“Populismo de izquierda”: un ataque de la seudoizquierda argentina contra el socialismo

por Andrea Lobo
11 febrero 2017

El sitio web de seudoizquierda, La Izquierda Diario — administrado por la “Fracción Trotskista-Cuarta Internacional” (FT-CI), cuya sección principal es el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) en Argentina—está promoviendo el “populismo de izquierda” como respuesta a la llegada al poder de gobiernos ultraderechistas que utilizan demagogia populista, como es el caso del gobierno estadounidense de Donald Trump.

Esta estrategia populista es antisocialista y sólo ampara consecuencias desastrosas para la clase obrera en América Latina y el resto del mundo. La FT-CI aboga por un populismo “más radical” que el practicado por la seudoizquierda europea, principalmente Podemos y Syriza. Las traiciones de estos partidos, imponiendo los dictados de austeridad de la Unión Europea y bloqueando el desarrollo de una alternativa política independiente de la clase obrera, han tenido un papel central en desorientar y desmoralizar a los trabajadores y prepararle el camino a la derecha política en Europa.

El 2 de diciembre, la sección española de la FT-CI publicó un artículo bajo el título “Clase trabajadora, izquierda y populismo de derecha.” Comienza citando favorablemente a Owen Jones, el columnista del diario inglés, The Guardian, quien argumenta que los estudiantes universitarios y la clase media de “izquierda” necesitan su propio populismo, esencialmente para defender sus propios intereses materiales con el apoyo de sectores de la clase obrera. Adoptando el enfoque de Jones y refiriéndose a un Podemos “menos radical que la derecha”, la FT-CI hace el llamado por un populismo “que se proponga medidas radicales.”

Refiriéndose a los que votaron por Trump, Owen escribe en su artículo: “Es cierto, algunos son racistas y misóginos más allá de la redención, pero otros tienen el potencial de ser despegados si el señuelo es suficientemente atractivo.” Del mismo modo, la FT-CI rechaza a “los sectores más privilegiados de la clase trabajadora ocupada”, quienes votaron por Trump y, según ellos, son responsables por los ataques sociales contra las minorías.

La FT-CI afirma: “En primer lugar, es necesario aclarar que la clase obrera norteamericana no está formada solo por hombres blancos heterosexuales entre los 45 y los 60 años—que fueron los que mayoritariamente votaron a Trump, junto a gran parte de sectores medios. La clase obrera de EE.UU. está conformada también por jóvenes precarios, mujeres, latinos, árabes, afroamericanos, gays, lesbianas, etc.”

Esta es una perspectiva desmoralizada y pequeñoburguesa que rechaza el papel objetivamente revolucionario de la clase obrera en la sociedad capitalista, minimizando a los trabajadores a un grupo social divergente, cuya perspectiva es determinada por una colección de identidades raciales, de género y de orientación sexual.

El populismo de la seudoizquierda argentina busca demostrar una “predisposición a alterar” el statu quo y “no a la administración” de éste, en las palabras de dos de los principales teóricos de la FT-CI en Argentina, Emilio Albamonte y Matías Maiello. Para este propósito, emplean la política de identidad y una fraseología radical.

La FT-CI surgió a inicios de los años 90 de una división de la Liga Internacional de Trabajadores (LIT-CI), un grupo formado por el argentino Nahuel Moreno, quien dejó el Comité Internacional en 1963 para unirse al Secretariado Unificado pablista. En los documentos que explican más adelante su partida del morenismo, la FT-CI explica que aún vindican sus políticas de antes de la década de 1980, incluyendo sus adaptaciones nacionalistas y oportunistas al peronismo y el castrismo.

Con el fin de seguir los mismos pasos generales que tomaron Syriza, actualmente en el poder en Grecia, y Podemos, con 71 legisladores electos y varios alcaldes en España, la FT-CI intenta encubrir los intereses de clase de dichos partidos y su abandono de toda semblanza de un programa socialista.

El artículo del 2 de diciembre felicita a los “sectores de Podemos y de Izquierda Unida [donde] se ha comenzado a plantear también la necesidad de reforzar la lucha en las calles y las reivindicaciones de las y los trabajadores”. En otro artículo del 1 de diciembre, Clase contra Clase, la sección española de la FT-CI, indica que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, es una de las principales fuerzas detrás de este supuesto “giro a la izquierda.” En las palabras de Iglesias, las consignas claves para esto han sido “volver a las calles” y hacer que Podemos “se parezca al pueblo.”

En una entrevista publicada el 28 de diciembre, Albamonte manifestó que la respuesta de la FT-CI ante la “polarización que se está dando a izquierda y derecha en la clase dominante”, tras la crisis del 2008, ha sido la de desarrollar “un partido de tribunos del pueblo”, refiriéndose al uso del término por parte de Lenin en ¿Qué hacer?

Según Albamonte, la idea de tribunos que tenía Lenin era “que los trabajadores no tuvieran sólo un pensamiento corporativo o sindical sino que hablaran a otros sectores de explotados y oprimidos, e hicieran lo que Gramsci llama ‘hegemonía’”, la cual define como “hablarle a las mujeres, es hablarle a los jóvenes, es hablarle a los trabajadores que tienen empleo sin convenio, hablarle a los precarios, hablarle a los contratados, y conducirlos en el combate”.

