Fuentes iraquíes reportan 40 000 muertos por sitio de Mosul

por Bill Van Auken
24 julio 2017

Según informes de inteligencia de Irak, la masacre dirigida por Estados Unidos en Mosul ha cobrado un número de vidas de civiles iraquíes asombrosamente mayor al que había sido informado anteriormente.

Más de 40 000 hombres, mujeres y niños fueron asesinados en los nueve meses de asedio a Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, según un informe publicado el jueves por el veterano corresponsal en Oriente Medio para el periódico británico Independent, Patrick Cockburn.

La fuente de Cockburn es el exministro de Finanzas y Asuntos Exteriores del gobierno iraquí, Hoshyar Zebari, un kurdo iraquí estrechamente ligado al Gobierno Regional del Kurdistán de Irak. La cifra fue suministrada por la inteligencia kurda.

“La cifra dada por el Sr. Zebari para el número de bajas civiles en el asedio de nueve meses es muy superior a los reportados anteriormente, pero el servicio de inteligencia del Gobierno Regional de Kurdistán tiene fama de ser extremadamente preciso y bien informado”, informa Cockburn.

La magnitud de la masacre en sí hace de este sitio uno de los mayores crímenes de guerra desde el final de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que la población de la ciudad era de aproximadamente dos millones en junio del 2014 cuando el Estado Islámico de Iraq y Siria (EI), cuando comenzó el asedio, todavía había por lo menos 1,2 millones de civiles atrapados en Mosul. Esta población fue sometida a una violencia espantosa.

Anteriormente, el grupo de monitoreo británico Airwars había proporcionado un estimado de 5805 civiles muertos en ataques aéreos de la “coalición” encabezada por EE. UU. entre el 19 de febrero y el 19 de junio. Esta cifra excluyó a los muertos de los primeros cuatro meses del sitio y de las últimas tres semanas bombardeos intensivos que redujeron la “Antigua Ciudad” al este de Mosul a escombros.

En su entrevista con Cockburn, Zebari atribuyó una porción significativa de la carnicería al bombardeo incesante de artillería en el oeste de Mosul por parte de la policía federal militarizada de Irak, utilizando armas inexactas y que sólo sirven para demoler vecindarios enteros y no apuntar a combatientes del Estado Islámico de Irak y Siria (EI).

El informe publicado a principios de este mes por Amnistía Internacional, “A cualquier costo: la catástrofe civil en el oeste de Mosul”, también señala el efecto devastador de estos bombardeos, los cuales fueron utilizados para compensar la falta de tropas iraquíes adecuadamente capacitadas para librar un combate en las pobladas calles y callejones de la Antigua Ciudad de Mosul.

“Las fuerzas progubernamentales dependían en gran medida de armas explosivas con efectos de gran alcance como los IRAM (Ametralladoras improvisadas)”, critica Amnistía. “Con sus habilidades de focalización, estas armas causaron estragos en el densamente poblado oeste de Mosul, donde grandes grupos de civiles estaban atrapados en hogares o refugios improvisados. Incluso en ataques que parecen haber alcanzado su objetivo militar, el uso de armas inadecuadas o el no tomar otras precauciones necesarias resultó en la pérdida innecesaria de vidas civiles”.

El informe describe los lanzadores de artillería y cohetes empleados por las fuerzas iraquíes, las cuales operaban estrechamente con los “asesores” de las fuerzas especiales estadounidenses, como “armas indiscriminadas” que “nunca deben ser usadas en la proximidad de civiles”.

Una indicación de la escala de la matanza ha llegado, sin quererlo, del propio gobierno iraquí. Desde que proclamaron la “liberación” de Mosul el 10 de julio, los funcionarios iraquíes emitieron una declaración afirmando que sus fuerzas habían “liquidado a 16 467 terroristas”. Cuando comenzó el asedio, los comandantes estadounidenses calculaban que había entre 3000 y 5000 combatientes de EI en la ciudad. Una explicación obvia para esta discrepancia es que cualquier hombre iraquí muerto en la ciudad, sea combatiente o civil, haya sido designado como un miembro de EI.

A pesar de la fanfarria del gobierno de Bagdad sobre la “liberación” de Mosul y la victoria sobre el EI, todavía se están registrando enfrentamientos dentro de la ciudad, con bandas guerrilleras llevando a cabo ataques letales contra unidades del gobierno iraquí.

Al mismo tiempo, ha habido varios informes que indican que las fuerzas gubernamentales y las milicias aliadas han estado involucradas en salvajes actos de castigo colectivo contra los supervivientes de Mosul, incluyendo ejecuciones sumarias masivas y tortura.

