Rusia Radical: Arte, Cultura y Revolución

Cómo la Revolución Bolchevique salvó el arte vanguardista

por Paul Mitchell
8 diciembre 2017

Rusia Radical: Arte, Cultura y Revolución

Centro de Artes Visuales Sainsbury, Universidad de Anglia del Este, Norwich, Reino Unido, hasta el 11 de febrero de 2018

La exposición “Rusia Radical” en Norwich es un asunto pequeño en comparación con algunos shows exitosos que marcan el centenario de la Revolución de octubre de 1917 que se han organizado en Londres y mundialmente. Pero eso no debería desalentar a nadie que quiera ir.

Los curadores, el profesor de historia rusa Peter Waldron, asistido por Jamie Freeman y Ryan Hale, seleccionaron objetos cuidadosamente para reflejar los diferentes campos del arte de vanguardia—proporcionando una narrativa histórica seria y bienvenida sobre su desarrollo antes y después de la Revolución Bolchevique.

Un valor añadido es la exposición paralela en el Centro Sainsbury, “Royal Fabergé”, que contrasta la opulencia y exclusividad de la Rusia zarista con las aspiraciones más amplias y democráticas alimentadas por la revolución.

A diferencia de otras exhibiciones de este año, “Rusia Radical” no trata la Revolución de Octubre como algún tipo de error histórico o un desvío del desarrollo natural de Rusia, ni retrata a los artistas como ilusos engañados por la máquina de propaganda bolchevique.

Natalia Gonchorova (1881-1960), Los evangelistas, 1911, Museo Rusa del Estado, San Petersburgo

Documenta metódicamente la desintegración del régimen de 300 años de la dinastía Romanov confrontado por la rápida desindustrialización, la urbanización, la sociedad “en todos los niveles… en un estado inestable” y el impacto inmenso de la Primera Guerra Mundial.

San Petersburgo, la capital imperial que se convertiría en el centro de influencia y apoyo bolchevique, “encapsuló las tensiones que atravesaron al imperio”.

El catalogo de la exposición explica cómo los Romanov intentaron hacer cumplir una política de ortodoxia religiosa, autocracia y nacionalidad de “Rusia sagrada”, “rechazando la participación popular en el gobierno nacional hasta que la amenaza de colapso económico y político obligó al gobierno a hacer concesiones” luego de la Revolución de 1905. Señala cómo “Nicolás II y sus consejeros trataron al nuevo parlamento con desdén y trataron de cubrir su poder con tantas restricciones como fueran posibles”.

Natalia Gonchorova (1881-1960), Retrato de Diaghilev, 1919, UEA, Centro de Artes Visuales Sainsbury

“Cuando estalló la guerra en 1914 casi cada sección de la sociedad rusa se sintió traicionada por la autocracia, en particular los campesinos y el creciente número de trabajadores urbanos. Los campesinos se ofendieron cada vez más al ser explotados por la nobleza y la élite gobernante, las reformas tuvieron poco o ningún efecto en la vida cotidiana del campesinado. Aunque la guerra exacerbó estos problemas sociales, incluso antes de 1914 una revolución era inevitable”, concluye el catalogo.

En la esfera artística, el catalogo explica cómo “el opresivo estado zarista, con su feroz sistema de censura, dificultó la participación de los rusos en una discusión abierta sobre cuestiones sociales y políticas, y entonces los pintores usaron el arte para formular argumentos profundos sobre las condiciones del día”.

La mayoría de los pintores, aunque se consideraban a sí mismos como parte de un movimiento artístico internacional, expresaron su “rebelión” dentro de los confines de las imágenes religiosas y nacionalistas rusas, incluyendo muchos artistas de vanguardia que más tarde apoyarían la revolución. Uno tiene la impresión de que el arte y los artistas de vanguardia habían llegado a un punto muerto y solo la revolución podía salvarlos.

Malévich, Cuadrado Negro (1915)—y otras obras de la “Última Exposición Futurista de Pintura 0,10 [Cero-diez]”

Por ejemplo, el contenido religioso de Los evangelistas de Natalia Goncharova, de 1911, es evidente. Sin embargo, fue considerado blasfemo por el Santo Sínodo junto con 22 pinturas que la iglesia intentó prohibir en su exposición de San Petersburgo en 1914. Después de la revolución, Gonchorova se convirtió en una pionera del nuevo arte, que está representado por el retrato simple y vibrante del empresario de ballet Sergei Diaghilev (1919), en exhibición.

Al mismo tiempo que Kazimir Malévich pintaba su famoso y suprematista Cuadrado Negro (1915)—una fotografía muestra cómo se exhibió en la esquina superior de la “Última Exposición Futurista de Pintura 0.10 [Cero-diez]”, donde tradicionalmente se colgaría un ícono religioso—también producía postales patrióticas a favor de la guerra como “El austríaco iba a dárselas de Radziwill y la campesina lo ensartó con su horca”.

La exposición explica cómo los artistas antes de la revolución estaban a disposición del capricho de los patrones ricos. Savva Mamontov, magnate del ferrocarril, cultivó el trabajo de Mijaíl Vrubel, un artista recordado por sus pinturas de demonios torturados y “que rechazó explícitamente el concepto de que el arte debería tener un propósito social”.