El uso por parte de la FT-CI de una jerga leninista para justificar un movimiento supraclasista, populista, antisocialista es ridículo. Lenin luchó por décadas contra el populismo en obras como ¿Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas? y expuso despiadadamente su papel en bloquear el desarrollo de la conciencia socialista en la clase obrera.

El “partido de tribunos” de Albamonte, como el “partido del 99 por ciento”, pretende subordinar los intereses de la gran masa de trabajadores en América Latina a la disputa por una repartición más favorable de la riqueza del 1 por ciento más rico para los sectores más pudientes de la clase media.

Ambos, la FT-CI y Podemos, citan los escritos del ya fallecido académico postmodernista y “posmarxista” de Argentina, Ernesto Laclau, y su compañera intelectual y personal, Chantal Mouffe. En un obituario escrito en el 2014 para Laclau, Iñigo Errejón, el número dos de Podemos, explica que la “escuela neogramsciana” de Laclau busca resolver la “necesidad insustituible de la política, de articular y generar imaginarios que aúnen y movilicen. Este poder es la hegemonía... un conjunto de grupos fragmentados o reclamaciones desatendidas que se convierten en un ‘nosotros’ político con voluntad de poder…”.

Rechazando la existencia de la clase obrera y las bases socioeconómicas objetivas del socialismo, Laclau contrastó un “nosotros” supraclasista con un “‘ellos’ responsabilizado de los problemas.” En una entrevista en diciembre con la revista Nation, Mouffe señaló: “La tarea de la izquierda es construir a ‘un pueblo’” basado en la “equivalencia” de las demandas de los trabajadores con las “de feministas, derechos civiles y diferentes movimientos”.

El “nosotros” y “ellos” para la FT-CI se reflejan claramente en su perspectiva de clase y récord político. Al igual que Podemos y Syriza, la política de la FT-CI manifiesta los intereses de la capa más pudiente de la clase media, cuya riqueza ha crecido de forma cada vez más ligada a las fortunas de las élites financieras y corporativas.

En Argentina, el porcentaje de hogares con ingresos de más de 50 dólares por día (paridad de poder adquisitivo) aumentó más que en cualquier otro país de América Latina: de 6,1 por ciento a 28,3 por ciento entre el 2000 y el 2012, según un estudio del 2014 por el Banco Interamericano de Desarrollo. Hoy en día, el 20 por ciento con los ingresos más altos en Argentina recibe aproximadamente la mitad del total de los ingresos personales.

Después de la recesión de 1998-2002 en Argentina, hubo un rápido crecimiento económico del 6,5 por ciento como promedio anual—principalmente debido a un “boom” en las materias primas—que le permitió a la clase gobernante redistribuir parte de sus ingresos. Sin embargo, la mitad de con los ingresos más bajos todavía gana menos que el “salario mínimo, vital y móvil” de alrededor de $500 por mes. A raíz de la crisis del 2008, el 20 por ciento con los ingresos más altos se volvió aun más rico.

Frente a una recesión en Argentina y el estancamiento de la economía mundial, estas fuerzas sociales temen que este aumento en sus privilegios económicos sea socavado por el creciente malestar social contra las políticas derechistas del presidente Mauricio Macri.

Sus consignas demagógicas como “que la crisis la paguen los ricos”, su enfoque en lograr la elección de más diputados para la coalición que encabezan (el FIT) en el Congreso argentino, sus llamados a las burocracias sindicales derechistas y movimientos pequeñoburgueses como Ni Una Menos para que conduzcan las luchas contra la Administración de Macri, todo esto refleja su política procapitalista y orientación de clase.

Errejón describió el programa de Podemos como la “latinoamericanización de la política en la Europa meridional... no para copiar sino para traducir”; en otras palabras, pretenden llevar a cabo traiciones paralelas a las de Perón y Allende, cuyo populismo—y el de otros movimientos nacionalistas como el castrismo, el sandinismo y las tendencias pablistas que se adaptaron a estas fuerzas—desarmó a los trabajadores en América Latina. El resultado fue la subordinación absoluta de los trabajadores, campesinos y jóvenes a los intereses de los bancos y las corporaciones estadounidenses y europeas, bajo las represivas dictaduras militares apoyadas por EE.UU. de las décadas de 1970 y 1980, las cuales asesinaron, torturaron y desaparecieron a cientos de miles en toda la región.

Para enfrentar la represión y los ataques sociales cada vez más violentos y generalizados, en una época en la que están emergiendo gobiernos ultraderechistas en Estados Unidos y Europa, los trabajadores en Argentina y en el resto de América Latina necesitan luchar sobre la base de un programa revolucionario por el socialismo internacional, creando secciones del Comité Internacional y oponiéndose a los esfuerzos de las fuerzas de seudoizquierda como el PTS y la FT-CI que buscan emplear un populismo burgués para bloquear la independencia política de la clase obrera.