Human Rights Watch informó el miércoles que observadores internacionales descubrieron un “sitio de ejecución en el oeste de Mosul”. Describe que en un edificio vacío encontraron “una fila de 17 cadáveres masculinos, descalzos, pero vestidos de civiles, rodeados de charcos de sangre. El grupo de derechos humanos se refirió a un gran número de incidentes similares, junto con “informes implacables, videos y fotografías de ejecuciones ilegítimas y palizas de soldados iraquíes”.

El primer ministro iraquí, Haidar al-Abadi dejó claro que el gobierno no hará nada para detener estas atrocidades, describiéndolos como “actos individuales y no generalizados”.

Los medios de comunicación corporativos en EE. UU. casi que han ignorado dichos informes de muertes en masa de civiles y de crímenes de guerra cometidos desde la toma de Mosul. El propio gobierno iraquí ha intentado prohibirles el paso a los periodistas de la ciudad para ocultar la magnitud del derramamiento de sangre y continuar con las ejecuciones.

Mientras que han dejado en gran parte de cubrir la catástrofe humanitaria en marcha en Mosul, el New York Times publicó el jueves un editorial hipócrita titulado “Evitar una guerra con Irán”, donde expresa cierto temor ante los actos cada vez más belicosos del gobierno de Trump dirigidos a provocar tal conflicto.

El “periódico referente” sugiere que “es útil recordar los antecedentes a la Guerra de Irak del 2003, posiblemente el mayor error estratégico de EE. UU. en tiempos modernos”. Luego critica al gobierno de Bush por lanzar una guerra para derrocar al régimen de Saddam Hussein, “a pesar de que no tuvo nada que ver con el 11 de septiembre ni tenía armas nucleares”. El Times agrega: “Bush decidió luchar una guerra preventiva sin una justificación ni estrategia robustas. Tal tropiezo hacia una guerra podría suceder de nuevo”.

Lo que es obviado convenientemente por esta cínica nota es el hecho de que el Times, como institución, desempeñó un papel importante en defender y propiciar la Guerra de Irak.

Su corresponsal Judith Miller trabajó estrechamente con los funcionarios estadounidenses para promover y embellecer la falsa información de fuentes de “inteligencia” sobre “armas de destrucción masiva” iraquíes inexistentes. Thomas Friedman, el principal columnista sobre asuntos exteriores del periódico, preparó columnas de opinión que abogaban por lo que abiertamente reconocía ser una “guerra elegida” contra Irak, justificándola en nombre de la democracia, los derechos humanos y el petróleo.

El periódico marcó el tono para el resto de los medios de comunicación en términos propagandísticos, dando paso a una guerra de agresión criminal que cobró la vida de más de un millón de iraquíes y que sigue generando asesinatos en masa en Mosul.

Un editorial del jueves en el Wall Street Journal sobre Mosul titulado “La ciudad es el campo de batalla del futuro” es todavía más espeluznante, escrito por un mayor John Spencer, subdirector del Instituto de Guerra Moderna del Ejército de EE.UU. de la academia en West Point, Nueva York.

“La batalla por Mosul representa el futuro de la guerra”, dice el mayor Spencer, añadiendo que “Los comandantes estadounidenses tienen que imaginar cómo manejarían un ambiente similar”.

Claramente, han hecho más que imaginarse esto —refiriéndose a Irak—, con los comandantes estadounidenses dirigiendo gran parte de la destrucción que ha asolado la ciudad.

Haciendo eco de lo que es ahora la doctrina estándar del Pentágono, el mayor insiste en que las guerras que enfrentarán los militares estadounidenses se librarán en “ciudades densas, a menudo superpobladas y llenas de obstáculos: bloques de apartamentos laberínticos, túneles ocultos y civiles en pánico”.

Su principal preocupación es que actualmente el Pentágono no tiene un entrenamiento sistemático de sus tropas para el combate urbano y que la palabra “sitio” –la estrategia barbárica empleada contra Mosul— no aparece en sus manuales de entrenamiento.

Insiste en que las fuerzas estadounidenses “necesitan estar equipadas para operar en grandes ciudades con nuevos equipos, formaciones y doctrinas”. Finalmente hace una modesta propuesta al respecto: “Grandes ciudades como Detroit y los distritos exteriores de Nueva York tienen grandes áreas abandonadas que podrían ser reconstruidas de forma segura como sitios de entrenamiento urbano”.

En otras palabras, las tropas estadounidenses deben ser entrenadas en el arte del combate urbano y métodos militares de asedio dentro de ciudades estadounidenses. La propuesta sugiere que lo que el mayor realmente está instando es que los comandantes del Pentágono se “imaginen” el uso del ejército para suprimir levantamientos revolucionarios dentro de EE. UU.