La conspiración para censurar el Internet

19 octubre 2017

Los representantes políticos de la burguesía estadounidense se han embarcado en una conspiración para suprimir la libertad de expresión. Bajo el pretexto de estar combatiendo “troles” y “noticias falsas” supuestamente de Rusia, los derechos constitucionales más básicos en la Primera Enmienda a la Constitución de Estados Unidos están siendo atacados directamente.

La principal fuerza política de esta campaña es el Partido Demócrata, trabajando en colaboración con secciones del Partido Republicano, la prensa convencional y las cúpulas militares y de inteligencia.

En este momento dado, el Gobierno de Trump está amenazando a Corea del Norte con una guerra nuclear, escalando los ataques contra el acceso a la salud, exigiendo nuevas reducciones de impuestos para los ricos y desmantelando regulaciones corporativas y ambientales. Sin embargo, esta agenda reaccionaria no es el enfoque del Partido Demócrata, sino las cada vez más histéricas acusaciones de que Rusia está “sembrando discordia” dentro de EUA.

En la prensa, se imprime un reporte cada vez más disparatado que el anterior. La afirmación de que Rusia cambió el resultado de las elecciones generales estadounidenses por medio de $100. 000 en anuncios en Facebook y Twitter ha sido seguida por informes del Gobierno ruso de Vladimir Putin manipulando otras formas de comunicación.

Una “exclusiva” de CNN la semana pasada proclamó que una organización llamada “Don’t Shoot Us” (No nos dispare), la cual alega sin ofrecer evidencia que está conectada con Rusia, buscó “explotar las tensiones raciales y sembrar discordia” a través de Instagram, Twitter, YouTube e incluso Pokémon Go, un juego de realidad aumentada para celular.

El lunes, otro reporte de CNN afirmó que una “fábrica de troles” rusa estuvo involucrada en publicar comentarios críticos de Hillary Clinton, “como parte de la campaña del presidente Vladimir Putin para influir en las elecciones del 2016”. Todos los comentarios negativos en los noticieros y otras publicaciones en contra de Clinton, insinuó, fueron la labor de agentes rusos o personas utilizadas como títeres por agentes rusos.

Así como en el periodo del mccarthismo de la Guerra Fría, la absurdidad de tales acusaciones no es cuestionada. Simplemente, son tomadas por otras fuentes mediáticas y por políticos y divulgadas para demostrar lo trascendentes que son las acciones del nefasto “enemigo foráneo”.

Mientras que un objetivo ha sido continuar y remontar la política exterior antirrusa, el propósito más general está tomando mayor claridad: criminalizar el disentimiento político dentro de Estados Unidos.

La expresión más directa de está conspiración contra la libertad de expresión hasta la fecha se encuentra en una columna de la ideóloga anticomunista Anne Applebaum publicada el lunes en el Washington Post, “Si Rusia puede crear cuentas de ‘Black Lives Matter’ falsas, ¿quién le seguirá?”.

Su respuesta: la población estadounidense. “Puedo imaginarme múltiples grupos, muchos de ellos orgullosamente estadounidenses, que bien podrían querer manipular todo un conjunto de cuentas durante una revuelta o un desastre para aumentar la ansiedad y el temor”, escribe. “El derecho a la libre expresión es algo que se les concede a los seres humanos, no son bits de códigos informáticos”.

Su blanco no son los llamados “bots” o redes automatizadas que operan “cuentas falsas”, sino cualquier persona que quiera realizar una declaración en línea desde el anonimato por temor a la represión estatal a alguna represalia injusta de sus patrones.

Applebaum mantiene estrechas conexiones con los más altos cargos del Estado capitalista. Es miembro de varios centros de pensamiento claves sobre política exterior claves y se sienta en la junta directiva de la National Endowment for Democracy, una fundación asociada con la CIA. Está casada con un excanciller polaco y es una feroz belicista. Después de la anexión rusa de Crimea, escribió una columna en el Washington Post solicitando una “guerra total” contra una Rusia con armas nucleares. Applebaum en sí personifica la conexión entre el militarismo y la represión política.

