual ni políticamente para defender sus intereses. Es por esto que continúa acelerándose la campaña por un golpe palaciego para reemplazarlo con un gobernante más efectivo y despiadado.