Kazimir Malevich (1878-1935), El austríaco iba a dárselas de Radziwill y la campesina lo ensartó con su horca, 1914, Biblioteca Nacional de Rusia, San Petersburgo

Nikolai Riabushinky, comerciante próspero de Moscú, apoyó al grupo de arte simbolista La Rosa Azul, “muchos de los cuales querían utilizar el arte como un escape de la realidad y representar, en cambio, un mundo ideal y a veces fantástico”.

“La Revolución de Octubre cambió radicalmente la cultura rusa”, insiste el catalogo. “Después de más de tres años de guerra, la Revolución de Octubre desató una ola de entusiasmo por un nuevo orden y muchos artistas acudieron a la causa bolchevique, incluso teniendo una experiencia limitada de compromiso político”.

“De forma completamente inesperada, los hombres y mujeres subversivos y, en ocasiones, escandalosos, que desarrollaron un enfoque modernista excepcionalmente ruso respecto al arte se encontraron en la posición de promover sus ideas radicales en todo el nuevo estado bolchevique”.

El Lissitzky (1890-1941), Cuatro Formas Fundamentales de Aritmética, 1928, Colección Van Abbemuseum, Eindhoven

“Los artistas radicales de Rusia experimentaron una década de creatividad y energía extraordinaria después de la revolución. Fueron capaces de aprovechar el entusiasmo de los bolcheviques para extender la revolución a todos los aspectos de la vida rusa, y la nueva libertad social y cultural de los años 1920 en el estado soviético implicó que la vanguardia podía experimentar y conseguir audiencias masivas para su trabajo”.

Este análisis es una refutación a aquellos que afirman que los bolcheviques tenían poco apoyo de los artistas y que intentaron aplastar el movimiento de vanguardia.

En 1918 el constructivista Vladímir Tatlin, famoso por proponer el “Monumento a la Tercera Internacional”, del cual se exhibe un modelo afuera del Centro Sainsbury, fue nombrado jefe del departamento de arte del Comisariado de la Ilustración (Narkomprós). Malevich se le unió. Marc Chagall creó una Escuela de Arte Popular en Vítebsk en la actual Bielorrusia, atrayendo a El Lisitski, cuya asombrosa herramienta educativa “Cuatro Formas Fundamentales de Aritmética” forma parte de la exposición.

Natalia Danko (1898-1942), Rojos y Blancos, 1922-1925, El Museo de arte de Letonia, Riga

Entre 1918 y 1921, mientras la guerra civil causaba estragos, Narkomprós instaló 36 museos nuevos, que eran empresas educativas integradas por artistas involucrados en discusiones intensas sobre la dirección que deberían tomar y cómo desarrollar nuevas imágenes. Muchos se involucraron en diseños para el programa de construcción rápida de viviendas y la producción de objetos cotidianos.

Serge Chekhonin, por ejemplo, quien estuvo involucrado en la creación del símbolo del martillo y la hoz, se convirtió en el director artístico de la Fábrica Imperial de Porcelana, y contrató a diseñadores de gran talento, incluyendo a Natalia Danko, de quien se exhibe su juego de ajedrez “Rojos y Blancos”. Está compuesto por peones rojos de mujeres campesinas respaldadas por trabajadores industriales y piezas de soldados que se oponen a peones blancos ligados por cadenas negras supervisados por un rey blanco esquelético.

La hermana de Danko comentó, “Cualquiera que recuerde el Petrogrado de esos años—el desierto escarpado de sus avenidas y sus casas desiertas sumergidas en la oscuridad y el frío, sus ventanas marcadas por las huellas de balas recientes—recordará la ventana de exhibición de porcelana china… Los transeúntes se detenían en la ventana y se quedaban mirando la porcelana. Esta porcelana era el mensaje de un futuro hermoso”.

Cortejo fúnebre de Kazimir Malevich, Leningrad, 1935, Colección de Vladmir Tsarenkov

En su haber, la exposición de Rusia Radical se aleja de la falsificación “el leninismo condujo inevitablemente al estalinismo”, predominante en otros lugares. Señala los motivos materiales de la degeneración de la revolución y las amargas disputas sobre “el socialismo en un país”, la colectivización forzada y la industrialización a medida que Stalin ascendió al poder. A diferencia de otras exposiciones, se menciona a Trotsky y la Oposición de Izquierda respecto a la lucha contra el estalinismo.

Con el surgimiento del estalinismo, se cerraron las escuelas de arte, se cancelaron las exhibiciones, y las celebraciones escenificadas “perdieron la novedad y espontaneidad de los primeros años del poder bolchevique”.

En su lugar se hizo cumplir el realismo socialista. Como resultado, los artistas emigraron, cometieron suicidio, fueron ejecutados o forzados a la oscuridad. El catalogo termina con una fotografía conmovedora de la escasamente concurrida procesión fúnebre de Malévich en 1935, su ataúd en diseño suprematista en la parte trasera de un camión con una réplica de su Cuadrado Negro fijada al capó.