Las implicaciones de los argumentos de Applebaum fueron expresados en un artículo extraordinario en la primera plana del New York Times del martes, titulado “Con EUA enfrentando perturbaciones, China se siente reivindicada”. El Times toma un punto de vista favorable hacia las agresivas prácticas de censura en línea de China y supone que EUA se está acercando precisamente a un régimen como este.

“Por años, Estados Unidos y otros vieron… la estricta censura [de China] como una seña de vulnerabilidad política y una barrera para el desarrollo económico de China”, escribe el periódico. “Sin embargo, a medida que Occidente discute potenciales restricciones del Internet y se preocupa por las noticias falsas, los ciberataques y el intervencionismo extranjero, algunos en China ven una reafirmación poderosa de la visión del país sobre el Internet”.

El artículo luego asevera que “pocos dirían que el control del Internet de China sirve como un modelo para las sociedades democráticas… Al mismo tiempo, China anticipó muchas de las interrogantes ahora desconcertando a Gobiernos como Estados Unidos, Alemania e Indonesia”.

Lo que no se llega a ver ni en el artículo del Times, el comentario de Applebaum ni las innumerables demandas de una supresión de las redes sociales es una referencia los derechos democráticos, la libertad de expresión ni la Primera Enmienda de la Constitución de EUA.

Este último documento, el cual dispone que “El Congreso no podrá hacer ninguna ley… limitando la libertad de expresión”, es la Enmienda de más amplio alcance en la Constitución. Contrario a lo que dice Applebaum, no incluye ninguna excepción que deje por fuera de una protección constitucional la expresión anónima. Es un hecho histórico que los líderes de la Revolución Americana y los compositores de la Constitución escribían artículos empleando pseudónimos para evitar ser reprimidos por las autoridades británicas.

La Constitución no le da ni al Gobierno ni a corporaciones poderosas el derecho a proclamar qué es “falso” y qué no, ni qué califica como una “teoría conspirativa” o es contenido “de autoridad”. Esos mismos argumentos para sofocar las redes sociales podrían haber ser utilizados para suprimir libros o la circulación en masa de periódicos cuando se desarrolló la imprenta.

La actual marcha hacia la censura del Internet en Estados Unidos ya está sumamente avanzada. Desde que Google anunció que haría desaparecer los “puntos de vista alternativos” de sus resultados de búsqueda más temprano este año, los principales sitios web de izquierda han visto su tráfico de búsquedas colapsar en más de un 50 por ciento. El World Socialist Web Site perdió un 75 por ciento.

Facebook, Twitter y otras plataformas sociales en línea han impuesto medidas similares. La campaña siendo avanzada sobre presuntas actividades rusas en el Internet va a ser utilizada para legitimar medidas aun de mayor impacto.

Esto está sucediendo mientras que las universidades implementan políticas para darle a la policía la autoridad de prohibir eventos en los campus. Al mismo tiempo, hay un empuje para abolir la “neutralidad de la red” y así otorgarles la habilidad a dichas corporaciones gigantescas para regular el tráfico en el Internet. Las agencias de inteligencia han demandado poder eludir las encriptaciones después de haber sido expuestas por monitorear ilegalmente las comunicaciones por teléfono y la actividad en línea de toda la población.

En un país “democrático” tras otro, los Gobiernos están recurriendo a formas de gobierno de un Estado policial, desde Francia con su estado permanente de emergencia, a Alemania con su clausura de la subsidiaria del sitio web político izquierdista Indymedia y España con su represión violenta del referéndum de Cataluña y arresto de los líderes independentistas.

La destrucción de los derechos democráticos representa una respuesta política de la aristocracia corporativa y financiera al aumento del descontento en la clase obrera que ha surgido a raíz de niveles récord de desigualdad social. Estos pasos están íntimamente relacionados con los preparativos para una escalada de la violencia imperialista alrededor del mundo. La mayor preocupación de la élite gobernante es que se desarrolle un movimiento independiente de la clase trabajadora, y el Estado está intentando prevenirlo.

Andre Damon y Joseph Kishore